19 de abril de 2015
19.04.2015
Gallegos en la cima

María Romaní Pérez: "La nutrición maternal puede alterar los circuitos neuronales que regulan la ingesta"

La bióloga viguesa estudia en Burdeos cómo una dieta rica en grasas y azúcares causa en la edad adulta comportamientos compulsivos, sobrepeso y obesidad

19.04.2015 | 04:55
La investigadora viguesa Marina Romaní, en la Place de la Comédie, en la ciudad gala de Burdeos.

Comenzó a manejar probetas y matraces mientras era estudiante y su hermana Aloia, investigadora en un centro de Braga y dos años mayor que ella, la animó a continuar por el camino de la ciencia. "A veces se lo echo en cara", bromea Marina, licenciada en Biología Molecular por Santiago, doctora en Endocrinología y, desde septiembre de 2014, integrante del grupo NutriNeuro adscrito a la universidad gala de Burdeos y al Instituto Nacional de Investigaciones Agronómicas (INRA).

Esta viguesa nacida en Ourense en 1984 realizó su tesis dentro del Laboratorio de Endocrinología del campus olívico, donde probó con éxito en modelos de rata nuevas aplicaciones de la hormona GLP-1 y de sus análogos, que ya se utilizan actualmente para tratar a pacientes con diabetes tipo 2. Sus propiedades permitirían además atajar la inmadurez de los pulmones de niños prematuros e incluso podrían originar tratamientos aplicables durante el embarazo y alternativos a los que ya existen en el mercado y que pueden tener efectos secundarios.

En Burdeos continúa trabajando con la GLP-1 pero ahora en el campo de la nutrición, pues también regula el control de la ingesta. Su grupo NutriNeuro se localiza en el campus de ciencias biológicas y está integrado por medio centenar de biólogos, médicos, psicólogos e incluso ingenieros, que se reparten entre el laboratorio, como es el caso de la experta viguesa, y el hospital.

La misión de este equipo es determinar los mecanismos implicados en el desarrollo de trastornos neurológicos como la depresión o la ansiedad y que están asociados a la composición de nuestra dieta. "Mi proyecto consiste en estudiar cómo la nutrición maternal durante las primeras etapas de la vida, gestación y lactancia, puede influir en el desarrollo de las estructuras cerebrales de las que dependen la ingesta y el control alimentario. Si es rica en grasas y azúcares puede modificar los circuitos neuronales y causar efectos a largo plazo, por ejemplo, comportamientos compulsivos a la hora de comer, sobrepeso y obesidad", explica.

Otra de sus líneas de trabajo con modelos de rata y ratón tiene que ver con el efecto estresante que produce en los niños la separación de los padres: "También puede influir en los circuitos neuronales. En la actualidad se desarrollan muchas investigaciones sobre los eventos que ocurren en estas primeras etapas y que pueden provocar enfermedades en la edad adulta como la ansiedad, la depresión o comer de forma compulsiva. La explicación puede encontrarse a nivel cerebral, de ahí el interés por conocer mejor la fisiopatología de enfermedades metabólicas":

"Realicé un experimento en el que alimentaba a animales con comida rica en grasa y azúcares durante la lactancia. Después su dieta fue normal pero, al cabo de un año, presentaban alteraciones en el sistema de recompensa y motivación", revela.

Sin embargo, una dieta poco recomendable en la madurez, apunta Marina, también tiene consecuencias en los circuitos responsables del comportamiento. "Si comes muchos alimentos de este tipo, cuya disponibilidad por otra parte es hoy tan grande, al final el sistema neuronal que regula la ingesta se acaba alterando. Y para compensarlo, como ocurre con las drogas, comes más y más. Es la pescadilla que se muerde la cola", reconoce.

La bióloga viguesa tiene un contrato postdoctoral hasta 2016 asociado al INRA y, ahora que ya es capaz de manejarse en francés, está "contenta" en una ciudad "muy cómoda y con mucho ambiente".

"Al principio fue duro porque no conocía el idioma y tienes que adaptarte a otra forma de trabajar. Me estresaba y esto es muy malo porque te pones a comer chocolate y luego...", bromea sobre sus hallazgos científicos. Al final, ha encontrado a varios gallegos, entre ellos a 4 vigueses que la hacen sentir "como en casa". Y si no en cuanto a los medios económicos y equipamientos que tenía a su alcance en España, sí se encuentra al mismo nivel formativo que sus compañeros galos: "Aunque tengamos menos recursos, en Vigo se hacen las cosas bien. Todavía tengo pendientes cosas con el Laboratorio de Endocrinología y espero seguir en contacto con ellos, sería muy interesante una colaboración entre los dos equipos".

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