Entrevista | Miguel Lago Cómico, monologuista

“Soy el artista más libre de España y así voy a seguir”

“Las luces de Vigo me encantan. Están al nivel de Tokio y Nueva York. Hay que seguir, hay que poner más”, afirma el humorista

El cómico Miguel Lago, ayer, en Vigo.

El cómico Miguel Lago, ayer, en Vigo. / Marta G. Brea

Llena todos los sábados el Teatro Alcázar de Madrid con su “Lago Comedy Club”, mientras que con sus comentarios en las tertulias de “El hormiguero” e “Y ahora Sonsoles” agitan un día sí y el otro también las redes sociales. El cómico Miguel Lago (Vigo, 1981) no tiene pelos en la lengua y, al igual que fue el primero en hacer un monólogo hablando de la corrupción del PP, ahora se dedica a cantarle las cuarenta al Gobierno de Pedro Sánchez, especialmente en el programa de Pablo Motos.

Este puente de la Constitución ha hecho un paréntesis y ha viajado a Vigo con su familia para ver las luces de Navidad. En primavera volverá, pero por trabajo, ya que el 14 y el 15 de junio (21.00 h.) estará en el Teatro Afundación con su show, al más puro estilo Miguel Lago, cuyas entradas ya están a la venta.

–Parece que la polémica le persigue.

–Yo no la busco. Si quiere venir, que venga.

–Pues cada comentario que hace incendia Twitter...

–Yo no presto atención a las redes sociales. Entonces, me preocupa muy poquito. Twitter es un incendio diario. Hoy por mí, mañana por otro, porque hay un grupo que lo que pretende es que los artistas no podamos ser libres y no podamos opinar. El objetivo que persigue esta gente es machacarte, hacer incendios hasta que llegue un momento en el que digas: ‘No me compensa hablar, no me compensa dar entrevistas, no me compensa decir nada porque me van a dar la tarde’. Luego se ríen de ti cuando afirmas que no hay libertad de expresión y dicen: “¿Cómo que no hay libertad de expresión si lo ha dicho en ‘El hormiguero’?”. Y sí, claro que la hay, pero el precio a pagar es recibir insultos terribles durante 3, 4, 5 días. ¿Solución, por mi parte? Punto uno: no estar en redes. No tengo Twitter, con lo cual, que digan lo que quieran. Y punto dos, con mi edad y con mi bagaje, me da igual lo que digan. Yo soy el artista más libre de España y así voy a seguir.

–-¿Nunca se ha autocensurado? ¿Nunca ha dicho: voy a ser más políticamente correcto?

–No, pero es que no quiero que me pase. A mí me dan caña, sobre todo, por la tertulia de “El hormiguero”. Y ahí reto a cualquiera a que cite un mensaje mío o una frase mía que falte a la tolerancia, a la libertad o a la igualdad. Ésos son el eje de mis declaraciones y no entiendo cómo eso puede ser criticable. También hace tiempo que aprendí que no se le puede gustar a todo el mundo. Tengo un público que está conmigo desde hace más de 20 años, que me sigue, que me acompaña, que me defiende, que llena los teatros. Mientras yo tenga mi público, ¿por qué le voy a prestar atención a aquel a quien mi trabajo o mi persona no le gusta? Ése es otro de los grandes errores: prestar atención a quien no te quiere. Yo les presto atención a quienes me quieren, que son la inmensa mayoría.

–¿Dónde traza los límites del humor?

–El límite lo pongo en que haga gracia o no. Mientras la haga, ‘pa’lante’. Si no, fuera. Y del mismo modo, si estás actuando en un teatro de 1.500 personas y el material le gusta a 1.496 personas y hay cuatro a quienes no les ha hecho gracia, pues son cosas que pasan, pero el material funciona.

–¿Nos seguimos riendo de las mismas cosas?

–Nos seguimos riendo de todo. Lo que ocurre es que los intolerantes hacen ruido. Todas las películas y todas las novelas ya están hechas y escritas. Los temas son los mismos: pasiones, amor, codicia, dinero. Todos los grandes temas están ya escritos. La diferencia está en el enfoque, en el punto de vista y en la calidad con la que un autor afronta esos temas. En el humor pasa lo mismo. Los temas son los que son. Lo que diferencia a un humorista de otro es el punto de vista que tiene, el enfoque que le da y la gracia con la que lo cuenta. Todo tipo de humor tiene público. Siempre va a haber alguien que se va a reír de algo que a ti no te gusta. No pasa nada. La libertad en el humor, la libertad artística, la libertad de expresión es que tú tengas que aceptar que no estás de acuerdo con la opinión de un señor o que una obra de arte no te gusta, pero no querer ni cancelarla ni censurarla ni nada que se le parezca. Eso es la libertad. Aceptar al otro, al diferente.

–¿Tenemos más o menos sentido del humor que antes?

–El público inmenso, sí. Lo que pasa es que llegamos a esta reflexión de si estaremos más picajosos últimamente porque le prestamos mucha atención al estercolero de las redes sociales. Somos 52 millones de españoles. ¿Cuántas cuentas de Twitter hay? Si te hacen trending topic con 4.000 tweets, de los cuales la mitad son parte de conversaciones, es decir, que tweets reales son 2.000. Pero es que aunque me dedicasen 50.000 tweets 50.000 usuarios distintos ¿qué representa eso en un país de 52 millones de personas? Yo en un mes vendo más entradas que tweets. No tiene valor estadístico real. Imagínate que mañana Elon Musk cierra por fin Twitter. ¿Qué va a pasar? ¿Ya no va a haber opinión? Pues sí. Y el mundo va a seguir girando y probablemente sea mejor. Insisto, yo no le presto atención a Twitter y animo a la gente a que tampoco se lo haga.

–¿Qué prefiere, el plató o el escenario?

–Eso es lo de papá y mamá. La televisión es un divertimento maravilloso,muy, muy, muy apasionante, que me permite llegar a mucha más gente, pero yo soy artista de directo y artista de teatro. Así nací hace más de 20 años y así moriré.

–¿Cuándo descubre que quiere ser cómico?

–El primer día que vi el “Club de la comedia”, en el 99, dije: “Esto es increíble. Yo quiero hacer esto”. Me apunté al “Club de la comedia” y me cogieron. Y hasta hoy. No he hecho otra cosa desde los 18 años y tengo 42. Ni siquiera he alternado trabajos, esto de ser un monologuista por la noche y por el día despachar en una tienda de informática.

–En sus espectáculos es el responsable del guion. ¿En la tele también o tiene guionistas detrás?

–No, no, no. De hecho, escribir tus bromas forma parte de la quintaesencia de ser cómico. Y en el teatro no sólo escribo mis bromas, también dirijo mis espectáculos, selecciono los temas, soy el responsable de luces, escenografía y música. Controlo hasta el precio de las entradas. Todo. Cuando vas a ver a Miguel Largo vas a ver una producción completa. Y en tele igual. En la tele igual. En “Todo es mentira”, evidentemente, había un guion que luego yo hacía mío. Pero en las tertulias de “El Hormiguero” y en “Y ahora Sonsoles” no tengo guion.

–¿Cuánto tiene del humor gallego el que hace Miguel Lago?

–Todo. Lo mío es humor gallego cien por cien: la ironía, la famosa retranca, el acento, los temas, el punto de vista... Es que es mi idiosincrasia y mi personalidad. Yo soy vigués y ejerzo, además, de gallego y de vigués por donde voy.

–Hablando de Vigo. ¿Qué le han parecido las luces?

–Me encantan. Están al nivel de Tokio y Nueva York. Pero hay que seguir. Hay que poner más. .

–No creo que a los vecinos del centro les guste oír hablar de poner más luces...

–Es que querer ser una ciudad importante tiene estas cosas. Yo actúo en el Teatro Alcázar de Madrid cada sábado y vivo en la montaña. Para llegar allí a las nueve y media tengo que salir de mi casa a las ocho y media. Ahora en diciembre sé que tengo que salir a las siete y media. Es lo que hay y se asume. Pero soy empático con los vecinos y entiendo que digan que es una pesadilla, pero luego pienso en la restauración, en los hoteles, en la alegría de la gente, en la ilusión de los niños. Yo he pasado estos días por el centro y el ambiente es maravilloso. Me da gusto ver a la gente tan feliz. Ojalá Concello y vecinos encuentren un punto de entendimiento para que la ciudadanía del centro también esté a gusto.

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