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Esther Gutiérrez | Ponente del curso “Teorías filosóficas sobre la vida y la muerte”

“La felicidad no tiene que ir ligada a ser perfectos”

“Amar la vida es amarla tal cual es, con la noción de que está atravesada por el cambio... Estamos muriendo todo el tiempo”

Esther Gutiérrez. FdV

“Teorías filosóficas sobre la vida y la muerte” es el título del curso que impartirá Esther Gutiérrez en el centro de la Uned de Pontevedra, una invitación a detenerse en las ideas sobre el alma, la moralidad, la voluntad o las pasiones. “Pretendemos acercar”, explica la ponente, “todos los recursos, conocimientos y herramientas que han dejado tras de sí un conjunto de pensadores, desde Sócrates a Kant o Heidegger o tantos otros, como Séneca, Epicuro o Aristóteles”.

–¿Qué nos enseñan?

–Todos ellos al final nos van a enseñar, entre otras cosas, su visión del ser humano, los modos de vivir, las formas de comprender la vida. Y también nos enseñan a aceptar la muerte como algo que atraviesa la esencia misma de vivir.

Nunca antes en la historia de la humanidad habíamos estado tan rodeados de estímulos, de emociones tan intensas que al final en muchas ocasiones ni nos han enseñado a gestionar

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–¿Cuáles son las principales teorías sobre cómo debemos gestionar nuestra vida?

–En el curso vamos a empezar abordando una filosofía que me parece muy interesante recuperar en este momento, y es la filosofía estoica. Lo que observo es que nunca antes en la historia de la humanidad habíamos estado tan rodeados de estímulos, de emociones tan intensas que al final en muchas ocasiones ni nos han enseñado a gestionar. Las emociones en realidad son las respuestas fisiológicas que da nuestro cuerpo ante las diversas situaciones. Entonces, está bien que sintamos las emociones, pero está aún mejor comprenderlas para poderlas gestionar. Y es que la característica principal de una emoción es que cuando a uno le invade resulta muy difícil de controlar y la emoción termina por controlarnos a nosotros. Lo que propongo es recuperar la sabiduría estoica.

–¿En qué se basa esa filosofía?

–Principalmente se basa en la práctica de la ataraxia, que es una palabra que en griego significa imperturbabilidad. Se basa en poner en práctica el conocimiento y gestión de las pasiones para que sea nuestra razón y no la impulsividad quien nos guíe en las diversas situaciones de la vida.

La característica principal de una emoción es que cuando a uno le invade resulta muy difícil de controlar y la emoción termina por controlarnos a nosotros. Lo que propongo es recuperar la sabiduría estoica

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–¿Cómo dar los primeros pasos hacia esa ataraxia?

–Claro, es que en este punto tenemos que hablar de algo que atraviesa actualmente nuestra cultura, y es que desde hace un tiempo los seres humanos hemos aceptado como verdad que la felicidad es un estado transitorio de bienestar. Ese estado transitorio de bienestar va irremediablemente ligado a la búsqueda de sensaciones, del placer y, sobre todo, en base a una dimensión material. Pero vemos, según todos estos autores, que no se corresponde con la realidad, de hecho la cultura actual que tiene que ver con el consumo de alguna manera ha implantado esta idea. Y la evidencia de que es falso la podemos ver en que siempre necesitamos más cosas, desde comprar un buen coche, prendas de temporada, perfumes, consumir experiencias o series. Y aunque ya lo hayamos obtenido, siempre tiene uno la sensación de que le falta algo. Entonces en este punto es evidente que se está buscando la felicidad en un sitio distinto, no en el interior de uno mismo sino en base a estímulos externos.

–¿Dónde deberíamos de buscar la felicidad?

–Para algunos autores la felicidad está en conseguir una vida feliz, para Aristóteles una vida feliz es una vida que merece la pena ser vivida. Claro, esto es complicado porque al final nos dan más o menos las pautas, el principio, pero no sabemos cómo levarlo a cabo. Lo que tenemos que tener claro es que en todo momento la felicidad tiene más que ver con una autorrealización, estar a gusto con como uno es, con su virtud, su forma de ser, su capacidad de razonar, estar contento con las decisiones que ha tomado o no. Y en este sentido, ser consecuente con lo que uno verdaderamente es; y no tanto con buscar la felicidad en base a la acumulación de bienes, de productos o la tendencia, por ejemplo, al consumo, porque ahí se estaría confundiendo placer con felicidad. El placer es algo evidentemente transitorio, mientras que la felicidad sería más bien algo que se va construyendo a lo largo del tiempo.

Lo que tenemos que tener claro es que en todo momento la felicidad tiene más que ver con una autorrealización, estar a gusto con como uno es, con su virtud, su forma de ser, su capacidad de razonar, estar contento con las decisiones que ha tomado o no

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–Habría que empezar por definir felicidad…

–El punto está en eso, en primero definirla. Porque hablar de felicidad a día de hoy viene a estar más ligado con dar una imagen al entorno de que uno tiene una vida completa, de que es perfecto. Y al final ahí lo que nos encontramos es una necesidad casi de ponernos en el lugar de la perfección para ser vistos por los demás, entonces al final tampoco estamos aceptando algo que tiene que ver con los seres humanos, que la incompletitud y la imperfección. Felicidad no tiene que ir ligada necesariamente a ser perfectos, o nos estamos engañando a nosotros mismos.

Estamos obligados constantemente a tomar decisiones y hay que ser conscientes de que lo que elegimos significa que todas aquellas otras opciones que no elegimos en nuestro día a día van a morir

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–El curso también aborda el tema de la muerte. En las antípodas de lo que hablábamos ¿o no tanto?

–No tanto, efectivamente, porque al final hablar de la muerte y hablar de la vida es hablar de conceptos irremediablemente unidos. Nietzsche por ejemplo decía que el ser humano en el fondo rechaza la vida, decía que tenemos aversión a la vida y eso significa que a lo que tenemos aversión es a que las cosas cambien, a las cosas cambiantes de la vida, a que las cosas que nos gustan terminen. Por eso vivimos un poco angustiados, intentando ocultar, o negar, no mirar hacia otro lado para no aceptar las partes más dolorosas de la vida. Y amar la vida significa amarla tal cual es, con la noción precisamente de que la vida está atravesada por el cambio. Hay otro autor, Heidegger, que habla de tomar conciencia de la muerte, y no se refiere con ello a la muerte biológica sino a que estamos obligados constantemente a tomar decisiones y hay que ser conscientes de que lo que elegimos significa que todas aquellas otras opciones que no elegimos en nuestro día a día van a morir. De modo que muerte ya no es solo eso que nos espera al final del camino, sino que estamos muriendo todo el tiempo, cuando elegimos un plan u otro, incluso cuando elegimos un estado de ánimo y no otro. De ahí la importancia de que cuando elegimos sea algo que esté en sintonía con nosotros mismos y con nuestra verdadera esencia.

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