31 de enero de 2018
31.01.2018
La juez cierra la instrucción judicial

El hostelero acusado de abusos a menores en Vigo llevó a varias víctimas a un prostíbulo

La magistrada ve también indicios de exhibicionismo y provocación sexual -La declaración de los 21 afectados y el volcado de teléfonos, claves en la causa -Les instaba a masturbarse con él

31.01.2018 | 02:12
Carlos Vieitez, "Papuchi", llega a los juzgados detenido el pasado mes de abril. // FDV

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Un embaucador a golpe de talonario

Siempre vestía como un pincel y si tenía una pasión eran los coches de lujo en los que paseaba a los menores

 

La instrucción de la causa abierta contra el hostelero vigués Carlos Vieitez, de 42 años y conocido como "Papuchi", ha concluido tras ocho meses de investigación. La titular del Juzgado de Instrucción 6 de Vigo, que decretó la libertad bajo fianza del hostelero si bien no ha trascendido si ha salido ya de prisión, notificó ayer un auto que transforma las diligencias previas en procedimiento abreviado. La causa está ahora en manos del Ministerio Fiscal y de las acusaciones particulares que deberán solicitar en el plazo de diez días la apertura de juicio oral presentando escrito de acusación o su sobreseimiento. La juez ve indicios de criminalidad para llevar a juicio a "Papuchi" por presuntos delitos de abusos sexuales, exhibicionismo y provocación sexual de 21 menores de entre 13 y 18 años de edad.

La declaración de las víctimas y el volcado de teléfonos y ordenadores resultaron claves al comprobarse los mensajes de WhatssApp y Snap Chat. Así, la magistrada considera acreditado que el hostelero entraba en contacto con los chicos en el restaurante que regentaba en Montero Ríos, se ganaba su confianza y les enviaba fotos y vídeos de contenido sexual creando un ambiente de cercanía abordando el tema sexual entre bromas.

En su local les daba trato especial y les servía alcohol, reuniéndose con ellos en el reservado del restaurante, donde les grababa, y también organizando quedadas sexuales en su casa a través de dos grupos de WhatsApp que creó, uno tenía por nombre "lo más porno". Les hacía regalos, les paseaba en dos coches de lujo, uno de ellos un Maserati; viajaban y se bañaban desnudos por la ría en su yate "Ipanema" e incluso a varios los invitó a ir a un prostíbulo donde compartieron juntos lecho con una prostituta.

El auto judicial recoge que en febrero de 2016 llevó a dos adolescentes de 16 años - con quienes se tomó antes unas copas- a un prostíbulo de El Castro, pero a uno de los chicos no le dejaron entrar y esperó en el coche. El otro joven y Carlos estuvieron con la misma prostituta que masturbó el menor delante del hostelero. La otra visita a un prostíbulo que recoge el auto, indica que el investigado y dos menores compartieron cama y prostituta en una sesión conjunta de sexo oral. El hostelero estaba entre los dos menores y tocó el pene de uno de ellos que le retiró la mano.

El "modus operandi" era casi siempre igual. Tras ganarse la simpatía de los adolescentes les mandaba fotos íntimas, les animaba a masturbarse y que le enviaran fotos a él, cosa que la mayoría se negaron a realizar. Ya en su casa, les invitaba en grupos pequeños, les ponía vídeos porno y les instaba a masturbares todos juntos, entonces intentaba -algunas veces con éxito- tocar el pene de los menores, si bien paraba cuando estos se lo reprochaban.

La investigación apunta que en el reservado de su restaurante, "Papuchi" tenía cámaras de seguridad que controlaba a través de un aplicación instalada en su móvil. Allí grabó a algunos de los chicos mientras se masturbaban.

Si bien generalmente dejaba de intentar tocarles en cuanto se lo pedían, en al menos una ocasión uno de los menores pidió auxilio a otro en casa del hostelero porque éste le tiró encima de una cama y se echó sobre él, vestido, aunque fingiendo relaciones sexuales. Ambos chicos lograron tirarlo al suelo. A un menor que se negó a que le tocara le llamó "pichacorta", a otro le amenazó con contarle cosas íntimas a su padre... y prometía una copa al que se masturbara más rápido.

El auto judicial recoge un juego especial sexual "taxi" en el que Carlos "golpeaba levemente la entrepierna de los menores". También el hostelero utilizaba la expresión "Vlady" o "Vladimir" que significaba "una paja y a dormir".

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