27 de octubre de 2011
27.10.2011

Mucho más que una cuna

Los desahucios y la crisis aumentan los casos de menores tutelados que llegan a las casas de familia de asociaciones como Berce

27.10.2011 | 10:01
Personal que trabaja en una de las casas de familia ubicadas en un piso en Coia. // Jorge Santome

Pablo es el nombre ficticio de un niño de 8 años que vive en un piso donde se encargan de la guarda o tutela de menores en Vigo. Antes, se pasaba las tardes en bares. Sus padres, o colocados o pendientes de pillar estupefacientes, se evadían de la realidad, pero también de Pablo. En la misma casa de familia, Laura vive desde hace una semana. La menor es hija de una mujer sola, que no puede hacer frente a los gastos de vivienda y sacar adelante a tres hijos. Está en paro y ha sido desahuciada de su casa. Cada año, muchos pequeños viven bajo el techo y la tutela de la Asociación de Iniciativa Social Berce en Vigo, por la que ya han pasado 670 niños. No son ni Pablo ni Laura, pero podrían serlo. Representan el retrato de muchos que se han educado en sus casas de familia. Y por ellos, Berce prepara una cena solidaria para este viernes.

Paredes amarillas, un coche teledirigido en los estantes de una luminosa habitación, algunos calcetines doblados, orden y ropa al final del pasillo y muchos libros en una sala; juguetes y literas. La apariencia de una de las cuatro casas de familia de "Berce" en Coia es la de un piso normal. El de una familia muy numerosa. Y aunque no lo son, tratan de serlo, explica el director de la Asociación de Iniciativa Social Berce, Miguel Ángel Yagüe. En ello se esfuerzan las veintidós personas que se encargan las 24 horas del día de la educación, el aprendizaje, la conducta y muchas cosas más de estas pequeñas personas a las que se encargan de tutelar, con la máxima de que "mantengan relación sus padres".
La Asociación de Iniciativa Social Berce –una de las 15 instituciones con las que trabaja la Xunta en la provincia de Pontevedra– se fundó en Vigo en 1995 y gestiona cuatro centros de atención a menores, dedicados a niños y niñas hasta 18 años.
En cada uno de los pisos viven hasta ocho menores, que se encuentran en situación de riesgo o desamparo y necesitan protección, junto con otras dos plazas de día. Cada pequeño procede de un núcleo familiar distinto y son de ambos sexos y de diferentes edades. Están allí por un sinfín de motivos, que van desde los trastornos de conducta, a delitos, absentismo escolar o drogas; incluso, a veces, en espera de una adopción.
"Se pretende que sea lo más parecido a una familia posible, por eso no se les separa de sus familiares", explica el director, "se incide en el aspecto educativo, pero la atención es integral". Solo las hendiduras tapadas, pero aún visibles en las puertas internas –que evidencian golpes–, reflejan que allí viven niños a veces conflictivos. Durante los 16 años desde la fundación de esta asociación, han ayudado a 2.686 familiares, es decir, a 3.350 personas, explican con satisfacción.
Y los educadores, psicopedagogos y personal, parecen de un pasta especial. Tras la puerta de entrada, reciben con una sonrisa. "Lo normal es que los pequeños no estén más de un año en las casas de familia.
Yagüe asegura que con la crisis, los casos de menores afectados por situaciones de crisis familiar han aumentado. Y también ha cambiado el perfil de los usuarios. De ser los niños las "víctimas" de una familia desestructurada, en la que a veces vivían maltratos u bajo otros abusos, a la actualidad, en la que muchas veces ellos son el origen de las crisis familiares, razonan. "Entre los adolescentes o pre-adolescentes encontramos algunos niños con síndrome de emperador, con trastornos de conducta... Y antes de pasar a otro centro, intervenimos nosotros", asegura la psicopedagoga Paula Gullón. "También hay familias de clase media", matiza el director.
"Los niños que pasaban por aquí hace 16 años tenían un problema en el entorno familiar provocado por los mayores responsables de esos niños, pero ha habido una evolución en los últimos años, hasta que el perfil del adolescente o pre-adolescente es de un pequeño con un trastorno de conducta, que genera problemas", matiza Yagüe. A veces, intervienen en un último intento como centro de protección, para reeducar a estos menores, habiendo ya hurtos, absentismo escolar o coqueteos con las drogas, antes de que el Juzgado de menores intervenga.
A una pregunta sobre posibles actos delictivos mientras están internados, la psicopedagoga explica: "Tratamos de que estas conductas no sucedan y, si no, dependiendo del grado delictivo, pasan al Juzgado de Menores, donde le ponen una pena o sanción que cumplen aquí o en otro centro con un régimen más cerrado". El servicio de Menores trata de controlar cada caso individualizadamente y los tiempos del niño. El coste al por plaza le cuesta a la administración entre 48 y 50 euros, aproximadamente. Aunque, según el director, Galicia está a la cola de España. En los últimos tres años y debido a la "contención del gasto", los gastos se han optimizado en esta área.
Cena solidaria
Para dar a conocer la actividad que la asociación desarrolla, han programado un acto social que se celebrará en el Hotel–Pazo "Los Escudos" este viernes día 28. Se trata de una cena solidaria, que nace con el objeto de dar a conocer la labor social y educativa que la Asociación Berce. Durante su transcurso, entregarán el primer premio solidario O Berce 2011 al patronato de la Fundación Seur. "Por el trabajo que realizan con nosotros y su ayuda para crear la casa de familia en Ourense", aseguran. Los cincuenta euros que cuesta la inscripción de la cena se dirigirán en exclusiva a sufragar los gastos de la entidad. La inscripción se realiza en la web www.asociacionberce.org.

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