19 de abril de 2009
19.04.2009
Salud

Las embarazadas deben sustituir la sal común por la yodada para prevenir enfermedades

19.04.2009 | 11:15

La mejor recomendación para prevenir que un niño padezca bocio y retrasos graves en el desarrollo físico y mental es que la mujer embarazada ingiera sal yodada en vez de sal común, ha afirmado el jefe de Endocrinología y Nutrición del Hospital Universitario Carlos Haya de Málaga, Federico J. Soriguer.

La carencia de yodo durante el embarazo también aumenta las probabilidades de muerte de la madre, aborto espontáneo y mortalidad fetal tardía, por lo que Soriguer ha destacado a Efe la importancia de que los médicos de atención primaria y los ginecólogos "informen cada vez más de la necesidad de una adecuada nutrición de yodo".

UNICEF ha alertado de que en España entre el 30 y el 50 por ciento de las mujeres embarazadas presenta deficiencias en el consumo de yodo, por lo que más de la mitad de los 500.000 nacimientos previstos por el Instituto Nacional de Estadística para 2009 pueden tener riesgo de padecer trastornos por déficit de yodo (TDY).

Soriguer ha explicado que el yodo es un nutriente necesario para el funcionamiento adecuado de la glándula tiroides que regula el crecimiento y el metabolismo.

Existen tres clases de sal: común, marina y yodada, y ésta última, fácil de encontrar en tiendas y centros comerciales por unos pocos céntimos más que las otras, se consigue gracias a una pequeña manipulación industrial.

Entre los principales alimentos ricos en yodo se encuentra la leche, entera o desnatada. Un reciente estudio demuestra el aumento de la presencia de yodo en la leche, por lo que una persona que tome un litro de leche al día tiene "bastantes satisfechas" sus necesidades de yodo, ha señalado el doctor.

Otros alimentos que aportan yodo son los pescados como el mújol, los arenques y las sardinas, las almejas, los berberechos, el ajo, mariscos como las cigalas, langostinos, gambas y camarones, y frutas como la piña.

Soriguer ha subrayado que en Asturias, desde los años ochenta hasta ahora, ha disminuido el número de niños con bocio de un 30 a un 5 por ciento, gracias a la obligación de utilizar sal yodada en los comedores escolares, precisamente en un lugar donde el 80 por ciento de los niños comen fuera de casa.

Otras campañas para prevenir los TDY se han realizado en Cataluña, Galicia y Andalucía, pero nunca se ha aplicado de forma continuada y a escala generalizada un esfuerzo para su total erradicación en nuestro país, según recoge un informe de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición, y que puede consultarse en la página web del Ministerio de Sanidad y Política Social.

Federico J. Soriguer cree que es necesario "un plan nacional de erradicación de la deficiencia de yodo, algo que ya se planteó al anterior ministro de Sanidad y que posiblemente se repita con la ministra Trinidad Jiménez".

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