17 de abril de 2009
17.04.2009
MARINA SUBIRATS I MARTORI - Catedrática, ex directora del Instituto de la Mujer 

"Después de 20 años de hablar de la mujer me ví prefiriendo a mis alumnos varones"

"Las mujeres hemos cambiado mucho, ahora necesitamos acelerar el cambio en ellos"

17.04.2009 | 02:00
Marina Subirats durante su conferencia, ayer, en la SGF.

La 26 Semana Galega de Filosofía se despide esta noche con la lección de clausura a cargo de la psicóloga y escritora chilena Marta Harnecker. El congreso contó ayer con la catedrática Marina Subirats, que ha dedicado distintas obras e investigaciones a temas relacionados con el genero, la educación y la estructura social.

–¿Observa nuevas formas de ocultar el dominio masculino?

–Hay muchas formas en este momento ocultas, porque las que eran más explícitas se han ido combatiendo pero hoy tenemos muchas que ni nos damos cuenta y que están en nuestros hábitos. En relación a la escuela hicimos un libro en el que analizamos cómo se habla a los niños y a las niñas: el profesorado al que entrevistamos aseguraba que trataba exactamente igual a unos y a otros, pero luego analizamos lo que habíamos grabado y nos dimos cuenta de que hablaban mucho más a los niños que a las niñas, que les daban más indicaciones, valoraban más su trabajo y les ayudaban más. Todo esto contabilizado en cifras, en datos comprobables. Y era algo que no era consciente sino inconsciente, tantos siglos de androcentrismo han hecho que la figura masculina es la que nos parezca más valiosa.

–¿A usted le ha pasado: alguna vez sintió que prefería a sus alumnos varones?

–Después de estar 20 años hablando de este tema un día me di cuenta de que estaba pensando en seleccionar a algunos de mis alumnos para ayudarme en una investigación y mentalmente estaba repasando a mis alumnos y cuando ninguno me pareció adecuado pensé en las alumnas, me vi prefiriéndolos y eso que llevaba dos décadas estudiando el tema, pero el prejuicio es tan profundo que lo tenemos continuamente. Las mujeres como personas hemos llegado, ocupamos muchos sitios relevantes, pero lo que no se admite todavía es que introduzcamos cambios en las reglas de juego.

–En Pontevedra un 30% de los casos de violencia atendidos en el Centro de Información á Muller se ejerce sobre menores de 35 años...

–Estamos en una sociedad en la que necesitamos acelerar el cambio de los estereotipos masculinos, las mujeres hemos cambiado mucho, hoy tenemos un perfil y un modo de vida adaptado a nuestra sociedad, pero el modelo masculino no ha cambiado tanto, seguimos fabricando guerreros mentalmente, cuando ya no los necesitamos y eso tiene consecuencias absolutamente negativas. Justo ahora que nuestra sociedad es menos violenta en el sentido de que no pensamos que nos va a matar un bandido o que los piratas se nos van a llevar la cosecha, resulta que mantenemos la violencia como fiesta, como símbolo y diversión, la tenemos en las películas, los videojuegos, internet, en todas partes, y entonces si no somos capaces de reducirla lo que ven los niños es que la violencia es normal y que si quieren aparecer como hombres tienen que ser violentos y para mi ahí está la explicación de por qué los hombres tienen menor esperanza de vida que las mujeres.

–¿Estamos creando adolescentes perpetuos?

–Claro, a mí me da la impresión que esta crisis, que será muy dura y dolorosa para muchas personas, será una ocasión para replantear cosas, porque en las últimas generaciones que estamos viendo los chicos en general no tienen mandatos, las chicas un poco más porque quizás la idea de querer una familia todavía existe, no para todas, pero existe, pero ellos directamente no saben qué se les pide en la vida: ya no ven que su papel sea el de ganar dinero, porque las mujeres también lo ganan, ya no son los sustentadores, sólo tienen que competir pero no está claro para qué. Entonces por ejemplo a través de unos estudios que hace años que llevamos a cabo en Barcelona vamos comprobando como la gente joven tiene idea de derechos, pero no de obligaciones, lo de cuidar a sus padres cuando sean mayores y cosas así ni se les pasa por la cabeza, estamos creando generaciones con muchos más instrumentos de los que tuvimos generaciones anteriores, con muchas más posibilidades pero con indefiniciones muy graves en términos de para qué es la vida, para qué sirve, cómo vivir, qué es lo importante.

–Propuso alternativas, como el trabajo desde Primaria...

–Como concejala de Educación intenté, y fracasé, en que creo que una de las cosas que sería urgente es que les diésemos trabajo en la etapa todavía de estudiantes: a los de la Primaria cargos en las escuela, que unos cuiden las plantas, otros la clase... y a los de Secundaria para que hagan cosas en la ciudad, cuidar un jardín, que vayan con un grupo de gente mayor a convivir y a hacerles compañía, muchísimas cosas posibles. Todo ello para darles una dimensión de realidad, porque si no la realidad que ven es cada vez más virtual, es la de los libros, de internet, de la televisión, pero el vivir, las obligaciones y las tareas que supone, nunca, la madre se ocupa de todo y se ocupará hasta los 30 años. Estamos fabricando jóvenes que ni siquiera van a ser capaces de medirse con la realidad, incapaces de hacerse un huevo frito o de cuidarse si están enfermas, y esto respecto a sí mismos, pero otro tanto con respecto a los demás, habría que encontrar la manera de socializarlos no sólo en términos escolares sino también para el servicio, lo que se ha llamado la educación para el servicio, y no un grupito de buena fe sino como algo integrado en la educación.

–¿Qué opina de la idea de segregar a los alumnos por géneros?

–Me parece una pesadez, es tener que volver a discutir lo que ya fue discutido en el siglo XIX, en el XX, y ahora que lo teníamos claro vuelta a empezar con esto. Hay que decir varias cosas: la primera es muy clara, la escuela mixta (que todavía no es completamente coeducativa y tiene que evolucionar mucho más) ha permitido a las generaciones jóvenes dar un salto adelante impresionante, si comparamos el nivel educativo que tiene hoy la población española con el que podía tener en los años cincuenta, cuando había escuela separada, es que sencillamente no tiene color. Desde hace años realizamos un estudio y si cuento cuánta gente de entre 65 y 75 años tiene una licenciatura y cuánta gente entre 25 y 35 años la tiene resulta que en las niñas se ha multiplicado en más de 900 por cien y en los chicos por más de 400 por cien. Es decir, el salto es impresionante, la escuela mixta es la que ha permitido que las mujeres españolas tengamos un nivel cuando la mayoría de mujeres en este país mediado el siglo XX éramos analfabetas y hoy hasta somos mayoría en la universidad, la coeducación ha sido un éxito total ¿es que aún viendo esos datos, el éxito, vamos a tener que discutirla otra vez?

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