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Faro de Vigo

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¿Retrasos en desarrollo psicomotor y habla en niños?

La pandemia obligó al sedentarismo y las mascarillas dificultan la lectura del rostro | En algunos procesos, según expertos, puede percibirse una ralentización si bien es "fácilmente recuperable"

Una madre coloca la mascarilla a su hijo.

Mucho tiempo en casa, muchas horas, y en parte de las familias en espacios reducidos: pisos pequeños sin margen para el movimiento deseado y necesario. Y mascarillas que durante mucho tiempo se tragaron los rostros: imposible la lectura de labios e imposible también, para los más pequeños, que empiezan a interpretar las caras, hacerse una idea de las emociones expresadas, con la barrera de la protección presente la mayoría del tiempo.

Más sedentarios

La pandemia ha obligado a un mayor sedentarismo, inimaginable en la era pre-COVID. Más tiempo en el sofá, con las pantallas, menos actividad física, nada de jugar fuera, en la calle, ni paseos al aire libre... ¿Puede tener todo esto consecuencias en la evolución ‘normal’ de los pequeños? ¿En los plazos para empezar a andar, correr, saltar, andar en bici? ¿Se puede percibir cierto retraso en estos procesos: en el desarrollo psicomotor o incluso en el habla o en el aprendizaje de la lectura, por ejemplo?

Un 40% más de consultas

Pediatras y psicólogos preguntados por este tema aseguran que las consultas de padres preocupados por estos procesos, por los efectos de la pandemia en sus hijos/as, se han multiplicado. Especialistas explican que detectan un aumento de problemas psicomotores: “alteraciones en tono muscular, el equilibrio o el habla”. Se refieren, mayoritariamente, a niños de entre 2 y 8 años. Algunos profesionales indican que están atendiendo un 40% más de consultas por estos temas.

Habilidades psicomotrices

Menor tono muscular, falta de fuerza en miembros superiores o caídas por falta de equilibrio, describe Saúl López, doctor en Psicología Evolutiva y del Aprendizaje (experto en Psicomotricidad). “Los padres vienen preocupados porque a sus hijos, a partir de los tres años, les cuesta saltar, e incluso observamos cómo cada vez los niños tardan más en aprender a andar en bici”, comenta López, que indica que esto suele preocupar hasta los 6 años. A partir de los 6 también hay consultas sobre dificultades para mantener la postura o estar quietos, problemas en el desarrollo psicomotor que probablemente tengan su origen antes de la pandemia, por un mayor uso de pantallas, y que en la etapa COVID, lógicamente, se agrava.

Niños sentados en pupitres Freepik

Estudios longitudinales

Para Iria Calleja, psicóloga especializada en trastornos del desarrollo y doctora en Educación, es “muy probable” que haya retrasos en estos procesos. Prefiere ser prudente: indica que no tiene que darse en todos los niños y niñas y asegura “que es pronto” para confirmarlo. Eso sí, en su caso, también las consultas en su gabinete sobre estos temas se han disparado.

“El desarrollo lleva su tiempo. Ya hay algún estudio que habla de todo esto pero, claro, necesitamos estudios longitudinales, que midan a la persona mientras crece, hasta que se desarrolle por completo. Así se podrán analizar habilidades motoras, sociales, emocionales, etc... cómo cristalizaron finalmente en un adolescente o en un adulto”, indica la doctora Calleja.

Desajustados

Se refiere también Calleja a la lectura de los rostros. “En las habilidades emocionales también es importante su ajuste. Los niños al principio están bastante desajustados, chillan mucho, se excitan. Necesitan del adulto para ajustar esas emociones e intensidades. Lo mismo con la capacidad oral, el lenguaje... Con unos meses empiezan a experimentar oralmente, ponen la lengua en diferentes posiciones, si no nos pueden ver a nosotros colocando la boca, la lengua, efectivamente, el componente de imitación se pierde. Por todo ello es probable que haya problemas en los plazos de adquisición del lenguaje en esta generación”, afirma.

"Si no pueden vernos la boca, el componente de imitación se pierde"

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"Se pueden recuperar"

En todo caso, estos problemas no son graves y se pueden recuperar, apunta Saúl López. Enrique Castillejo, desde la Pedagogía y la Psicopedagogía, sostiene también que estos retrasos “son fácilmente recuperables” e indica que es necesario fomentar hábitos saludables tras este periodo de inactividad y escaso movimiento.

Iria Calleja, psicóloga viguesa. J.Lores

“Aconsejo a los padres que los hijos salgan a jugar todo lo que puedan”

Iria Calleja - Psicóloga y doctora en Educación

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El momento de gatear, andar, correr, saltar, aprender a andar en bici... Todo esto preocupa a los padres tras la pandemia. En cuanto a la observación del rostro por parte de los bebés, Iria Calleja, psicóloga, indica que es fundamental para entender las emociones, para el habla pero también para el vínculo, para el apego.

–¿Pueden tardar más en desarrollar habilidades psicomotrices? 

–Se ha pasado más tiempo en casa, una temporada mucho más sedentaria, no jugar tanto... En el desarrollo de todo el tema físico sí puede haber también desajustes. A ver, es verdad, y también hay que decirlo, que a la larga no pasa nada, porque todo se adquiere. Pero sí que los psicólogos evolutivos, los psicomotricistas indican que lo preferible es que primero gateen y que luego caminen. Que no se salten esa fase de gateo. Así aprender mejor a calcular distancias, perspectiva... coordinan mejor. Generalmente serán adultos más hábiles, menos torpes.

–¿Es probable que se haya truncado este proceso?  

–El problema ha sido desenvolverse en casa. Porque, claro, mucha gente estuvo o estuvimos en pisos pequeños. Por todo esto, todo este proceso de gateo, correr... no se pudo desarrollar con normalidad. Probablemente habrá niños que puedan tener problemas.

–¿Qué recomiendan?   

–En el gabinete estamos recomendando lo mismo a todo el mundo. Hay que recuperar ese tiempo. Por ejemplo, los fines de semana permitir a los niños salir más, pasar tiempo fuera, jugando. Ir al parque, a la calle siempre que sea posible. Además, en mi caso, que trabajo con niños que tienen trastornos del neurodesarrollo, niños hiperactivos o con autismo, necesitan muchísimo el movimiento y el espacio libre.

“Ir al parque el fin de semana o siempre que sea posible para recuperar el tiempo perdido”

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–En caso de bebés, que empiezan a ver las caras, ¿qué ocurre?  

–Tenemos que tener en cuenta una cosa: la nuestra es una especie social. El ser humano nace muy inmaduro, por lo tanto, necesita de los otros para desarrollarse. Y esa referencia la empezamos a construir siendo muy chiquitines, con muy pocos meses de vida. Al principio, los niños, tienen poca visión: nacen con el córtex visual muy inmaduro. Lo que sí les interesa desde el inicio, dentro de la poca capacidad que tienen para ver, son las zonas que tienen transición lumínica, que tienen sombras y luces, entre las que se encuentra la cara humana.

–Justo lo que hubo que proteger con las mascarillas, la zona más delicada en la etapa COVID...

–Con pocos meses: ¿qué hacen los niños? Una especie de triangulación, miran a los ojos y a la boca, a los ojos y a la boca... En el contexto de la mascarilla... complicado. Esa triangulación está truncada. A muchas figuras relevantes, como los abuelos y otros seres queridos, o cuidadores, no han podido verlos sin mascarilla durante mucho tiempo, sobre todo cuando la cosa estaba peor. El tema de los abuelos es especialmente relevante, por una cuestión de vínculo.

–¿Cómo solucionar este tema en la medida de lo posible en el ámbito familiar?   

–Elaboramos diferentes apegos, sobre todo con nuestra madre, padre y otras figuras. También el apego está jerarquizado. Y a partir de cómo elaboramos ese vínculo de apego vamos a tener una seguridad (o no) para explorar el mundo después, para sentirnos cómodos, para aceptar desafíos y retos sin presentar ansiedad ante este tipo de cosas... Porque si las figuras de apego están ahí es perfecto._Si por alguna razón ese vínculo de apego no se construye adecuadamente sí que vamos a tener problemas en el futuro. A mí esa parte me preocupa un poco. Por eso yo a los padres les digo que todo el tiempo que se pueda, estando seguros, en casa, normalmente, prescindir de mascarillas. Es necesario reforzar con los niños más pequeños ese vínculo de proximidad en el que ellos puedan estudiarte, hacer esa triangulación, observar el rostro con detenimiento. En definitiva, ver al adulto. En los primeros años de vida aprendemos imitando y si la cara está oculta...

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