11 de febrero de 2014
11.02.2014

Leyendas de la fotografía gallega

El primer diccionario de fotógrafos españoles recoge la biografía y obras de los más importantes pioneros gallegos

14.02.2014 | 11:45

El médico y catedrático de Literatura Pedro Felipe Monlau (1808-1871), corresponsal en París de la Academia de las Ciencias y las Artes de Barcelona, fue el introductor de la fotografía en España y el autor, el 10 de noviembre de 1839, de la primera instantánea de la historia de nuestra fotografía, que hizo con una máquina que él mismo había comprado a Daguerre en París y que aún se conserva. A partir de ese momento la fiebre por el nuevo invento se fue extendiendo al resto de España con una celeridad asombrosa.

El 13 de marzo de 1924 FARO DE VIGO publicó una fotografía para ilustrar la noticia de un crimen cometido en el barrio de San Andrés de Comesaña. El autor de la instantánea era Ksado, un nombre para la historia no sólo de este periódico sino del fotoperiodismo gallego, pues fue en parte gracias a su trabajo que los periódicos de entonces comenzaron a incluir fotografías en sus páginas, dado el alto interés de los lectores por ver imágenes de las noticias de las que daban cuenta los diarios. Antes de trabajar para el FARO DE VIGO Ksado (Luis Casado Fernández, 1888-1972) había sido corresponsal de "El Nuevo Mundo" en Santiago y en Vigo, ciudad en la que se instaló definitivamente en 1922. Sus fotografías se publicaron también en "ABC", "La Vanguardia", "La Esfera" y "Mundo Gráfico", así como en los argentinos "La Nación" y "La Prensa". Ksado es además el autor de algunas de las imágenes más divulgadas de la Galicia de los primeros años del siglo XX, recogidas en sus libros "Estampas compostelanas" y "Estampas de Galicia". Su archivo fotográfico se conserva en el Centro Galego de Fotografía.

En la segunda mitad del siglo XIX el fotógrafo era ya un profesional perfectamente instalado en la sociedad a cuyo estudio acudía todo el mundo para hacerse fotografiar. Cuando la tecnología permitió que la prensa pudiese reproducir fotografías, la figura del fotógrafo cobró una nueva dimensión y el reportero gráfico iba a situarse a la misma altura de los profesionales del periodismo escrito. En el siglo XX la multiplicación de las posibilidades de la fotografía facilitó la aparición de nuevos géneros, entre la denuncia social y la experimentación artística, que han venido a enriquecer el panorama de la fotografía y de la profesión fotográfica y a multiplicar el número de fotoperiodistas, fotógrafos sociales y creadores dedicados a la fotografía. Desde los primeros años, algunos profesionales y artistas han marcado las pautas de un género que ha proporcionado algunas de las imágenes que en ocasiones han conmovido y otras veces han emocionado al mundo. Es muy extensa la nómina de profesionales que se han dedicado a la fotografía y que han aportado testimonios impagables o innovaciones en su momento revolucionarias. Para tener conocimiento puntual de cada uno de ellos, la editorial La Fábrica acaba de publicar el "Diccionario de fotógrafos españoles. Del siglo XIX al XXI". Aquí se encuentran casi todos los nombres que han hecho las grandes aportaciones sobre las que se ha construido el mundo de la fotografía española. De Kaulak a Alberto García-Alix, de Catalá-Roca a Cristina García Rodero, de Ortiz Echagüe a Alberto Schommer... toda la historia de la fotografía española está recogida en las más de 650 páginas que configuran este trabajo monumental, riguroso y bellamente ilustrado. Algunos de esos fotógrafos nacieron o trabajaron en Galicia y muchos de ellos publicaron sus fotografías en nuestros periódicos.

El mencionado Luis Ksado fue el maestro de Ramón Caamaño (1908-2007), quien a los 16 años empezó a hacer fotografías de marineros y labradores gallegos en su Muxía natal. En Cee instaló su primer estudio, en el que empezó una intensa actividad como retratista, que interrumpió la guerra civil cuando fue movilizado. Hizo fotografías de la guerra en el frente de Aragón con una cámara Wes Pocket y reveló las que hacían los aviones de reconocimiento. Después continuó su labor de estudio y recorrió además la geografía gallega fotografiando desde difuntos a celebraciones festivas y retratos que los familiares enviaban a los emigrantes, en una labor muy parecida a la de Virxilio Vieitez.

En 1907, un portugués afincado en Vigo, Jaime de Sousa Guedes Pacheco, se hizo cargo del estudio que el fotógrafo italiano Filippo Prosperi tenía en esta ciudad. Con sus hijos Jaime y Alberto y con sus sobrinos Horacio y César y su nieta Susi, conforman una saga de fotógrafos cuya obra se prolonga a lo largo de todo el siglo XX. El FARO DE VIGO y el "Pueblo Gallego", de esta misma ciudad, publicaron decenas de fotografías de los Pacheco, que también eran corresponsales de "ABC" y "Blanco y Negro". La crónica de la ciudad de Vigo y de sus gentes se puede elaborar a partir de muchas de las 140.000 imágenes que el Archivo Pacheco conserva en la Casa das Artes de la ciudad. Con el tiempo, la obra de los Pacheco se ha convertido en uno de los documentos gráficos más importantes de la historia de la Galicia del siglo XX.

El puerto de Vigo fue el tema central de la obra del fotógrafo Raniero Fernández (1909-1999), que desarrolló su profesión en esta ciudad, donde presidió la Agrupación Fotográfica Gallega y organizó numerosos Salones donde exponían los fotógrafos aficionados durante los años 50 y 60. Su fotografía, academicista y conservadora, tiene un alto nivel de calidad y una inteligente distribución de las formas, con las que conseguía composiciones de gran belleza. Las actividades portuarias como la carga y descarga de pescado, los trabajos en la lonja del puerto y las fotografías de pescadores se recogen en su libro "Vigo, puerta del Atlántico". Otro de los temas a los que dedicó su obra fue la Galicia rural de la posguerra, perpetuando las fiestas y romerías, las ferias de ganado, los hórreos, los molinos y las construcciones rurales, muchas ya desaparecidas.

Entre el pictorialismo y la fotografía social

Maximino Reboredo (1876-1899) se inició como fotógrafo pictorialista (el movimiento que trataba de que la fotografía fuese considerada como una de las bellas artes) como continuidad de una carrera de pintor iniciada durante sus estudios en el Seminario Conciliar de San Lorenzo, en Lugo. A pesar de su corta carrera (murió con 23 años) dejó un importante legado de fotografías de paisajes y retratos en la estela del pictorialismo más clásico, con escenas de desfiles, ferias y procesiones, así como de acontecimientos históricos, como la entrada del obispo Murúa en Lugo en 1894 o el embarque en 1896 del regimiento Luzón para la guerra de Cuba.

Mientras cumplía el servicio militar en Artillería de Costas, el pontevedrés Juan Manuel Castuera (1921-1990) comenzó a interesarse por la fotografía de una manera tan intensa que antes de terminar ya se había convertido en el fotógrafo oficial del Regimiento. Después de licenciarse decidió dedicarse profesionalmente a la fotografía desde una óptica pictorialista, influido por los pintores Xosé Conde Corbal y Rafael Alonso. Sus paisajes gallegos y sus escenas marinas, recogidos en sus series "De mi valle", "De la ría" o "El pescador de reflejos" se inscriben en el género de la fotografía artística, así como sus retratos de niños, una especialidad que le proporcionó un gran prestigio. Publicó algunas de sus fotografías en "La Noche" y "El Correo Gallego" y trabajó para el Ministerio de Información y Turismo, el archivo de No-Do y TVE en Galicia.

Entre el pictorialismo y la fotografía social se inscribe la obra de Francisco Zagala (1842-1908), uno de los pioneros de la fotografía en Pontevedra, donde se instaló en 1880 después de una vida dedicada en Madrid a la militancia política en la izquierda republicana. En Madrid había trabajado para "La Ilustración Española y Americana", la primera revista española en publicar fotografías. En Pontevedra, además de dedicarse al retrato de estudio y a los de paisajes y obras de arte, a los que aplicó una estética pictorialista, fue el fotógrafo oficial de la Sociedad Arqueológica de la ciudad, cuyo Museo Provincial alberga un archivo con sus fotografías etnográficas de la época.

Con una cámara construida por él mismo, José Suárez (1902-1974) comenzó a hacer fotografías a los 14 años en su pueblo natal de Allariz. En Salamanca, donde estudió Derecho, practicó la fotografía como aficionado, haciendo las instantáneas de la ciudad, que reunió en su libro "50 Fotos de Salamanca", prologado por Miguel de Unamuno, de quien hizo también un retrato. La guerra civil provocó su exilio en Argentina y Uruguay, países en los que trabajó como fotógrafo de varias publicaciones. A su regreso a España en 1959 continuó su labor de fotógrafo social interrumpida por la guerra, conservando para la posteridad los oficios gallegos en extinción y los valores etnográficos de las fiestas populares. Algunas de sus fotografías más conocidas pertenecen a la serie "Mariñeiros", interrumpida en 1936. Su estilo se sitúa entre el constructivismo soviético de los años 30, la Nueva Objetividad alemana y la fotografía social de la Farm Security Administration americana.

Fotografiar la emigración

Con Juan Manuel Castuera aprendió Manuel Ferrol (1923-2003) los primeros rudimentos del oficio fotográfico, que luego perfeccionó con estudios en Alemania. En Betanzos, Ferrol y A Coruña instaló sus primeros estudios como retratista, al mismo tiempo que recorría los paisajes de Galicia fotografiando niños, dornas y romerías. Pero su obra más conocida fue un encargo de la Comisión Católica de Emigración para que fotografiase las despedidas de los emigrantes gallegos a Argentina en el trasatlántico 'Juan de Garay' en 1957. La emotividad y la tristeza de la emigración han quedado registradas en estas fotografías de Manuel Ferrol. Una de ellas, un padre y un hijo que despiden entre lágrimas a un familiar, se ha convertido en el icono que representa con más fuerza el dolor y el dramatismo de la emigración.

También fotografió la emigración Alberto Martí (1922), formado en el estudio Foto Blanco de A Coruña. Su obra dedicada a la emigración fue recogida en la exposición "Os adeuses", en 1911, en la que se incluyen también imágenes del drama de los exiliados. Su obra se centra en A Coruña, cuya historia gráfica puede rehacerse con los centenares de miles de negativos que almacena en su archivo.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook