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“De lo poco bueno del COVID, que nos hemos dado cuenta de la importancia de la naturaleza”

“Hay sorprensa, miedo por quedar bien y mucho agradecimiento por ser pregonera de las fiestas”

Carmen Salinero, ayer, en la Estación Fitopatolóxica de Areeiro. | // RAFA VÁZQUEZ

“Qué me llamasen para el pregón fue una sorpresa”, explica Carmen Salinero, “un reconocimiento que recibí primero con muchísima sorpresa, menuda sorpresa, después menudo miedo, cómo voy a hacer eso; y después, pues es un honor evidentemente. Qué increíble que te alguien te proponga para estas cosas que no esperas en tu vida. Hay sorpresa, miedo por quedar bien y mucho agradecimiento”.

–¿Cómo y cuándo llegó a Pontevedra?

–Fue en el año 1980. Llegué porque me dieron una beca. Había estudiado Zoología Marina, formé parte de la primera promoción de Santiago, y había muchísimo paro, así que mandé solicitudes a todos los centros. Acabé la carrera muy jovencita, con muy buenas notas a los 22 años, y me dieron una beca en el Centro Forestal de Lourizán, así que me vine a Pontevedra porque entonces yo vivía en Vigo, no había autopista y venir hasta aquí era complicadillo.

–¿Cómo llegó a la Estación Fitopatolóxica de Areeiro?

–Tenía la beca de Lourizán y cuando se me acabó me propuso la Diputación ampliarla para pasarme al Plan Genético de Galicia. Y el mismo día, ¡manda truco!, la Diputación también me propuso una beca para crear la Estación Fitopatolóxica de Areeiro. Aquí querían poner una parte de fruticultura y ornamentales, porque era cuando empezaba el clavel, la gerbera, todo eso que después desapareció. Y en la fruticultura había que recuperar frutales antiguos… El director de Lourizán decía que yo podía llevar los dos laboratorios pero el padre del presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, José Antonio Rueda Crespo, dijo que tenía que decidir y que prefería que crease Areeiro, así que me vine y aquí estoy desde el año 1984.

A lo que me dediqué mucho es a la camelia. Es una potencia importante que había aquí y nosotros, como pasa siempre, lo que tenemos en casa es lo que no valoramos. Cuando empiezas a salir te das cuenta de que teníamos un patrimonio que la gente no conocía

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–Tras esos primeros cultivos de la floricultura ¿Qué otros programas de investigación ha desarrollado el centro?

–Básicamente a lo que me dediqué mucho es a la camelia. Es una potencia importante que había aquí y nosotros, como pasa siempre, lo que tenemos en casa es lo que no valoramos. Entonces cuando empiezas a salir por ahí a los congresos te das cuenta de que nosotros teníamos un patrimonio que la gente no conocía. Se había hecho gracias a Dios el Concurso Internacional de la Camelia, lo había hecho Valencia y después Odriozola, había gente que había trabajado mucho. Eran épocas distintas, empezaban los ordenadores, y con la camelia se habían hecho cosas pero de manera local. Y realmente fue cuando empezamos a salir hacia fuera, empezamos a decir que aquí la camelia tenía un valor importante, empezaron a venir especialistas y se dieron cuenta de que sí. Aún los seguimos escuchando decir ¿por qué tenéis esto tan escondido? ¿Por qué no habláis de esto? Porque aquí realmente no teníamos la costumbre.

–Usted suele recordar que poder ver camelias es un privilegio…

–Lo es, nosotros las camelias están en las calles y lo vemos normal, pero para el resto del mundo el temer camelias en las calles es bastante extraño, muy raro. Es un privilegio muy raro tener flores en invierno.

Las camelias están en las calles y lo vemos normal, pero para el resto del mundo el temer camelias en las calles es bastante extraño, muy raro. Es un privilegio muy raro tener flores en invierno

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–¿Cómo llegó la camelia a Galicia?

–La camelia viene básicamente de China, la Japónica de Japón, las amarillas de Vietnam, son las zonas de origen. Y a Europa se supone que puede haber llegado a Francia o a Portugal seguramente en las naos de China, cuando funcionaba la ruta de Veracruz, cuando Portugal tenía Macao, y hubo una época, con Felipe II, en la que Portugal y España estábamos juntos. En esas épocas pudo haber llegado, pero entonces no se llamaba camelia, porque Linneo creó la nomenclatura en 1835 y estamos hablando de 1.500 y pico o principios de 1.600. Se suponen que llegaron en ese momento, y entraron básicamente las camelias ornamentales, la japónica empezó a cultivarse, normalmente en aquellos momentos y aún ahora los grandes jardines estaban en manos de la realeza, de la grandes familias, y se empezaron a crear grandes colecciones por ahí.

Realmente era muy difícil traerte un contenedor con plantas desde Nueva Zelanda pero, bueno, se trajo y se plantaron. Así se fue creando una colección y hace 10 años Soutomaior se presentó a jardín de excelencia internacional y se le concedió

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–¿Cómo fue el proceso para conseguir un jardín de excelencia internacional como el de Soutomaior?

–Se creó la Sociedad Internacional de la Camelia, que entran todos los países, está Australia, Nueva Zelanda o Estados Unidos, y todos los de Europa, China y Japón por supuesto y también Vietnam, y esta sociedad lo que hace es que cada 4 años, en el congreso internacional, puedes presentar las plantaciones de camelias que tengan más de 200 plantas distintas de camelia a jardín de excelencia internacional. Cuando la Diputación compró Soutomaior lo que se decidió entre otras cosas fue crear una colección de camelias, de modo que desde los años 80 se trajeron plantas desde Australia, Nueva Zelanda, Francia... Estamos hablando de años en los que era muy complicado hacerlo, no era como ahora, realmente era muy difícil traerte un contenedor con plantas desde Nueva Zelanda pero, bueno, se trajo y se plantaron. Así se fue creando una colección y hace 10 años se presentó a jardín de excelencia y se le concedió. Este año tenemos que solicitar la renovación por diez años más. Hay que recordar que es una colección pública, las hay privadas muy buenas, también hay jardines de excelencia privados, que son Rubiáns, Quinteiro da Cruz y A Saleta en Pontevedra y Santa Cruz de Rivadulla en A Coruña, pero públicas, abiertas y que estén organizadas con sus letreros y rutas la de Soutomaior es de las más importantes.

“Vas a Oxford y las carreteras hacen eses para salvar árboles... Y aquí somos insensibles a un ser que solo nos da”


–También ha desarrollado investigaciones sobre la fruta

–Sí, sobre el mirabel primero, después empezamos con el kiwi y aquí se organizó en 1986 el primer congreso europeo de kiwi, porque fue cuando empezó en Europa. Y después también la feijoa, empezamos a promocionar una serie de cultivos por la provincia y esto fue aumentando a más.


–En uno de los congresos uno de los ponentes señaló que los árboles de camelias que hay en Las Palmeras son monumentos de los que no nos damos cuenta

–Es totalmente cierto, totalmente. De las pocas cosas que tenemos que agradecer al COVID, de lo poco bueno que ha dejado, es que la gente se ha dado cuenta de la importancia de las plantas y la naturaleza. El patrimonio vegetal es algo que tenemos que defender y que quede para nuestros hijos, un árbol que tarda 100 o 200 años, o 50 años en crecer, es único, por el clima, la gente que lo podó, que lo pisó, el perro que se le acercó (risas) todos han actuado sobre él, es un ser vivo. Realmente el patrimonio vegetal es algo decisivo que tenemos que conservar y que tenemos que mantener. Es un lujo pasar al lado de unas camelias de 1880, que se sabe hasta el vivero del que vinieron. Eso es algo que en cualquier país del mundo lo enarbolaría como una bandera, porque llevan ahí 150 años en el mismo sitio.


–¿Qué piensa cuando cortan árboles centenarios para ampliar una carretera?

–Mire, si es para hacer un hospital y hay que cortar pues ale, se corta un árbol, no soy extremista, pero la gente gratuitamente para poner o evitar un hórreo o un cruceiro corta un árbol, un ser vivo que a lo mejor está ahí desde hace más de 100 años. ¿Tú quién eres para cortarlo? Ya no dijo Japón, que es el límite máximo, pero vas a Oxford y ves que las carreteras hacen eses para salvar árboles. Y aquí somos tan poco sensibles ante un ser que es inofensivo, que solo nos da oxígeno, frutos o flores. Los talamos con excusas peregrinas como que da sombra, cuando ellos solo dan.



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