Un Celta sin timón naufraga en Málaga

Los celestes, con muchos cambios en el once, no encontraron el camino para sobreponerse a los dos goles de los blanquiazules, fruto de dos cantadas de Rubén, que terminó expulsado

03.01.2016 | 00:50
Planas y Sergi Gómez pugnan con Amrabat. // Efe

Al Celta le sentaron mal las doce uvas y arranca en este 2016 la era post-Augusto con muchas dudas y una derrota frente al Málaga (2-0). Los vigueses pagaron muy caros sus errores en la defensa de las jugadas a balón parado. Rubén Blanco, que siguiendo la lógica de las rotaciones anticipada por Berizzo jugó como titular, se comió sendos cabezazos de Charles y Albentosa en la primera mitad. Los celestes buscaron reaccionar gracias al talento de Orellana y Aspas, pero no fue suficiente. El equipo, desarbolado completamente por el experimento fallido que supuso el once que sacó el 'Toto', echó mucho de menos una figura en la medular que nutriese de buenos balones a la terna atacante. La expulsión de Rubén a falta de treinta minutos terminó por anular todas las esperanzas de remontada.

Día uno después de Augusto y el conjunto de Berizzo sale escaldado de La Rosaleda. El técnico argentino no dio con la tecla en su primer ensayo, en el que quiso ir un paso más lejos de buscar un simple recambio al excapitán del Celta, ahora en el Atlético de Madrid. El 'Toto', además de situar a Sergi Gómez como pivote defensivo, alteró la posición de varios jugadores que ya habían encontrado acomodo en sus roles y desquició al equipo. Hugo Mallo, que venía cumpliendo un papel notable jugando como central junto a Cabral, regresó al lateral diestro y Jonny se colocó como zaguero. Bongonda, que ha ido de menos a más desde la ausencia de Nolito, se quedó en el banquillo. Jugó Señé, que no encontró su espacio dentro del terreno de juego por culpa de la anarquía de Orellana, que tuvo total libertad de movimiento. Rubén regresó a la portería atendiendo a la política de rotaciones con la que parece que quiere trabajar el técnico celeste y una inédita medular formada por Sergi Gómez, Wass y el 'Tucu'; no supo ser la referencia que el Celta necesitaba.

La noche se torció a los siete minutos. Saque de esquina a favor del Málaga que despeja Aspas en el primer palo. En la segunda jugada los boquerones ponen un centro al corazón del área donde Charles remata un globo que supera por encima a un Rubén Blanco que se quedó a media salida. El delantero hispano-brasileño, que se marchó en el mercado de verano del Celta, no se privó de celebrar el gol a su exequipo.

Verse por debajo en el marcador minó la confianza de los vigueses, que habían arrancado el choque con la pretensión de dominar el juego y terminaron por sucumbir a la presión adelantada malagueña. Ningún centrocampista celeste fue capaz de girarse con criterio y poner buenos balones a los delanteros, que sin embargo no dejaron de llevar peligro sobre la portería de Kameni cada vez que cazaban algún balón largo. El equipo no acompañó a Orellana -muy enchufado- y a Aspas, que se quedaron aislados.

Veinte minutos después del gol de Charles llegó el segundo de los locales en otro saque de esquina. Albentosa no necesitó saltar para cabecear a la red un balón desde dentro del área pequeña. Ni Pablo Hernández ni Rubén Blanco, que decidió no salir por alto a por esa pelota, hicieron nada por evitarlo.

Los celestes tenían el partido completamente fuera de su control. Pero antes del descanso, en uno de los pocos balones que le llegó a Orellana, el chileno puso un centro con el exterior al segundo palo que Aspas, sin dejarla caer simulando una deja de voleibol, dejó a Wass, que estrelló su disparo contra el larguero.

En la segunda mitad el panorama no mejoró. El Celta siguió desestructurado. Aspas y Orellana siguieron a lo suyo mientras que el equipo, que adelantó filas para tratar de encerrar al Málaga, tiró por tierra todas sus aspiraciones dejando que los blanquiazules matasen el partido a la contra. A los de Javi Gracia ni siquiera les hizo falta marcar el tercer gol. A falta de media hora Rubén Blanco derribó dentro del área a Amrabat, que se preparaba para controlar solo. Vicandi Garrido expulsó al de Mos y señaló el punto fatídico. Sergio, sin apenas calentar, paró la pena máxima, pero el choque se acabó ahí. Los locales pudieron ampliar su ventaja pero no pecaron de falta de puntería. Este Celta sin Augusto se vuelve a Vigo tras plantear numerosas incógnitas que se antojan muy difíciles de resolver la próxima jornada frente al Atlético de Madrid.

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