La OMS analiza si el edulcorante ‘universal’ aspartamo tiene potencial cancerígeno

Es uno de los endulzantes artificiales más comunes del mundo, presente en refrescos light o chuches | El organismo podría declararlo “posible carcinógeno” en julio

Fotografía  de Faro.

Fotografía de Faro. / FdV

La agencia Reuters afirmó ayer que el aspartamo, quizás el edulcorante más consumido del mundo, será catalogado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como “posible carcinógeno” el 14 de julio. La entidad internacional, que marca las pautas a seguir, establece los límites y es el referente en materia sanitaria, estaría en estos momentos en mitad de dos investigaciones acerca del potencial cancerígeno del aspartamo. Se trata de una revisión coordinada por la Agencia Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés) dependiente de la OMS, que declaró en 1981 que el edulcorante sintético era apto para su uso en industria alimentaria y, por tanto, para el consumo humano.

La otra investigación (aún pendiente de finalizar), es la del Comité Mixto FAO/OMS de Expertos en Aditivos Alimentarios (JECFA), un comité científico internacional dedicado a la evaluación de los riesgos para la salud asociados con las sustancias químicas, cuyo estudio se encuentra en la fase final, con unas conclusiones que verán la luz previsiblemente el mismo 14 de julio, según ha avanzado la agencia Reuters. Lo poco que se sabe hasta el momento apunta a que los resultados no son favorables.

De confirmarse en las próximas semanas las impresiones de los científicos con los que la agencia de comunicación ha estado en contacto, significaría que el aspartamo entraría oficialmente en el ‘Grupo 2B (color amarillo)’ de la clasificación de carcinógenos de la IARC. Es decir, sería catalogada como una sustancia “posiblemente carcinógeno para los humanos, con evidencia científica limitada en humanos y evidencia insuficiente en animales”. En este rango (el tercero de una pirámide de cinco niveles) el edulcorante en cuestión estaría al mismo nivel de sospecha que “el café, la gasolina y emisiones de motor de gasolina, gases de soldadura o verduras encurtidas”, que reza el índice oficial.

No es la primera vez que el aspartamo está en el punto de mira. Uno de los últimos estudios realizados en la Unión Europea (UE) por un organismo oficial es el de 2013, entonces se valoró también su potencial nocivo para la salud. En aquel momento, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (Efsa) concluyó que no presentaba riesgos de cara al desarrollo de cáncer por su consumo. “El dictamen concluye que el aspartamo y sus productos de degradación son seguros para la población general (incluidos los lactantes, los niños y las mujeres embarazadas)”, aseguró.

La misma entidad sostiene de momento que es seguro. “El aspartamo y sus productos de degradación han sido objeto de una investigación exhaustiva durante más de 30 años, incluidos los estudios con animales de experimentación, la investigación clínica, los estudios sobre su ingesta y epidemiológicos, así como la vigilancia posterior a la comercialización. Se ha comprobado que es seguro y está autorizado para el consumo humano desde hace muchos años y en muchos países después de evaluaciones exhaustivas de la seguridad”, afirma la Efsa.

En esta misma línea se ha manifestado a través de su cuenta de Twitter el doctor en Ciencia y Tecnología de Alimentos, Miguel A. Lurueña. Quien aclara que “la lista IARC no clasifica las sustancias por su peligrosidad, sino por el nivel de evidencia sobre su relación con el cáncer”. Y señala que el tabaco y el beicon están en el grupo 1 (el más alto, de color rojo), “pero fumar es infinitamente peor que comer beicon”, sentencia. El divulgador científico, apunta también hacia lo que comemos. “Veremos a ver qué dicen los informes de ambos organismos cuando se publiquen. Pero mientras tanto, lo de siempre: lo peor de los aditivos no son los aditivos, sino los alimentos en los que se encuentran”, sentencia.

¿Qué es y dónde está?

Según la entidad europea sanitaria Efsa, “el aspartamo es un edulcorante intenso, de bajo contenido en calorías. Es un polvo blanco e inodoro, aproximadamente 200 veces más dulce que azúcar. En Europa está autorizado para su uso como aditivo alimentario en productos alimenticios como bebidas, postres, dulces, lácteos, chicles, productos para reducir la energía y controlar el peso y como edulcorante de mesa”. En cuanto a los límites en su consumo, “se considera que la ingesta diaria admisible (IDA) de 40 mg/kg de peso corporal/día protege a la población en general y la exposición de los consumidores al aspartamo se estima muy por debajo de esta IDA”, dicta, de momento, la UE. Ahora, queda por ver el resultado de los estudios de la OMS donde se establecerá la ingesta aceptable y una evaluación específica a la exposición alimentaria, que se publicará en julio.

Gran impacto en industria y hábitos de consumo

En la UE los productos alimenticios que contienen aspartamo deben declarar su presencia, indicando su nombre o su número E (E 951) en la etiqueta donde figuran los ingredientes o composición. Sin embargo, el hecho de que sea un edulcorante intenso, de bajo contenido en calorías lo ha convertido en una verdadera estrella dentro de industria alimentaria. Especialmente en aquellas empresas donde se han desarrollado líneas de negocio relacionas con los productos bajos en calorías, 0,0 o light. Son cientos los productos en los que tiene presencia en el día a día como: muchos cereales del desayuno, tortas sin azúcar, caramelos, pastillas de menta para el aliento, galletas, mermeladas, jaleas o kétchup sin azúcar. Así como en los refrescos o las barritas energéticas; entre otros muchos alimentos. Así, de confirmarse su catalogación como “posible carcinógeno” obligaría a cientos de empresas a replantear la composición de sus productos. A esto se sumaría que lo que antes era visto por el consumidor como inocuo (las chuches de los niños) o ‘sano’ (el yogur sin azúcar), ahora serían percibidos como potencialmente ‘peligrosos’.

En España, el sector de las bebidas refrescantes aporta cerca de 5.000 millones a la economía española y representa el 21% del sector agroalimentario. Durante la asamblea anual de la Asociación de Bebidas Refrescantes (Anfabra), celebrada a finales de 2022, la industria preveía un crecimiento de más de un 5% con la activación de las actividades de ocio y el sector hotelero tras la pandemia. Ahora, a mediados de 2023 llega este adelanto que, de confirmarse, supondría previsiblemente grandes cambios tanto en los procesos de elaboración de miles de productos, como en los propios hábitos de consumo.