23 de marzo de 2014
23.03.2014
La música celta gallega atraviesa América

La conquista americana de Carlos Núñez

El gaitero vigués relata los mejores momentos de su gira de casi dos meses por Estados Unidos

23.03.2014 | 02:11
Stephanie Cadman, Carlos Núñez, Pancho Álvarez y Xurxo Núñez, antes del concierto de Nueva York el pasado lunes.

Exhausto pero feliz y con una maleta cargada de nuevas experiencias, paisajes, sabores, aplausos y la satisfacción de haber colgado el cartel de "Entradas agotadas" en gran parte de sus conciertos. Carlos Nuñez acaba de regresar de su gira norteamericana en la que ha recorrido una treintena de ciudades durante mes y medio con su nuevo trabajo, "Inter-celtic", en el que conecta la tradición celta de su Galicia natal con las de Irlanda, Escocia y Bretaña.

La nueva aventura americana del gaitero más internacional ha confirmado cómo su público crece en cada viaje. Y es que, desde que a los 23 años Carlos ofreció su primera actuación al otro lado del Atlántico, en el Carnegie Hall de Nueva York, sus visitas al continente americano han sido numerosas. Sin embargo, cada escapada es única y especial.

La gira arrancó en Miami el 5 de febrero con un concierto solidario a beneficio de los niños autistas. "Parece que ha sido el primer concierto celta de la historia de la ciudad. Ya me lo decía el presentador de la CNN: "Es usted un corajudo! Mira que empezar una gira de música celta por la capital de la música latina... Me he recorrido durante años los Estados Unidos con los Chieftains y jamás tocamos en Miami... ¡parecía territorio imposible! Algunos decían: "aquí nunca entrará la música celta...", recuerda Carlos.

Pero lo consiguieron. De hecho, lograron llenar la sala y entregar una recaudación de 6.000 dólares a la asociación. "Nos ayudaron mucho los de la Asociación de Empresarios Gallegos de allí y los de la Casa de Galicia de Nueva York son buenísimos también. Creo que este tipo de asociaciones están volviendo a recobrar el sentido que tenían cuando emigraban nuestros abuelos, pero con las necesidades de hoy", apunta el músico.

En Miami -aunque también en el resto del viaje- Carlos volvió a cerciorarse de lo cierto que es el dicho "Hay gallegos hasta en la luna". "Conocí al director de la Cámara de Comercio de Miami, que vino al concierto, y es de Vigo; el periodista que me hizo una entrevista maravillosa para el Miami Herald es argentino hijo de vigueses, hay coincidencias como esas por todas partes", advierte.

Un coche y... a hacer kilómetros. A veces todo por nieve. Por la noche, concierto, y, por la mañana, de nuevo al coche. Minneapolis, Chicago, Vancouver, Felton, Santa Mónica, Albuquerque, Denver, New London, Nueva York, Boston... "La música puede con todo y la adrenalina que genera un concierto es increíble, pero a veces parece difícil que queden energías. Y a veces te entra la morriña: al entrar en la bahía de San Francisco por uno de sus puentes y ver la isla de Alcatraz parecía la Ría con San Simón", afirma el artista.

Pero Carlos no estaba solo. En esta gira ha compartido risas y cansancio con Pancho Álvarez, con su hermano Xurxo y con una violinista y bailarina canadiense de origen escocés llamada Stephanie Cadman. Además, entre los secretos para sobrevivir a una gira de este calibre, Carlos destaca "la disciplina del deporte". "Yo aprovecho hasta los viajes en coche para hacer pilates. También es muy importante la alimentación. Aquí te das cuenta que la "comida de la casa" es un lujo escaso", sonríe.

En varias ciudades el grupo ha colgado el cartel de "entradas agotadas" y, además, lo ha hecho con un público variadísimo. "Hace unos días hicimos un concierto privado en el Museo de Arte Contemporáneo de Seattle y allí estaban bailando al son de la gaita el padre de Bill Gates, senadores, un Rockefeller, los jefes de Boeing, los de Starbucks... ¡Verlo para creerlo! por cierto que me contaron que aquello se llamó antiguamente "Nueva Galicia", relata el gaitero.

Amigos e invitados sorpresa

Además de los conciertos y los largos viajes, en cada ciudad Núñez y los suyos encontraron tiempo para tener encuentros con estudiantes de colegios y universidades, lo que dio lugar a muchas anécdotas. "En uno de ellos apareció la Gobernadora de Nuevo México. Acabamos comiendo con ella en un restaurante cuyo dueño se apellidaba Gallegos y en los 70 había venido a Galicia buscando sus raíces y se había dado cuenta de que la comida era la misma que le hacían su padre y su abuelo. De ahí le vino la idea de hacer una novedosa mezcla de la cocina gallega y la mexicana; así que pude saborear por primera vez los Tacos y Enchiladas a la Gallega", comenta Carlos.

Además, en cada concierto hubo algún invitado sorpresa. "En Los Angeles vino un gaitero bretón que había tocado con nosotros hace 10 años en el Stade de France en París; en Miami, una alumna mía que ahora vive allí y también apareció por sorpresa una banda de gaitas escocesas. Se pusieron a tocar en la puerta y, claro, les dije: ¡Todos al escenario con nosotros!; Y en Nueva York invitamos a los gaiteros de tres bandas: los de la casa de Galicia de Queens, los del Bagad bretón de New York y los de la Banda de Xixón. Fue una auténtica fiesta inter céltica!", describe Carlos.

Y muchos amigos. "Al de Santa Mónica vino Jackson Browne, que aún se acuerda de la visita que nos hizo a Vigo en la que me decía que era como San Francisco en los años 30. Al de Washington, cómo no, se acercó mi profesor de inglés del Martín Codax, Alberto Avendaño. En California vino un reverendo y gaiteiro de Ourense de 90 años que se recorrió medio estado para traerme sus antiguas partituras y resulta que tocaba en las fiestas de Maceda en las que mi abuela bailó con su música... ¡Qué cosas!", relata el músico.

Y la gira siempre sigue. Ahora, recién llegado a Vigo, Carlos Núñez empieza a preparar el próximo concierto: el del 9 de mayo en el Olimpia de París. "Nuestra gira de Navidad pasará si o sí por Galicia y estamos preparando un concierto muy especial, del que aún no puedo dar más detalles, pero que si lo conseguimos, va a ser histórico. La vida de un músico es ésta, dura pero también privilegiada y aprendes a disfrutar por el camino, con la gente después de los conciertos y a dormir en los viajes o cuando puedes", concluye.

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