Cuando nos proponemos bajar de peso estamos dispuestos a todo. Recurrimos a dietas milagro o nos saltamos comidas con el objetivo de decir adiós a esos kilos de más. Evitar la cena es una de las pautas populares más repetidas pero, ¿es una práctica efectiva?

Lo primero que debemos claro a la hora de adelgazar es que debes ponerte en manos de un experto. Cada persona es un mundo, por eso es recomendable que busques un plan que se ajuste a lo que necesitas y que no te saltes comidas ni pruebes dietas que puedan poner en riesgo tu salud.

Saltarse la cena no tiene ningún sentido. Es el momento final del día en el que podemos dedicar un poco más de tiempo para comer con calma. Prescindir de ella en términos de organización diaria no parece un buen método porque estamos desperdiciando una gran oportunidad para cocinar platos saludables.

Además es una de las ingestas principales junto con la comida. Es una oportunidad muy buena para incluir la ración de verduras, la ración de proteínas, y el aceite de oliva virgen extra que solemos encontrar en una comida principal.

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Saltarse la cena o cambiarla para cenar solo fruta o un yogur nos condiciona porque los otros grupos alimentarios habría que incluirlos en el resto de ingestas y eso es poco probable que suceda.

En el caso de tener que sacrificar una ingesta tiene mucho más sentido centrarnos en aquellas más superfluas como las meriendas o los desayunos que además, suelen tener una peor composición, con productos azucarados, bollería industrial o snacks.