27 de enero de 2014
27.01.2014

Galicia en la Gran Guerra

Las ciudades portuarias acogieron las redes de agentes secretos. Las comunicaciones telegráficas y la vigilancia del litoral fueron sus principales objetivos

02.02.2014 | 09:55
Buques de la escuadra alemana saludan con cañonazos a las baterías situadas en el Monte do Castro, días antes del estallido de la IGM. / ARCHIVO DEL CABLE ALEMÁN CED POR CABANELAS

El 5 de agosto de 1914, el imperio británico inicia su participación activa en la Primera Guerra Mundial con una significativa operación: el corte del cable telegráfico submarino Vigo-Emden a la altura del Canal de la Mancha. Hasta tal punto tuvo importancia esta acción de la armada inglesa que, en el Tratado de Versalles firmado al final del conflicto bélico (Parte VIII, artículo 244, anexo II) figura el nombre de Vigo como ciudad sede de una de las principales delegaciones del Deutsch Atlantische Telegraphengesellschaft.

La condición impuesta a Alemania por parte de los vencedores en la contienda fue la de renunciar "a todos los derechos, títulos o privilegios de cualquier naturaleza en los cables submarinos". El Cable Alemán permanecería desactivado en Vigo hasta 1929, diez años después de terminada la guerra. El que sí continuó funcionando fue el Cable Inglés, y este hecho, en contraposición con el otro, según el historiador Eduardo González Calleja, no debe dejarse pasar desapercibido: "En medio de una guerra en la que las comunicaciones telegráficas tuvieron tanta importancia, que de repente un bando se quedase incapacitado para mantener sus comunicaciones transoceánicas habituales y tuviese que improvisar nuevas instalaciones, hay que considerarlo un lastre gravísimo".

La desactivación del Cable Alemán fue, no obstante, tan solo uno más de los numerosos episodios que hicieron que Galicia tuviese activa participación en aquella Gran Guerra en la que, aunque España se declaró neutral, no pudo evitar que, como señala González Calleja, "la guerra se nos metiese en casa".

Alemanes y austro-húngaros, en un bando, y franceses e ingleses, en el contrario, estaban representados por sus respectivos consulados en las principales plazas portuarias gallegas de la época: Vigo, Ferrol, A Coruña y Vilagarcía de Arousa.

Llamamientos al frente

El consulado alemán en Vigo, relata el investigador José Ramón Cabanelas, "publicaba edictos llamando a alistarse para la Guerra a los súbditos alemanes residentes en este distrito. El límite de edad era para varones de 45 años, lo que hacía que fuesen muy pocos alemanes residentes en nuestra ciudad que no tuvieron que acudir al llamamiento."."En cambio -dice Cabanelas- el consulado inglés no recibió ninguna orden en referencia al llamamiento de reservistas al frente de guerra, pero sí que pudieron contribuir a la causa de su país haciendo, con su trabajo en el telégrafo, lo que podría denominarse guerra bajo las aguas".

Y por si fuera poco, en 1915 los trabajadores del Cable Inglés en Vigo recibieron el refuerzo de un grupo de agentes secretos de la O.I.N. (Organización de Inteligencia Naval). La ciudad olívica compartía así, junto a Bilbao y Madrid, el "honor" de disponer de un representante de Service Intelligence Secret, también denominado MI1c.

"De un día para otro -refiere Calleja- los cónsules y todo el personal de los consulados se convirtieron en agentes secretos. Ellos, sus ciudadanos residentes en estas ciudades, así como españoles que simpatizaban con alguna de las partes en conflicto y que ejercieron de espías, unos espías nada profesionales, pero muy efectivos".

"Nidos de espías" (Alianza Editorial) es precisamente, el título del libro de Eduardo González Calleja y Paul Aubert que acaba de salir al mercado. En él se narran algunos de los acontecimientos que tuvieron como marco de la Gran Guerra a Galicia, y en especial a sus ciudades portuarias: "Estas ciudades gallegas, al igual que otras de España, estaban muy vinculadas al tráfico de la marina mercante. Pero en el caso gallego, por la especial y accidentada orografía de su franja costera, se unían otros factores: las pequeñas bahías y recovecos de las rías eran el refugio ideal tanto para el abastecimiento de los submarinos como para el contrabando, y eso lo supieron aprovechar muy bien especialmente los alemanes", afirma Calleja. Y, hasta tal punto lo hicieron, que el historiador compostelano José Antonio Tojo Ramallo, en un libro publicado por el Ministerio de de Defensa ("Historia de los submarinos alemanes en la las costas de Galicia durante la Primera Guerra Mundial") ha cifrado en no menos de 120 el número de buques aliados o neutrales hundidos por los sumergibles germanos en las aguas jurisdiccionales españolas de Galicia".



El submarino, en aquella época,era todavía un arma experimental: se trataba de pequeñas unidades que necesitaban de un abastecimiento constante, ya fuera de combustible, agua o alimentos, y por lo tanto no podían alejarse excesivamente de la costa, de ahí la importancia de contar con lugares estratégicos para su abastecimiento en el litoral de los países neutrales. No obstante su carácter experimental, los alemanes tuvieron que recurrir a ellos más de lo que hubiesen querido para poder contrarrestar la manifiesta superioridad naval de las armadas aliadas, sobre todo de la inglesa, en aquellos años la todopoderosa reina de los mares. De entre todos los comandantes alemanes de aquellos aparatosos sumergibles destacó sobremanera Lothar Von Arnaud de la Periére, a quien se le atribuye el hundimiento de más de doscientos barcos aliados o neutrales.Destacada relevancia adquirió asimismo el vicecónsul en Vigo Richard Kindley, cerebro de la organización de la red secreta de abastecimiento de submarinos en las costas de Galicia.

Pero, además de en la clandestinidad de las bahías y playas de las rías, tampoco era raro encontrar submarinos alemanes que accedían a los puertos gallegos con la excusa de reparar averías. Tal fue el caso del UC-48 que, comandado por Helmuth Lorenz, ingresó en la rada de Ferrol el 23 de marzo de 1918 tras ser víctima de un ataque británico con cargas de profundidad. Una vez efectuadas las reparaciones, la nave intentó escapar del puerto en dos ocasiones, pero en ambas fue interceptada por las cañoneras aliadas, que la obligaron a volver a Ferrol. Finalizada la guerra,el capitán Lorenz prefirió hundirla, antes que cederla al enemigo.

Mercantes internados

El estallido de la Gran Guerra atrapó a numerosos mercantes en plena ruta comercial, a merced de los buques de guerra de las flotas armadas, y ello propició que los capitanes decidiesen dirigir sus rumbos hacia los puertos neutrales más cercanos. González Calleja define a estos buques como "los internados", en el sentido de que la inmensa mayoría de ellos tuvieron que recalar durante toda la guerra inmovilizados en esos puertos. Así, entre 1914 y 1919, en torno a una veintena de grandes buques comerciales permanecieron internados en los puertos de Galicia, sobre todo en Ferrol y Vigo. A esta ciudad vino precisamente a parar la joya de la flota mercante del Imperio Alemán, el Goeben, de 9.000 toneladas. Desde el momento en que atracó en el puerto vigués, el Goeben funcionó como centro de información y espionaje y, su tripulación, como agentes secretos. Marineros de este barco ayudaron, más de una vez, a los trabajadores del inutilizado Cable Alemán a instalar postes de telegrafía y hasta una nueva estación en el Monte do Castro, expresamente destinada a dar cobertura a su flota en alta mar y, lógicamente, a los submarinos que navegaban en las proximidades de nuestras costas.



También en el puerto vigués resultó retenido, durante toda la guerra junto al citado Goeben y seis mercantes más, el Stephan, que contaba a bordo con una estación radiotelegráfica clandestina. "El Stephan -sostiene José Ramón Cabanelas- envió y recibió a bordo marconigramas, en los que hacía públicos acontecimientos de la guerra como la quema de la ciudad rusa de Libau o el fusilamiento de un francés por intentar propagar el cólera entre los alemanes, noticia recogida por el FARO DE VIGO el 4 de agosto de 1914". Como dato anecdótico, Cabanelas señala que, uno de sus tripulantes, Otto Jacob, se enamoró de la viguesa Leopolda Covelo. Ambos contrajeron matrimonio en esta ciudad,en la que reside hogaño uno de sus nietos, Francisco Barcia Jacob.

En un ambiente evidentemente cargado de tensión, los buques mercantes alemanes llegaron a compartir dársena con los trasatlánticos británicos Drina y Hilary, pero éstos, al contrario que los otros, no tardaron en marcharse, escoltados, el 6 de agosto de1914, por cinco acorazados de la flota aliada.

La entrada de Portugal en la guerra, en marzo de 1916, decantándose por el bando aliado, provocó que cientos de alemanes residentes, o hasta entonces refugiados en el país vecino, huyesen hacia Galicia. Dada la infraestructura con la que se contaba aquí, su objetivo era poder encontrar las vías de salida adecuadas para regresar a su país de origen, pero muy pocos lo consiguieron. Un caso singular de este episodio fue el protagonizado por 20 oficiales alemanes que habían penetrado por Portugal, quienes consiguieron fletar, por 11.000 pesetas, una veleta llamada "Virgen del Socorro", a bordo de la cual zarparon de Vilagarcía en octubre de 1916 con el propósito de alcanzar el mar Báltico. Pero jamás llegaron a su destino. En el Canal de La Mancha fueron interceptados por la flota inglesa y de su suerte posterior nunca se supo nada más.

Concebido y dirigido por el experimentado diplomático Léon Geoffray, que estuvo al frente de la embajada en Madrid desde julio de 1910 hasta octubre de 1917, el servicio de información francés en España tenía en Galicia una estructura muy bien definida: A Coruña era el eje sobre el que giraban, a su vez, cuatro secciones localizadas en Vigo, Vilagarcía, Ferrol y Corcubión. Se trataba de toda una red de agentes y subagentes que, en territorio gallego, estaban comandados por Gastón Dovas. Todo un ejército de espías cuya principal misión era la de desmontar el dispositivo de abastecimiento a los submarinos alemanes.

En Vilagarcía, el hombre de confianza de Dovas respondía al alias de "Maudit" y su trabajo estaba en estrecha colaboración con los cónsules Reinaldo Cameron-Walker (Inglaterra) y Eduardo Caamaño (Francia). Ambos tenían como rival al cónsul alemán, García Reboredo, propietario de una de las flotas de trasatlánticos que trasladaban a los inmigrantes gallegos a Hispanoamérica. En los primeros años de la contienda, García Reboredo ganó la partida a sus rivales en casi todos los campos debido a su introducción en los círculos empresariales pero, a partir de 1917, fue perdiendo influencia debido a que los aliados presionaron al Gobierno español ante la multiplicación de navíos torpedeados por los sumergibles alemanes, exigiéndole que se controlase a todas las tripulaciones de los mercantes internados en los puertos gallegos. En Vigo,las autoridades españolas procedieron a retirar la telegrafía de los barcos alemanes refugiados en el puerto. Alemania estaba empezando a perder la guerra...en Galicia.


"Los aliadófilos querían que España entrase en la guerra"
Eduardo González Calleja / Historiador

Profesor titular de Historia Contemporánea en la Universidad Carlos III de Madrid, Santiago González Calleja es coautor, con Paul Aubert, de" Nidos de espías. España, Francia y la Primera Guerra Mundial 1914-1919" ( Alianza Editorial).


-¿ Qué repercusión tenía en la vida cotidiana de las ciudades portuarias gallegas toda aquella actividad clandestina?
– Salvo en aquellas personas que estaban directamente involucradas en las redes de espionaje, muy escasa. Lo que sí había era una implicación emocional muy intensa. Proliferaban los debates de salón entre partidarios de uno u otro bando y se suscitaban encendidos desencuentros dialécticos.

-¿ Qué tipo de cuestiones se dirimían en aquellos debates?
– Cada cual tiraba para su causa, pero también se debatía la conveniencia o no de que España entrase en la guerra apoyando a uno u otro bando. Ahí las posiciones también estaban enfrentadas: mientras los aliadófilos eran partidarios de que España interviniese activamente en favor de su causa, los germanófilos consideraban más adecuado que el país mantuviese su neutralidad o, por lo menos, aquel tipo de neutralidad.

-¿ Por qué esa diferencia de criterio?
– Porque, en realidad, España, comercial y económicamente, estaba muy vinculada a las potencias aliadas. Los germanófilos eran conscientes de ello y de que, por tanto, habría sido inconcebible que nuestro país hubiese declarado la guerra a Francia e Inglaterra.



- La armada aliada fue duramente castigada por submarinos alemanes abastecidos desde Galicia y eso lo sabían los ingleses. ¿ En algún momento amenazaron éstos con alguna acción bélica?
– No, los aliados nunca se plantearon atacar España por esta razón. Lo que sí hicieron, y con buenos resultados, fue presionar diplomáticamente para que se retirase la telegrafía de los buques alemanes.Y así se hizo, lo que tuvo como consecuencia que los submarinos ya no fuesen abastecidos tan fácilmente desde la costa gallega.



- España era entonces, digamos básicamente, aliadófila...
- Por supuesto, ya lo era antes, pero es que durante la guerra se convirtió en la más importante exportadora de los aliados. Entre 1914 y 1919 entraron en nuestro país grandísimas cantidades de oro y se desarrollaron muchos sectores industriales: el textil catalán, las armas vizcaínas, la industria minera asturiana y, en Galicia, las conserveras, que experimentaron un auge impresionante.

-Y después de la guerra..
- Después de la guerra, perdida ya esa posición pivilegiada en la exportación, sucedió que el tejido industrial español tuvo que someterse a una durísima reconversión que llevó al cierre de cientos de empresas. Pero eso no fue lo más malo, lo peor fue que se radicalizaron las posturas: entre los obreros ganaron posiciones los anarquistas de la CNT y, entre la patronal, los comportamientos más ultramontanos. El resultado fue la proliferación de bandas de pistoleros cuya estructura se había forjado, precisamente,en las redes clandestinas que habían operado en la Gran Guerra.

- Se ha datado la presencia de Mata Hari en Vigo. ¿ Qué vino a a hacer aquí aquella legendaria espía?
– Vigo fue tan solo una escala de su viaje a Holanda. Ni vino a espiar ni a contactar con nadie. Yo comprendo que sobre ella se pueden elucubrar historias de todo tipo, por su componente de erotismo pero, en realidad, Mata Hari representaba todo lo que no debe ser una espía: era una mujer estúpida, incompetente, indiscreta... Fueron los propios alemanes, para los que espiaba, los que suministraron a los franceses toda la información que llevó a su detención y posterior ejecución. Su imagen ha sido incluso dulcificada, pero como espía era una nulidad.


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