03 de noviembre de 2019
03.11.2019

La avanzadilla de San Martiño

Los pocos viajeros llegaban a la fiesta en Moaña ávidos de un buen cocido y de saborear el vino nuevo

03.11.2019 | 03:50

Con la dichosa amenaza de la ciclogénesis en los talones, los furanchos de San Martiño se ofrecían ayer a esa avanzadilla de la fiesta donde nace Moaña. Aún se podía subir y bajar por la calle de O Cruceiro sin ningún tipo de restricción y no había aglomeraciones. Demasiado pronto para un San Martiño que se festeja el próximo fin de semana. Hay amenaza de frío, por fín. El vino furancheiro y las castañas son dos buenas recetas para afrontar lo que viene. Ayer, los que acudieron, fueron de inspección. Para la semana es cuando se espera la invasión.

Orientado por los arcos de luces que anuncian, que no por el bullicio de la fiesta, el visitante llegaba ayer a San Martiño dispuesto a ir de furanchos, que habían abierto sus puertas al público la noche anterior. Sus propietarios no esperaban mucho de la mañana de ayer. Saben por otros años que este fin de semana es de tanteo y todavía más si el tiempo es desfavorable. Pero siempre hay gente dispuesta a abrir la puerta. En el furancho de Elvira estaban gozando del vino un grupo de vecinos de Bembrive, que tenía partida de llave a las 16.00 horas en el campo que hay en las inmediaciones. Mientras esperaban por el pantagruélico cocido que Elvira, Silvia y Laura calentaban su cuerpo con cuncas de vino que llenas valía 3 euros y mediadas 2. Allí estaban ellos comparando San Blas con San Martiño. ¡Ni que tuviese comparación! .

Sentado en su silla de ruedas, Suso abría las castañas que después irían al fuego. Comenta que los alquileres de las fincas y las casas para los furanchos no habían subido, ni tampoco los precios de los productos que se ponían a la venta, que llevan cuatro años congelados. Aunque a él no le cuesta nada su furancho. Un amigo de su padre se lo presta para estas fechas y es su progenitor quien pone el vino de su cosecha. Llevan así más de 20 años. Nos recuerda que San Martiño es una fiesta muy familiar y que aunque ahora (por ayer a las 15.00 horas) no hubiera gente, la habría de noche. Recuerda que el mejor año fue hace tres, cuando el tiempo acompañaba y la festividad había coincidido en fin de semana. "Vedimos 300 kilogramos de castañas y más de 1.000 litros de vino. Y eso que el nuestro es un furancho pequeño". Allí, donde se encuentra un horno de leña, había varios grupos que iban a empezar a comer. Estaban pendientes del cocido. Para esperar sin ansiedad, un grupo se había traído unos camarones, que apuraron a gran velocidad. El marisco de cortello vendría como segundo plato. Unos eran de Vilariño (O Hío) y otros de Moaña, pero de inmediato se unieron para la juerga y de allí salió el nombre de una nueva peña, "El camarón". Suso nos comenta que el día de hoy es para probar el vino en los distintos furanchos y después ya venir a tiro fijo, cuando el santo ya está engalanado.

El furancho de Carnicería Roberto también se asienta en una casa de piedra. Tiene cocidos encargados y el vino corre por el mostrador, da igual blanco que tinto. El pasado año vendió 1.500 litros de vino y 300 de castañas, aproximadamente.

San Martiño esperaba despertar ya de noche, con la música de la verbena y con la tranquilidad de que el domingo se puede descansar. Hay todo un día para hacer la digestión. Aunque muchos repiten el domingo. Ya hay reservas, incluso.

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