27 de mayo de 2012
27.05.2012

La extraordinaria aventura del señor de Lantaño ( y II)

Paio Gómez de Sotomayor se enamoró de una de las sirvientas que entregó como obsequio el Gran Tamerlán al rey de España

27.05.2012 | 04:56
El castillo de Soutomaior. // Noe Parga

Paio Gómez de Sotomayor, flamante señor de la Casa de Lantaño es el protagonista de la aventura más extraordinaria que personaje alguno gallego había realizado hasta el momento. El rey Carlos III le encomendó viajar al Este de Europa para trabar amistad con el Gran Tamerlán y evitar así que la expansión del imperio musulmán afectase a España en la Edad Media. Y no solo consiguió su propósito sino que además se trajo consigo a dos hermosísimas sirvientas, Angelina y María, con la segunda de las cuales tuvo una relación más que romántica.

Es de nuevo en este punto donde surgen las opiniones más diversas. Vasco de Aponte, dice que Tamerlán envió de regalo a Enrique III, dos sobrinas suyas en señal de afecto, "aunque realmente no eran sobrinas del gran señor de las estepas, sino cristianas prisioneras de los turcos como dicen todos los estudiosos del tema". Los mismo aparece en la "The London Literary Gazzete and Journal of Belles Lettres, Arts and Sciences", añadiendo que se les llamaba "griegas" aunque eran "húngaras", y que habían sido tomadas previamente como esclavas de los turcos tras la derrota del rey Segismundo de Hungria a manos de Bayaceto.
De la misma opinión es Alfonso Alcalá Moreno, aunque este añade un dato curioso: que fue el mismo Paio Gómez de Sotomayor el que pidió al Gran Tamerlán "que se uniesen a la embajada dos bellas esclavas que aquel tenía en su poder", a lo que accedió el mogol, para ponerlas bajo tutela del rey de Castilla. Puede tener cierto sentido esta petición del de Lantaño ya que como veremos más tarde, tuvo un romance con una de ellas, llamada en España María, y que le supuso serias complicaciones para su vida familiar y política.
Pedro López de Ayala en su "Tratado de los linajes de España" dice que el Tamerlán envió entre otros regalos al rey de Castilla, tres doncellas que eran cristianas, "que tenía de gran linaje de Ungria". El cónsul general honorario de Uzbequistán en España, Santiago Ruíz Morales, escribía en el año 2004 que eran tres las "esclavas grecohúngaras que habían formado parte del harén de Bayaceto I". Las notas históricas de Clavijo hablan sin más que de "mujeres", sin informar de su número, y lo mismo anota Luis Rubio. Sea cual sea el linaje de las dos famosas doncellas, lo cierto es que desembarcan en Sevilla, con el resto de la embajada, "siendo objeto de una calurosa bienvenida", los dos embajadores españoles.
La historia ha dado nombre a las dos mujeres, que según todas las crónicas destacaban "por su gran hermosura y excelentes prendas morales": Angelina y María de Grecia, y a partir de aquí, los caminos de ambas divergen, ya que Angelina dará lugar a una rama famosa de la nobleza castellana, mientras que María pasará a la historia por sus amores con el señor de Lantaño.
La historia relatada por González de Clavijo debe responder bastante a la realidad por haber sido escrita poco después de las famosas embajadas, por lo que de ella saco estas conclusiones. Dice su crónica que la embajada del señor de Lantaño "en su viaje a Madrid pasa por Jodar, villa que poseía Luis Méndez de Sotomayor, emparentado con Paio Gómez de Sotomayor, siendo agasajados". Para entonces, María tenía 15 años mientras que Paio andaba ya por los 50, pero lo cierto es que le declaró su amor antes de que lo hiciera un joven de la localidad perteneciente al linaje de los Mendoza que también andaba detrás de la doncella.
En Alcalá de Henares se encuentran con el rey de Castilla el cual declara tomar bajo su protección a María declarándola dama de la corte real, pero al enterarse del asunto amoroso entre su embajador y la doncella decreta prisión para Paio, pero la enamorada le avisa de la orden real y escapa a Galicia y poco después a Francia ante la persecución de Enrique III. Posteriormente y a ruegos de la princesa húngara, el rey perdona a Paio "y concede la mano de doña María". Otra versión dice que hubo que esperar a la muerte del rey para que regresara a Castilla y el príncipe Juan le concediera la mano de María.
Otro relato de procedencia inglesa (Lovell Augustus Reeve) comenta que Paio y la doncella María se enamoraron, y "la esposa de Paio, de gran influencia en la Corte consigue que el rey arreste a su marido, pero Paio escapa a Galicia y después a Francia". Tras la muerte de su esposa, el señor de Lantaño se casaría con la húngara volviendo a Castilla ya en el reinado de Juan II.
Vasco de Aponte es menos diplomático y dice tajantemente que durante el viaje de vuelta a Castilla "Paio empreñó a una dellas. Cuando el rey lo supo quisiérale degollar; más todos rogaron por él y casolo con ella".
Por su parte Victoria Armesto comenta que tras dejar embarazada a la princesa, Enrique III ordenó la muerte de Paio, "pero como este tenía muy buenos valedores en la corte, al final, en vez de degollarle, le ordenaron que se casara con la húngara". Otra versión más romántica y novelesca dice que María fue simplemente amante del señor de Lantaño.
En lo que parecen estar todos los historiadores de acuerdo es que fruto de estas relaciones fue el nacimiento de una niña a la que le pusieron de nombre Inés, que posteriormente casaría con Martín Rodríguez de Junqueiras, primo del arzobispo de Santiago Alvaro de Isorna.
En las notas del libro de Vasco de Aponte sobre las casas antiguas del reino de Galicia, se indica que probablemente tuvieron otra hija que se llamó como su madre, María, así como otro que fue el doctor Diego Alvarez, y por último Esteban Rodríguez, tesorero de la Iglesia de Santiago, e incluso debió también serlo un Juan Mariño, "recordado en el testamento de Paio Gomez que otorgó en 1454. En este testamento, al hablar de su hijo Diego dice que la tuvo "de ganança de María Gómez mina serventa que foy", lo cual no quiere decir que fuera exactamente una sirvienta, ya que en todo caso resulta de extrema dificultad poner en un testamento que se trataba de una amante.
Sea cual fuera su relación sentimental, lo cierto es que en la Historia del Convento de Santo Domingo de Pontevedra, su autor Aureliano Pardo Villar dice que la construcción de la Capilla de Santo Tomás se debe al mariscal Diego Alvarez de Sotomayor y a su hijo Paio, y que en la misma "hay dos arcos sepulcrales ojivos, con sepulcros, estatuas yacentes de caballero y de dama, de referido don Pio y de doña María Gómez". Esto demuestra que debió ser algo más que simple sirvienta como aparece en su testamento.
La otra princesa, Angelina, se casaría posteriormente con el regidor de Segovia, Diego González, y debió ser de tanta belleza que incluso el periodista y escritor Juan Perucho comentó en una crónica de "La Vanguardia", que Micer Francisco Imperial compuso canciones en su honor. Tras su fallecimiento, fue enterrada en la iglesia de San Juan de Segovia en cuya tumba se gravaron las siguientes palabras: "Aquí yace Doña Angelina de Grecia, hija del Conde Juan y nieta de rey de Hungría".
Uno de los descendientes de la princesa Angelina, Luis Contreras?Girón y Suárez de la Concha, señor de Lozoya, de Santa Cruz, de Castillejo y de las Torres de Reinoso, seguía ostentando en 1686 el cargo de alférez mayor de Segovia, y en junio de dicho año el rey Carlos II le otorgó el título de marqués de Lozoya. Siguiendo la línea genealógica del marquesado, en 1976 el rey Juan Carlos otorgó el título de Grande de España al descendiente de la excautiva Angelina, Juan Contreras y López de Argalo, que además de marqués de Lozoya era también escritor e historiador.

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