08 de abril de 2019
08.04.2019

El violador de Bueu dejó restos de ADN aunque lavó a las víctimas con vino y agua

Entraba en sus casas encapuchado, las maniataba y amordazaba

08.04.2019 | 02:35
El detenido por violación. // S. Álvarez

José Luis García Martínez, el vecino de Marín de 41 años detenido en noviembre de 2017 por tres brutales agresiones sexuales en Bueu y Cangas, será procesado sólo por dos de ellas: la de una de sus excuñadas en 2016 -en el caso de la otra, cometida en una cafetería de Cangas, el juez de Marín considera que no hay indicios suficientes- y la de una septuagenaria en A Portela en marzo de 2017. Una decisión confirmada por la Audiencia de Pontevedra que hace unas semanas desestimó el recurso de apelación de la defensa que consideraba que no había indicios suficientes contra su cliente en ninguno de los delitos de agresión sexual en concurso medial con allanamiento de morada que se le atribuyen.

El auto de la Audiencia ve indicios muy relevantes. Así, el agresor sexual -pese a que limpió a una de las víctimas con vino y a la otra con agua para evitar dejar rastros- dejó su perfil genético en casa de la anciana de A Portela. Concretamente en las sábana bajera de la cama del dormitorio de la víctima, así como en otras muestras intervenidas por la Guardia Civil, como un paño con encaje de color blanco. Un ADN que, según las pruebas realizadas, es coincidente con el del procesado.

También se resalta que en ambos casos coincide el modo de actuar: "En días diferentes y en horas de la madrugada, habría accedido mediante fuerza a las viviendas de sus víctimas, que conocía de antemano por diferentes razones". Y es que la primera de las víctimas, de 42 años, era excuñada del procesado pues había sido pareja de su hermano mayor, mientras que en la vivienda de la anciana realizó obras de albañilería.

En ambos casos, según se desprende del auto de procesamiento dictado por el Juzgado de Instancia 2 de Marín, accedía al domicilio de sus víctimas con el rostro cubierto para evitar ser identificado, utilizaba cinta americana o una cinta transparente para taparles la boca y unas cuerdas blancas para atarlas de pies y manos. Una vez indefensas las mujeres eran violadas con gran brutalidad. El auto apunta que "para eliminar cualquier resto biológico les habría limpiado sus partes íntimas, en un caso con un trozo de sábana impregnado en vino, y en el otro con agua fría".

En el caso de la otra víctima, la Audiencia apunta que los indicios derivan "de las similares características con el hecho precedente". Así, expone que ambas agresiones se perpetran en el lugar de A Portela en Bueu, hallándose los dos domicilios a menos de un kilómetro, siendo las víctimas las únicas moradoras y conocidas entre si.

El auto incide en que "el modus operandi también ha sido similar: acceso a las viviendas de madrugada mediante forzamiento de puertas o ventanas; utilización de bolso o mochila, además de pasamontañas y guantes para no ser identificado; uso de cuerdas para atar a las víctimas y de cinta para taparles la boca mientras comete el hecho delictivo, liberándolas de las ataduras una vez concluido y prácticamente ausencia de verbalización alguna evitar ser reconocido por la voz; además de ocultación o destrucción en ambos casos, del teléfono móvil para evitar que pudieran pedir auxilio inmediato".

En casa del sospechoso, indica la Audiencia, se localizaron cuerdas con "estructura, característica y composición" de las cuerdas con las que fueron maniatadas las dos víctimas, que podría tener un origen común. También la mochila, una pistola simulada y un cuchillo.

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