01 de julio de 2012
01.07.2012

Un descendiente de Nelson no quiere ser alcalde de barrio

Ser alcalde de barrio era un cargo muy notorio en la Galicia rural, olvidada e incomunicada de la época

01.07.2012 | 12:39
Edificio de Ravella, actual sede del Ayuntamiento de Vilagarcía // Iñaki Abella

Amadeo Brumbeck Ferrería fue una de las personalidades más importantes de Vilagarcía en la primera mitad del siglo XX. No solamente era un hombre de negocios que había triunfado en la comarca, sino también una persona culta que incluso había sido nombrado Académico honorario de la sección de letras de la Real Asociación Académica de Escritores y Artistas Laureados que dirigía Ramiro Vieira.

Amadeo Brumbeck fue además presidente de la Cámara de Comercio de Vilagarcía, alcalde del municipio, compromisario de la II República para la elección de presidente de la misma, representante en el Consejo Provincial de Pontevedra de Fomento, cofundador del "Villagarcia Foot Ball Club", poeta, periodista. Una publicación de principios del siglo XX le catalogaba como persona "de carácter franco y bondadoso y una recta caballerosidad, puestas siempre al servicio de toda empresa noble y elevada y muy dignas de aprecio y distinción con que se ve favorecido por cuantos le conocen y honran con su afecto".
Para entonces el apellido familiar había cambiado de "Brumbeque" a "Brumbeck.
A ello unía una distinción que genealógicamente le colocaba en una familia de gran fama. ¡Nada menos que era descendiente del gran almirante Nelson¡ De hecho, en una visita de la flota inglesa a Vilagarcía, se le rindieron honores militares como descendiente del gran almirante, desfilando la marinería y oficialidad en un crucero de la escuadra.
Era Amadeo Brumbeck persona volcada a la política local a la cual dedicó tiempo y dinero, y que le costó muy caro con el inicio de la guerra civil.
¿Eran sus ascendientes personas vinculadas a la política local?
Su padre Julio Brumbeque Nelson debió instalarse en Vilagarcia alrededor del año 1856, procedente de la ciudad noruega de Kristiansand e imbuido por lo tanto del profundo amor al trabajo de los evangelistas luteranos del norte de Europa.
Ocurrió que un buen día del año 1872 es nombrado alcalde de barrio en un pleno municipal de Vilagarcía, cargo desaparecido hoy, pero que durante muchos años tuvo especial importancia en la Galicia rural incomunicada y olvidada.
Hasta entonces, la única relación que Julio Brumbeque había tenido con el Ayuntamiento procedía del año 1870 cuando solicitó que se le permitiera cerrar una puerta de su casa para convertirla en ventana, que curiosamente se le denegó, "hasta que por la comisión se le designe las reglas, proporciones y ornato a que debe sujetarse".
Tan decidido estaba a no aceptar cargo alguno que tuviera relación con la política local, que no tuvo inconveniente en exponer circunstancias de su vida que con toda seguridad no serían aceptadas por el alcalde. Por ello, el 2 de marzo de dicho año escribe al ayuntamiento una carta agradeciendo el nombramiento y solicitando a la vez ser relevado del puesto.
Decía entre otras cosas que:
"Por no ser español, no haber obtenido carta de naturaleza y no haber ganado aún vecindad por suponer que no cuenta los cuatro años que prefija la Ley, así como lo que determina el artículo treinta y nueve para aceptar cargos concejalíes, además de padecer una afección al pecho que le requiere todo sosiego y cuidado y no comprender con perfección el español y mucho menos las leyes y disposiciones administrativas, ni puede, ni debe aceptar el cargo de Alcalde de Barrio de los lugares de Vista alegre y Con y calles de Iglesia y Ferreiros, que le fue conferido en sesión extraordinaria de nueve del pasado".
El ayuntamiento repasó los archivos y vio que en el padrón constaba que hacía ya 16 años que se había inscrito como residente del municipio, pero además, había participado en las elecciones municipales, de diputados provinciales e incluso de diputados a las Cortes Nacionales o sea que estaba empadronado desde hacía tiempo con plenos derechos como ciudadano español.
Tampoco en el ayuntamiento se creyeron lo de que no conocía bien el español. Su triunfo en los negocios y la gran cantidad de amigos que tenía lo demostraban. Por ello el ayuntamiento le contestó con los siguientes considerandos:
"Que por la residencia manifestada de los diez y seis años, se le declaró vecino con arreglo a las prescripciones legales, y que con tal supuesto, usó del derecho electoral, que en otro caso no le correspondía.
Que la enfermedad expuesta no la justifica, siendo público y notorio que antes de afectarle padecimientos, se dedica con toda asiduidad a todos los trabajos propios de su profesión de tendero".
Añadía finalmente el ayuntamiento "que lo alegado acerca de no comprender el idioma español, es otro aserto que carece de verdad, puesto que al frente del mostrador de su establecimiento, es la única persona que se halla de continuo al despacho, entendiéndose perfectamente, no solo con los que hablan el castellano, sino con los que usan el dialecto gallego, que son los que más concurren a su referido establecimiento; y que el no conocer las leyes administrativas, no releva a persona alguna el desempeño del cargo".
Finalmente el pleno municipal denegó su petición y le obligó a aceptar el cargo de alcalde barrio, amenazándole además con exigirle responsabilidades, "si al obstinarse en su propósito, apareciese haber hecho uso de derechos que no le pertenecían".
¿Porque el descendiente del almirante Nelson renegaba de un cargo como el de alcalde de barrio que podría traerle ciertos beneficios?
Probablemente deseaba dedicarse íntegramente a su trabajo sin alteraciones de una política local profundamente enconada en aquellos años entre las diversas facciones municipales. De hecho, su total dedicación al negocio le supuso llegar a tener una buena hacienda que su hijo Amadeo ampliaría enormemente. Tuvo además razón en evitar la política local ya que su hijo Amadeo sufrió en sus carnes las tensiones y venganzas que se iniciaron con la guerra civil. Las nuevas autoridades nacionalistas le impusieron una multa de 10.000 pesetas de entonces por su anterior vida política municipal.
La idea principal de Julio Brumbeque de evitar la política local y dedicarse íntegramente al comercio le dio la razón con el paso de los años, y en 1889 es ya la segunda fortuna de Vilagarcía en importancia comercial de acuerdo con los impuestos que tiene que abonar.
En la lista de electores y elegibles de dicho año de acuerdo con la contribución que pagan, aparece en primer lugar Pedro Ferreirós Rey con 1.184,68 pesetas, seguido por Julio Brumbeque, "con residencia en la calle Padre Feijóo nº 1", con 652,19, muy por encima del poderoso Rodrigo Barrio Mendoza, de Vista Alegre, que solo aporta 199,70 pesetas anuales.
En este año, la importancia de Julio Brumbeque a nivel municipal es tanta, que cuando en noviembre de dicho año el alcalde Daniel Albarrán reúne a los concejales y a las 25 personas más importantes de Vilagarcía por su capacidad económica, para solicitar la creación de una aduana, uno de ellos es Julio Brumbeque, junto con personas de prestigio consolidado como Joaquín Morquecho, Jesús Villaverde, José María Abalo y Sousa, Manuel Salgado, etcétera.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook

Neomotor

Toda la información sobre el mundo del motor

Conoce las últimas tendencias y las novedades en coches, motos y la industria automovilística.

 

En estas fiestas, sobran los motivos para beber elaboraciones de vino gallego. En 2018, Galicia firmó la segunda mejor cosecha de su historiay nuestras bodegas despiden el año con un buen balance en todos los sectores