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Consultor Honorario Permanente del Ministerio de Sanidad

José Antonio Navarro Alonso: "Los políticos se 'calientan', pero una cosa es tener la vacuna y otra que la gente se la quiera poner"

"Podemos tener una vacuna que salga de un ensayo clínico que lleve tres meses, pero un efecto adverso se puede percibir a los nueve o diez meses. La seguridad la tendremos a largo plazo"

José Antonio Navarro.

José Antonio Navarro. Carlos Caval

Mientras que los gobiernos de todo el mundo se han lanzado a la carrera por conseguir una vacuna contra el Covid-19, el doctor Antonio Navarro Alonso, socio fundador y de honor de la Asociación Española de Vacunología, recuerda que una solución "segura y en cantidades necesarias" no lleva menos de un año y alerta de la "incertidumbre" en la población.

Por capricho del destino, este vacunólogo se jubilaba el pasado 1 de marzo, dos semanas antes de que los españoles se vieran confinados en sus casas por la pandemia de coronavirus que ha puesto en jaque al mundo entero. "Ha venido así", asume. Solo un mes después, Navarro Alonso era nombrado consultor honorario permanente del Ministerio de Sanidad en el área de vacunas. "No paro de trabajar", reconoce quien, además, colabora con la Agencia Europea del Medicamento y con la Comisión Europea.

- ¿Qué está haciendo para la Unión Europea?

-Estamos seleccionando candidatas a vacunas entre los más de veinte proyectos que se encuentran entre la fase 2 y la fase 3. Tras la selección, vienen las compras a la avanzada.

- ¿Por adelantado?

-Es como el vino, ahora se compra la añada que acaba de vendimiarse, aunque estará en botella cuatro años después. Se compra pensando que será bueno, antes de que esté listo, pero a un precio mucho más barato. Si esperamos a que esté en el mercado, habría que hacer un desembolso mayor. La UE ya lo ha hecho con la vacuna de Oxford en alianza con AstraZeneca con 300 millones de dosis. Por este preacuerdo la Comisión Europea ya ha pagado. Si sale mal, pierde el laboratorio y también la Comisión Europea.

- Y no es la única.

-Se han finalizado conversaciones con otras cinco industrias. La finalidad es no poner todos los huevos en la misma cesta, ya que no se sabe si todos los proyectos llegarán al final. Pero si no es una, será otra. En total se está pensando en poder adquirir 1.200 millones de dosis. En la Unión Europea somos 400 millones y, pensando que vayamos a un esquema de dos dosis por habitante, serían 800 millones. Con que se vacune un 70 por ciento de la población, estaríamos hablando de 560 millones de dosis. El resto irían para países de baja renta, bien gratuitamente o bien a un precio muy bajo.

- Hablamos de países en vías de desarrollo que no podrán comprar la vacuna.

-Claro, y es que ahora mismo en estos países es donde se puede concentrar una mayor carga de esta enfermedad. Ese nacionalismo vacunal de 'yo vacuno a mi país y el resto no me importa' es un absurdo porque la pandemia no entiende de fronteras. Esta es una política muy sensanta que intenta conseguir un arma preventiva muy buena. España se beneficia mucho de estar bajo el paraguas de la Unión Europea, de no ser así, sin fábricas de vacunas humanas, nos tendríamos que haber puesto a la cola, y con el precio que el fabricante quisiera.

- Siempre dudó de que pudiera haber una vacuna en 2020.

-Una cosa es tener un frasquito, cien dosis, que si va todo bien, pudiera ser para una población muy seleccionada... y que, además, quisiera vacunarse. Pero a nosotros nos importa un programa de vacunación masivo, que es otra cosa. Eso necesita millones de dosis: hay que rellenar los frasquitos de vidrio, etiquetarlas, liberar los lotes, distribuirlas, almacenarlas, llevarlas a centros de salud, concienciar a la población, formar a los santiarios porque serán de una tecnología nueva... Necesitamos dotar a nuestro sistema de la infraestructura necesaria. Una vacuna puede estar en noviembre, diciembre o mañana, pero una vacuna segura, eficaz y en cantidades necesarias para toda la población que la necesite, que para todo el mundo son 14.000 millones de dosis (dos por persona), no estará lista en menos de un año.

- Y aún no tenemos esa vacuna, aunque sea en un frasquito.

-Podemos tener una dosis de vacuna que salga de un ensayo clínico que lleve tres meses, pero un efecto adverso se puede percibir a los nueve o diez meses. La seguridad la vamos a tener con el largo plazo.

- Las prisas por la vacuna pueden hacer mella en la confianza en que esta sea segura.

-Los políticos pecan de 'calentón' y quieren contentar a la población diciéndole: 'No os preocupéis, que en enero tendréis una vacuna', pero una cosa es tenerla y otra que se la quieran poner. Según el CIS, el 40 por ciento no quiere. Hay una dicotomía entre el deseo de político y la incertidumbre de la población. Hay que ser cuidadosos porque una vacuna se administra a una persona que está sana, que va andando por su propio pie al centro de salud y quiere salir de allí igual de bien. La gente quiere certidumbre, tranquilidad y tener garantías. La efectividad será mayor o menor, pero tiene que ser segura.

- Además, la vacuna tampoco va a ser la panacea.

-No, es más, la OMS ya ha advertido que hasta 2022 esperan que convivan las vacunas con medidas de distanciamiento social, ya que llevará muchos meses que una parte importante de la población esté vacunada. Por otra parte, parece que los anticuerpos no duran mucho en el cuerpo humano y ha habido reinfecciones... En definitiva, bien por haber padecido la enfermedad o bien por la inmunidad que nos pueda aportar la vacuna, la protección no va a ser para toda la vida. Puede que el virus se estacionalice o que tenga episodios de mayor o menor incidencia. Por ahora, todo son hipótesis.

- ¿Cree que la vacuna debe ser obligatoria?

-Esa es la pregunta del millón. En España la última vacuna obligatoria fue la de la viruela. Es un tema que afecta más a Estados Unidos, donde se cuestionan más a las autoridades sanitarias. Aquí ni nos lo hemos planteado porque tenemos una cobertura de vacunación infantil que está por encima del 95%. Una decisión así se podría volver en nuestra contra. En el caso de la covid, creo que tendríamos que seguir igual. Habría que insistir mucho en la vacunación en las residencias de la tercera edad, tanto de los cuidadores como de los residentes, que es donde se concentra la mortalidad. En ese caso, se podría estudiar la obligatoriedad, pero hay que tener en cuenta que tienen que ver muchos aspectos legales.

- Como consultor para el Ministerio de Sanidad trabaja en una estrategia de selección de grupos prioritarios de vacunación. ¿Cuáles son?

-Esto se hace porque no van a llegar millones de vacunas de golpe, sino que va a ser un proceso escalonado. Se tendrá que decidir en el ministerio, pero es de suponer que primero serán los grupos que puedan padecer una Covid-19 más grave, mayores de 65 años y personas con patologías previas, y los que están en primera línea, sanitarios, fuerzas armadas, comercios, etc. Todo eso irá de la mano del número de dosis que se dispongan en cada momento.

- ¿Cuál es la principal contribución que está haciendo España para llegar a la vacuna?

-Johnson and Johnson ha escogido tres hospitales de España para hacer ensayos clínicos por la gran tradición que tenemos en esta materia. Los Laboratorios Rovi, por su parte, van a realizar en Madrid el rellenado de los viales de la vacuna estadounidense de Moderna y la farmacéutica también estadounidense Novavax fabricará en O Porriño, Pontevedra, la vacuna en la que están trabajando.

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