Jorge Castillo Casalderrey (Pontevedra, 1933) es quizá el artista gallego vivo con mayor prestigio y relevancia internacional y a sus 88 años su compromiso con la creación artística no cesa, tal y como demuestra la primera exposición retrospectiva realizada hasta el momento que se centra en su faceta como escultor y que se inauguró ayer en el Museo Gaiás de Santiago.

Aunque es más conocido por su vertiente pictórica, con obras en colecciones tan importantes como las del Carnegie Institute, el Guggenheim de Nueva York, la Galería Nacional de Berlín o el Museo de Arte Moderno de San Francisco, su escultura, que está en continuo diálogo con el dibujo y la pintura, tiene una gran relevancia la hora de entender a un artista “multidisciplinar”, que continúa trabajando con la energía y la vitalidad de un joven.

“La pintura y la escultura son artes muy distintas, pero tienen una cosa en común: la línea”, asegura Castillo. Según el artista, toda su obra mantiene una continuidad, en la que está presente la línea y “el hueco, el vacío, los momentos de descanso, donde no hay masa”.

Quizá por eso las figuras que recrea están envueltas por elementos geométricos, en una mezcla entre lo humano y lo geométrico: “Los griegos y los egipcios consideraban que alrededor de una figura humana siempre hay una geometría que se desplaza con él. Lo que yo he hecho ha sido traer eso a la realidad de la obra”, explica.

La muestra, titulada “Jorge Castillo, escultor”, reúne casi 120 piezas del artista pontevedrés, entre ellas once esculturas en gran formato en acero corten –en su mayoría realizadas en los últimos tres años–, y una serie de obras de formato más pequeño entre las que se encuentran esculturas, relieves o figuras de muy diversa índole, entremezcladas con acrílicos, grabados y cuadernos de viaje, que dan cuenta de ese constante diálogo entre artes.

A pesar de la variedad de materiales, con esculturas en bronce, hierro, aluminio, acero o arcilla, el lenguaje y los temas de Castillo son reconocibles en cada una de sus obras, pues según cuenta a Efe la comisaría de la exposición, Pilar Corredoira, "no tiene diferentes etapas" ni tampoco pertenece a ningún estilo o movimiento concreto.

Aunque Corredoira considera a Castillo un artista "extremadamente original", reconoce que "tiene mucha consideración por los artistas del pasado" y en su obra hay un gusto por autores como Medardo Rosso, Rodin o la escultura del clasicismo mediterráneo.

"Todo esto puede estar ahí. Pero es un interés de estudio que él incorpora a su propia búsqueda", añade.

En la muestra están entremezcladas obras de los años 70 y 80 con obras más recientes, algunas realizadas exclusivamente para el Centro Gaiás y para esta retrospectiva, que el artista no quería que fuese "un recorrido lineal", sino más bien un diálogo entre disciplinas en el que además se juega con el espacio.

Según Corredoira, aunque al principio Castillo no estaba muy interesado en mostrar su obra escultórica -una parte la posee él, otra parte coleccionistas privados y otra no sabe dónde está-, la oportunidad de hacerlo en Galicia y en el Centro Gaiás fue lo que despertó su deseo, que tras tres años de trabajo se ha hecho ahora realidad.

"Le hace muchísima ilusión. Se lo tomó como un reto", señala Corredoira, que afirma que aunque se trata de un artista "nómada", que ha vivido casi toda su vida en el extranjero, "considera que su naturaleza y sus genes están en Galicia".

Y es que Castillo nació en Pontevedra en 1933 pero siendo un bebé huyó con su familia a Argentina, donde se crió y pasó su juventud.

En su recorrido artístico y vital -Castillo se niega a verlos por separado- el artista, de formación autodidacta, estuvo en contacto con los intelectuales gallegos en Buenos Aires y con artistas como Laxeiro, Colmeiro y Seoane.

La selección de su obra para la Bienal de São Paulo en 1960 abrió una década en la que consolidó su proyección internacional como artista y en la cual se codeó con personajes como Juana Mordó, Alberto Giacometti, David Hockney o Francis Bacon.

"Giacometti fue quien me animó, vio que mis dibujos eran los dibujos de un escultor", revela el artista.

En 1980 Castillo se trasladó a Nueva York, donde estuvo representado por la Marlborough Gallery de Manhattan, momento en el que el Guggenheim adquirió parte de su obra. Además, ha vivido en Israel y en Suecia y ahora reside en Madrid, donde tiene situado su taller.

La comisaria de la exposición destaca que a pesar de tener 88 años, la energía y vitalidad de Castillo es "la de un hombre de 30", que continúa trabajando y creando obras sin descanso.

"Él es de esa escuela, de esa generación de artistas que tienen fuerza y pasión por el trabajo. En la exposición hay obras que fueron acabadas en julio", añade.

"Castillo, escultor", que ha sido inaugurada este miércoles por el propio artista, acompañado del conselleiro de Cultura, Educación y Universidad, Román Rodríguez, estará abierta al público en el Museo Gaiás hasta el próximo 20 de febrero.