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Haciendo historia en viñetas

La historieta es un medio que ha mirado a la historia desde los tiempos del Príncipe Valiente. Un género narrativo que no pierde fuelle e incluso ofrece trabajos sobresalientes

Imagen de portada de "Valois", de Thierry Gloris y Jaime Calderón.  // Yermo Ediciones

Imagen de portada de "Valois", de Thierry Gloris y Jaime Calderón. // Yermo Ediciones

Sí, la historia es un género óptimo para ciertos lucimientos propios del cómic. Combina la oportunidad de detenernos como lectores, saboreando escenas, viñetas, diálogos, dibujos. Un lector que lea un cómic de ambientación histórica podrá jugar a encontrar los detalles de ambientación, las calles históricas de la ciudad donde transcurre ese relato, las armaduras, las viviendas de época, los monumentos de un modo muy distinto a acercarse a dichos temas a través de una novela o de una película. Quizá por eso el género suele abundar en trabajos de corte realista, con un dibujo poco experimental y gustoso por el detallismo.

Este tipo de obra, propia de una cierta escuela franco belga que triunfó en los últimos setenta, tiene un gran número de adeptos que siguen las publicaciones de editores como Yermo o Ponent Mon, casas con querencia por el género histórico del que publican numerosas referencias. Otras más nuevas como Cascaborra Ediciones están impulsando también nuevas colecciones. Concretamente una de historia de España. No se trata de hacer una enciclopedia estudiantil en viñetas recargada de textos didácticos, sino más bien de recrear momentos tan interesantes como "1921: El Rif" de Javier Yuste y Antonio Gil. Obras de acabado clásico, bisoñas a veces, voluntariosas también (por ejemplo, el tono de western crepuscular pega, sin duda, al episodio rifeño). Siguen la sombra, obviamente, de proyectos como la serie de Las Grandes Batallas Navales (de Trafalgar a Jutlandia pasando por Lepanto o Hampton Roads). Una propuesta venida de Francia y publicada en España por Norma (editorial decana en publicar cómic histórico en España) que con ese preciosismo digno de las revistas de los primeros ochenta buscan esas recreaciones bélicas. En ambos casos no se descuidan prólogos o epílogos que añaden contexto histórico, lo cual redunda en la idea de un producto útil, incluso para la asignatura de Historia en Educación Secundaria Obligatoria.

Podemos destacar en este magma de cómic de acabado clásico la figura del barcelonés Jaime Calderón, cuyo trabajo se circunscribe al mercado francés y que en nuestro país es puntualmente editado por Yermo. Su dibujo moldea un estilo refinado, puntilloso pero no recargado, en obras como "Valois" o "Los caminos del Señor" e "Isabel, la loba de Francia" (Yermo). Calderón es paradigma de este cómic histórico francés, paradójicamente realizado desde nuestro país (inciso, los profesionales del cómic españoles son una de las más ricas canteras del cómic internacional, que "escapan", si acaso, para conseguir vivir de su talento).

Un cómic histórico que tiene en Françoise Bourgeon a un padre natural aún en activo. Su último trabajo es "La sangre de las cerezas 1. Calle de L'Abreuvoir" (Astiberri), ubicado en el París en que acaba de fracasar la comuna. El detallismo enfermizo del autor de "Isa" es en sí mismo un valor, apoyado en un trabajo de documentación ineludible para alcanzar semejante grado de exactitud en la plasmación de la realidad histórica. Un proceso de documentación abrumador, que aplica a narrativas densas.

Otras vías para la historia

Además, aunque el modelo de recreación minuciosa es el dominante en este género (género que en Francia hasta dispone de salones especializados, temáticos) no es menos cierto que se pueden rastrear propuestas más atrevidas o que, cuanto menos, buscan superar esa suerte de hagiografía miniada de hechos, sucesos y costumbres —con matices, pues como vimos los géneros se mezclan en ocasiones, o en una trama histórica se pueden injertar elementos totalmente ficticios.

Lo histórico puede servir de colchón para otros objetivos, lo que en ocasiones puede ofrecer obras tan interesantes como "El Buscón en las Indias" (Norma) del guionista francés Alain Ayroles y el dibujante granadino Juanjo Guarnido. En este cómic los autores han "osado" dar continuidad a las andanzas del personaje de Quevedo, con sus aventuras en tierras de Indias. Por un lado el apartado gráfico es de enjundia, Guarnido es uno de los dibujantes más dotados de la actualidad, con un equilibrio perfecto entre el realismo y la caricatura. Por otro lado, el juego es sutil: las andanzas de este Buscón son narradas en flashbacks y nos meten en la mente del pícaro, haciendo un espejo con el original, fechado en 1626. Y por supuesto, retrata perfectamente esa América hispánica fascinante, violenta y desordenada.

El camino a la utilización del género por lo estrictamente autoral puede quedar trazado en ese Buscón en pos del oro de Indias, querencia autoral que se acentúa en el colosal trabajo de Alfonso Zapico "La balada del norte", editado por Astiberri en varios volúmenes. Supone su aproximación personal, diríamos que emotiva, a la revolución asturiana de 1934.

Es interesantísimo ver cómo los autores de las generaciones de la novela gráfica (y la post novela gráfica) se aproximan a lo histórico desnudos de prejuicios o ataduras. Alpha Decai inaugura su línea Alpha Cómic con uno de los trabajos más interesantes de lo que llevamos de 2020: "Devastación", de Julia Gfrörer, que no es otra cosa que un cómic de género histórico... radicalmente alejado de los lugares comunes del género histórico.

En esta breve historieta su autora retrata un ruro medieval arrasado por la peste (la Peste Negra, u otra de tantas que hubo en los "años oscuros"). Lo interesante es que Gfrörer desarrolla un trabajo más afín al sello que publica sus trabajos, la prestigiosa Fantagraphics, que al modelo documentalista galo. El dibujo es expresionista, guarda más relación con la obra de un Schiele que con Harold Foster, y su mirada al pasado sirve para reflejar angustias presentes. Lo hace acercándose más a Igmar Bergman (citar aquí "El séptimo sello" es casi una obviedad) que a "Las Torres de Bois Maury" de Hermann. Y al hacerlo logra una lectura que aturde.

Gracias a obras tan vibrantes como "Devastación", en fin, la historia está muy viva, en el cómic.

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