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Carlos López-Otín | Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular

“Mientras no nos convirtamos en robots, el cáncer estará en nuestras vidas”

El investigador ofreció una conferencia en Pontevedra con “El Tour del Cáncer” y la AECC

El doctor Carlos López-Otín, ayer en la Diputación de Pontevedra. // GUSTAVO SANTOS

Es una de las enfermedades más temidas y a la vez desconocidas por la sociedad, sin embargo, toda información sobre el cáncer puede ser útil en el proceso de curación del paciente, tanto a nivel anímico como médico. Sobre ello disertó ayer en Pontevedra el catedrático de Bioquímica y Biología Molecular e investigador Carlos López-Otín, autor de “Egoístas, inmortales y viajeras”, un libro revelador sobre la realidad y el futuro del cáncer. Lo hizo en el marco de “El Tour del Cáncer”, que se celebró en la Diputación provincial de la mano de la AECC de Pontevedra.

– “Conocer para curar” es algo fundamental desde el punto de vista médico/científico, pero poniéndose en la piel del paciente: ¿también es importante saber sobre la enfermedad que padece? ¿En qué sentido le puede ayudar o beneficiar?

– Cada paciente con cáncer debe ser libre de escoger su manera de afrontar y gestionar la información sobre su enfermedad. Personalmente, mil veces prefiero el conocimiento a la ignorancia, pero si un paciente desea no saber las circunstancias particulares del tumor que sufre es fundamental que alguien de su entorno más cercano asuma esa responsabilidad. El tratamiento de muchos tumores es una larga carrera de fondo en la que hay que tomar decisiones continuas y para eso necesitamos información.

Los dos avances recientes más importantes en cuanto a nuevos tratamientos oncológicos son el desciframiento de los genomas del cáncer y la inmunoterapia antitumoral

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– La periodista Julia Otero asegura que su publicación le ayudó mucho en ese largo trayecto que supone afrontar un cáncer, ¿puede interpretarse esto como que estamos muy hambrientos de una información que la sanidad pública no nos da?

– Mi querida y admirada Julia es un ejemplo del deseo de saber, y cuanto más mejor. Su inteligencia y su afán por entender las claves de su enfermedad oncológica la llevaron a interesarse por cada detalle del proceso, desde los aspectos biológicos a los clínicos. Ello tejió entre nosotros una relación personal de enorme riqueza y contenido en la que al final, la frontera entre quién enseñaba y quién aprendía se volvió muy difusa. Su conversación con Pablo Motos en “El Hormiguero” sobre mi libro “Egoístas, inmortales y viajeras” es el mejor ejemplo del poder de la comunicación. En unas pocas horas se agotaron los ejemplares de la primera edición del libro.

– No a todas las personas les gusta hablar públicamente de que tienen un cáncer, algo que no ocurre con otras enfermedades; ¿considera que abrirse en este sentido es beneficioso?

– No es obligatorio hacerlo, de nuevo cada uno debe tener la libertad de hablar de lo que desee acerca de su propia vida. En todo caso, en lo relativo al cáncer creo que lo mejor es hablar de ello con absoluta naturalidad. Es una enfermedad que afecta a muchos millones de personas en el mundo. No olvidemos que cuando el 31 de diciembre termine este año en el que ahora estamos viviendo, en España se habrán diagnosticado en torno a 300.000 nuevos casos de cáncer. Por eso, siempre digo que lo asombroso es no tener cáncer.

– ¿Por qué le seguimos llamando “larga enfermedad”? ¿Siguen existiendo muchos prejuicios?

– No se debe hablar en susurros, ni estigmatizar esta enfermedad, ni a los pacientes que la padecen. Sobran esos eufemismos como el de “una larga enfermedad”, porque a veces es muy corta, ni se deben utilizar lenguajes bélicos ni épicos para describirla. Tampoco se puede contribuir a difundir bulos sobre tratamientos increíbles o remedios infalibles, porque no ayudan en nada ni a los enfermos ni a sus familias. Lo que hay que hacer es seguir trabajando sin descanso, cada uno en la parcela que le corresponde, y ayudar en todo a los pacientes, que ni son héroes ni pretenden serlo, lo que quieren es curarse.

Sobran esos eufemismos como el de “una larga enfermedad”, porque a veces es muy corta

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– ¿Es posible conocer el origen de la enfermedad en cada persona?

– En la mayoría de los casos es posible determinar las alteraciones genómicas que han provocado el desarrollo de un tumor maligno. Sin embargo, la información es más limitada acerca de los hechos concretos que han provocado esas mutaciones. Básicamente, los tumores surgen por tres vías distintas: de manera hereditaria, por errores intrínsecos a nuestras imperfecciones biológicas o por una variedad de daños externos como pueden ser el consumo de tabaco, la mala alimentación, la ingesta excesiva de alcohol o la exposición exagerada a radiaciones.

– Es decir, que en determinados casos podemos tener parte de responsabilidad...

– En los tumores hereditarios no tenemos ninguna responsabilidad, pues heredamos los defectos de nuestros progenitores. En los errores intrínsecos de los mecanismos biológicos tampoco tenemos muchas opciones, salvo la de procurar no favorecer esos errores derivados de las imperfecciones de la vida. Finalmente, en los tumores de origen exógeno o ambiental, la responsabilidad es máxima. Conocemos las recomendaciones al respecto, la AECC hace un gran esfuerzo para hacerlas llegar a la sociedad, pero simplemente no se siguen.

Muchos tumores se curan ya y el objetivo es curar también aquellos para los que ni la ciencia ni la medicina ofrece respuestas apropiadas

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– ¿Qué destacaría respecto a los nuevos tratamientos y terapias para curar el cáncer?

– En mi opinión, los dos avances recientes más importantes en cuanto a nuevos tratamientos oncológicos son el desciframiento de los genomas del cáncer y la inmunoterapia antitumoral. Con la primera aproximación se pretenden definir las mutaciones concretas de cada tumor de cada paciente y con este conocimiento se pueden introducir tratamientos personalizadas y de mucha mayor precisión. Con la inmunoterapia se persigue reforzar la respuesta inmune antitumoral, con objeto de favorecer la eliminación en nuestro organismo de las células transformadas que han causado un determinado tumor. Hay tumores como los melanomas malignos o diversos tumores hematológicos en los que distintas formas de inmunoterapia han proporcionado éxitos extraordinarios.

– ¿Cuál es el futuro del cáncer? ¿Llegará a ser una enfermedad crónica y no mortal?

– El cáncer tiene futuro porque posee un largo pasado y un presente creciente. Esta enfermedad es muy antigua y nos ha acompañado siempre en nuestra historia como especie viva sobre el planeta Tierra. Por tanto, mientras poseamos un componente biológico mayoritario en nuestros cuerpos y no nos hayamos convertido en robots o en seres biónicos, el cáncer estará presente en nuestras vidas. Pero es un error considerar que cáncer y muerte son términos sinónimos. Hoy el número de personas que se curan de un tumor maligno ya es mayor que el de los que no logran superar la enfermedad. Esto significa que, en global, es más probable curarse de un cáncer que no hacerlo. Además, hay tumores que todavía no se pueden curar, pero se pueden cronificar y convivir con ellos durante años. Pero insisto, muchos tumores se curan ya y el objetivo es curar también aquellos para los que ni la ciencia ni la medicina ofrece respuestas apropiadas.

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