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La estradense que enamoró a Castelao

En el 134º aniversario de su nacimiento, Virxinia Pereira forma parte del callejero pontevedrés | Fue valiente compañera y abnegada enfermera, pero también símbolo de los ideales gallegos y custodia de la herencia galeguista de su esposo

La estradense Virxinia Pereira Renda.

Durante muchos años, ser mujer obligaba a vivir a la sombra, pese a que una pudiese brillar con luz propia. Si a ello se suma el hecho de ser la esposa de un hombre popular, la historia acostumbraba a colocar a la cónyuge en cuestión la etiqueta de “mujer de”, sin reparar en más méritos que los de haber sabido escoger un buen marido. Sin embargo, el tiempo termina poniendo a cada uno en su lugar. La estradense Virxinia Pereira Renda fue la mujer que enamoró a Alfonso Daniel Rodríguez Castelao. Nació hace 134 años, el 19 de octubre del año 1884. Virxinia Pereira figura desde hace unos meses en el callejero de la ciudad de Pontevedra, dando nombre a la antigua avenida Juan Carlos I, pero continúa siendo, para muchos, todavía una desconocida, pese a haber sido valiente compañera y abnegada enfermera, pero también símbolo de los ideales patrióticos gallegos y custodia de la herencia galeguista de su esposo.

Castelao y Virxinia, en Nueva York.

Nació en el seno de la numerosa familia Pereira Renda, siendo la número siete. Con ella terminó, como recogió Olimpio Arca Caldas en su trabajo As dúas mulleres de Castelao, la descendencia femenina, ya que los tres hermanos siguientes fueron varones. Era esta una familia acomodada. Su padre, Camilo Pereira Freigenedo, llegó a A Estrada a finales de la década de los 70 –del siglo XIX– para establecerse como procurador de los tribunales. Integrado en el bando liberal de Riestra, llega a diputado provincial y en los primeros años del siglo XX ejercerá como juez en A Estrada.

Imagen de Virxinia, ya en su madurez.

Virxinia y Castelao se conocen en Compostela. Tras ciertos atrancos iniciales, la pareja obtiene el visto bueno para contraer matrimonio, uniéndose hasta que la muerte se empeñase en separarlos, también un 19 de octubre, pero de 1912. El matrimonio se establece en Rianxo, donde Castelao ejerce como médico. En 1914, el amor daría como fruto su primer hijo, Afonso Xesús de Praga. La alegría de su llegada se empaña cuando Daniel sufre un desprendimiento de retina, que hace campar en la mente de esta estradense el miedo a una ceguera y que termina apartando a Castelao de la Medicina.

Relata Arca Caldas que fue entonces cuando el matrimonio se traslada a Pontevedra, donde Castelao ingresaría en el cuadro de personal del Cuerpo Técnico del Instituto Geográfico y Estadística. Son tiempos felices, aunque aquejados por la poca salud del niño y la separación temporal del matrimonio a consecuencia del viaje de Castelao por Francia, Países Bajos y Alemania. A su regreso, vuelve también la felicidad, publicándose el primer libro de Cousas e ingresando Castelao en la Real Academia Galega.

Pero el corazón de madre de Virxinia no deja de sufrir por la salud de su único hijo, situándola al borde de la locura cuando una neumonía lo aparta de ella en enero de 1928. Ese golpe tan duro la acompañaría de por vida. No hay consuelo para algo así.

Pese a estar destinada a una vida de comodidades, primero como hija de una familia acomodada y, después, como la esposa de un médico, la vida tenía otros planes para Virxinia, que no dudó en recorrer medio mundo –como recoge la periodista Montse Fajardo, autora de A vida incerta– junto a Castelao para defender, primero, la República y, después, los derechos del pueblo gallego en el estatuto plebiscitado de junio de 1936. “Durante el franquismo, Castelao fue el máximo representante de la Galicia democrática y, tras su muerte, Virxinia la siguió defendiendo”, señala Fajardo en su artículo La lucha galeguista y antifranquista de Virxinia Pereira.

El estallido de la Guerra Civil pilló a Virxinia y Castelao en Madrid. Viajaron a la URSS, Estados Unidos o Cuba, en una campaña internacional de recogida de fondos para apoyar al ejército republicano. Perdida la guerra, esta estradense siguió a su marido al destierro. En 1940 salen en barco de Nueva York y llegan en julio a Buenos Aires. La victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial no supondría la marcha de Franco, de manera que Virxinia “tuvo que rehacer su vida en el exilio cuando tenía ya 63 años”, señala Fajardo. Dos años después, con 65, se quedaría sin el gran amor de su vida, perdiendo a su Daniel en la batalla contra el cáncer. “Es tras la muerte de este, en 1950, cuando surge la Virxinia más política. Las dos décadas que le restan de vida hasta su último suspiro en Madrid en 1969 las destinará a mantener vivo su legado, tanto artístico como ideológico”, recoge la periodista. En soledad y en tierra ajena, Virxinia decide regresar a Galicia. Dos serían sus nuevas batallas: ceder al Museo de Pontevedra la obra de Castelao y descansar por siempre en el cementerio de Figueiroa junto a su hijo. La primera la ganó en vida. Para la segunda, encontraría aliados para vencer tras su muerte.

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