02 de abril de 2009
02.04.2009

Una bomba antigua, quizá de la Guerra Civil, obliga a acordonar el entorno del río do Con

Un obrero la encontró y la tuvo con él en el vehículo durante dos días

02.04.2009 | 22:00
Dos centenares de curiosos obervaron la operación de las fuerzas de seguridad.

Los vecinos de la calle Ramón Cabanillas y su entorno, en Vilagarcía, se vieron ayer sorprendidos por la amenaza de explosión de una bomba que les sacó de sus casas. La calle fue acordonada por la policía alrededor de las 20,30 de la tarde, cuando recibieron un aviso de que un vehículo guardaba en su interior un artefacto explosivo. Finalmente, y ante los temores iniciales, resultó ser una antigua granada, posiblemente de la Guerra Civil, que un albañil había encontrado en una obra en las cercanías de la capilla de San Roque.

El pánico cundió entre los vecinos motivado sobre todo por el impresionante despliegue de fuerzas de seguridad y efectivos de emergencia. En la calle, junto al cordón, se encontraban miembros de las policías nacional y local, efectivos de Protección Civil y de Bomberos, y la Guardia Civil, incorporándose al final los efectivos del TEDAX, policía especializada en desactivación de explosivos.

Junto a las fuerzas de seguridad enseguida se formó una gran masa de curiosos y vecinos, del orden de unas 200 personas, que observaban la operación desde la distancia. En el medio de la calle, solitario, un Ford Focus gris con matrícula 4471-CHH que contenía el explosivo en su interior.

Su ocupante, el hombre que presumiblemente encontró la bomba, se encontraba cerca del río, dentro de un vehículo de la Policía Nacional, donde los agentes le estaban realizando varias preguntas relacionadas con lo sucedido. Y es que el suceso es rocambolesco.

Al parecer, el hombre, albañil de profesión, se encontró la granada en una obra cercana a la capilla de San Roque –situada en el extremo más alto de la calle Ramón Cabanillas, enfrente al instituto Castro Alobre–. Al verla, el hombre la cogió y la metió en su propio vehículo, donde la tuvo guardada durante casi dos días. Al parecer, en la tarde de ayer, le contó la historia a un amigo mientras tomaban algo en un bar cercano.

Dio la casualidad de que al lado del individuo se encontraba un agente de la Guardia Civil, quien rápidamente advirtió del peligro que corría con ese artefacto en su coche y quien, poco después, dio la voz de alarma.

Después llegó el acordonamiento de la zona, el desalojo parcial de algunas viviendas y la intervención de las fuerzas de seguridad. Alrededor de las 22 horas, la patrulla del TEDAX llegó por fin a la calle, y cerca de media hora más tarde, se llevaron consigo el explosivo. Y los vecinos, tras el susto inicial, pudieron dormir tranquilos en sus viviendas.

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