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Caso Abierto - Faro de Vigo

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Investigación

Un frutero de 63 años que atracó siete bancos y se fugó de la cárcel se escondía en Murcia

Usaba una pistola como la de Harry el Sucio y obtuvo en sus golpes un botín de 350.000 euros: hace un año se esfumó tras su primer permiso en Campos del Río y este fin de semana ha sido capturado de nuevo

El frutero Pedro, captado en una imagen de una cámara de seguridad de un banco. / R.D.C.

Era detenido hace un lustro, acusado de atracar siete bancos en Murcia y la vecina provincia de Alicante. El individuo, de nombre Pedro, frutero de profesión y de entonces 58 años, utilizaba en sus golpes el mismo revólver que Clint Eastwood en ‘Harry el Sucio’ y pasó cuatro años burlando a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, ya que, tras cada asalto, se rasuraba el pelo, se colocaba unas gafas de cristales muy gruesos y seguían regentando su negocio en un pueblo de Alicante, sin levantar sospecha alguna. 

El atracador ingresó en el penal de Campos del Río, por sus robos, y hace alrededor de un año, en su primer permiso penitenciario, se esfumó, y este fin de semana era localizado y capturado de nuevo por la Guardia Civil: se escondía en una vivienda de Cieza, indican fuentes cercanas al caso.

El sospechoso, que ahora tiene 63 años, ya ha sido devuelto a la cárcel. Junto a él, fueron arrestadas dos personas más: las que le estarían dando cobijo en el municipio de la comarca de la Vega Alta del Segura.  

Aunque nunca pegó un tiro ni hirió a nadie, en tres ocasiones maniató a los trabajadores con bridas de plástico

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Pedro se caracterizaba por emplear en sus golpes una Smith&Wesson 357 Magnun, arma que destaca por su largo cañón y su gran capacidad. En los ‘palos’ obtuvo un botín de más de 350.000 euros No obstante, jamás llegó a disparar: él se limitaba a sacar la pistola, con eso le bastaba. Aunque nunca pegó un tiro ni hirió a nadie, en tres ocasiones maniató a los empleados del banco con bridas de plástico.

Un agente muestra el arma que empleaba el frutero atracador en sus golpes en Alicante y Murcia. / MORELL /EFE

Cuando fue detenido (junto a su pareja, acusado de encubrirlo), en mayo de 2017 en Hondón de los Frailes, el individuo llevaba encima nada menos 40.000 euros que había robado tan solo 48 horas antes en la población oriolana de La Murada. Los demás palos los dio en las localidades murcianas de El Raal y El Siscar (en Santomera) y las alicantinas de Granja de Rocamora, Raiguero de Bonanza, Monforte del Cid y Sax.

El sospechoso regentaba una frutería en Hondón de los Frailes, el pueblo donde fue detenido, y durante cuatro años logró ocultar su rastro, pese a que atracaba las sucursales a cara descubierta. Se da la circunstancia de que su padre también fue ladrón y frutero. El sujeto tuvo en jaque a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad: entre golpe y golpe, utilizaba unas gafas graduadas con cristales muy gruesos, con las cuales cambiaba su apariencia por completo. Para perpetrar los asaltos, se quitaba las lentes y con solo eso «parecía una persona completamente distinta», explicaron entonces desde la Guardia Civil. 

Además, en los atracos iba impecablemente vestido, afeitado, peinado y sin las gruesas gafas y, en su día a día, contaron sus vecinos, presentaba un aspecto desaliñado, con ropa de campo y la enorme montura. Esa transformación le sirvió para no ser capturado durante años, hasta que un jueves de mayo de 2017 unos agentes de paisano entraron en su frutería del pueblo y se lo llevaron esposado. 

Su modus operandi

Este individuo, para perpetrar sus golpes, lo que hacía es que estudiaba durante días las particulares del pueblo en el que se ubicaba el banco escogido. Tenía en cuenta todo: por dónde salir, con qué medidas de seguridad contaba la oficina en cuestión, cuánto tardaba en llegar la Policía al sitio, incluso los horarios de reparto de los camiones blindados.

Además, tenía por costumbre elegir sucursales bancarias emplazadas en pueblos pequeños, como El Raal o El Siscar, pero que estaban situadas en un lugar estratégico, con varios caminos para escapar. 


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