La monarca con capa negra flanqueada por Robles y Sánchez.

La monarca con capa negra flanqueada por Robles y Sánchez.

En la Pascua Militar de 2020.

En la Pascua Militar de 2020.

En los siglos XVI y XVII vestirse de negro se conocía en las cortes europeas como ir “a la española”, un lujo por lo caro que resultaba tintar las prendas en ese tono, desde entonces paradigma de elegancia. La reina de España recuperó ayer esa estética sobria y solemne basada en el “negro filipino” para celebrar la Pascua Militar en el Palacio de Oriente, al que entró arrebujada en una capa de Carolina Herrera, con falda larga gris profundo, melena suelta raya al medio y discreto maquillaje.

Las estampas de oscura sobriedad quedaron matizadas por el crema de la blusa estrenada por doña Letizia, una prenda “oversize”, con botones grandes, (algo que habría horrorizado a Balenciaga que aborrecía los botones decorativos), y alegradas por el vestido rojo bermellón de la ministra de Defensa, Margarita Robles, con chaqueta en hueso, también de largo, siguiendo la etiqueta de un acto catalogado en el protocolo como “cita formal”.

La pareja Real llegó a las doce en punto al gélido Patio de la Armería del Palacio Real para presidir la ceremonia castrense reducida a un tercio respecto a lo habitual, que fue seguida por parte de los asistentes de forma telemática desde el Salón de Columnas. La capa de cachemira y cuello de piel es una de las prendas favoritas de la reina, que la ha llevado en varias ocasiones, la última en público durante la apertura de la XIV legislatura en febrero de 2020.

El Rey, con uniforme de gala de almirante de la Armada, pasó revista y más tarde acompañado por una representación de autoridades militares y civiles, entre ellos el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, vestido con chaqué, entró en el palacio.

Ya en el Salón del Trono, Letizia dejó a la luz la blusa blanca de aspecto sedoso, cuello caja cerrado y tapeta asimétrica, llamada “Blusa Fontana”, de la firma madrileña Maksu. Una de las escasas novedades estilísticas en estos meses que bien puede ser influencia de sus hijas. La princesa Leonor llevó un vestido corto con estampado paisley de esa misma marca para asistir, junto a los Reyes y la infanta Sofía a la reunión del patronato de la Fundación Princesa de Girona el pasado mes de diciembre.

Agotado el blusón

El blusón ya estaba agotado ayer en la web de la firma con tienda en el número 50 de la madrileña calle Lagasca. Los salones grises de tiras de Magrit y un bolso-joya de mano, creación de Felipe Varela completaban la vestimenta real, nada que ver con el espectacular vestido “azul Francia”, corte wrap y abertura lateral del año pasado, cuando nadie se imaginaba que semanas más tarde habría que llevar mascarilla.

La de Letizia ayer era blanca, sin ninguna concesión a la frivolidad, como el resto de su atuendo. Las únicas joyas de la consorte del jefe del Estado fueron los pendientes de brillantes con forma de estrella colgante y el anillo de Karen Hallam que le regalaron sus hijas, del que no se separa. La ceremonia castrense instaurada por Carlos III en 1782 marca el inicio de la agenda real del año, que a tenor de lo visto no presagia gran alegría estilística.