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Faro de Vigo

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La “ONU” del sacerdocio está en Beiro, donde se forman 8 jóvenes de 7 países

Un tercer seminario de la ciudad, casi desconocido, el Redemptoris Mater, forma a estos futuros curas que llegaron aquí por sorteo, y cuyo destino final serán las misiones

Héctor y Pablo, rector y vicerrector, en el centro, con cinco de los 8 seminaristas del Redemptoris Mater. | // IÑAKI OSORIO

Desde hace 5 años, la antigua casa rectoral de Beiro, en las afueras de Ourense alberga la sede del Seminario Redemptoris Mater, el tercero y más desconocido de Ourense, donde en estos momentos, 8 jóvenes procedentes de 7 países del mundo pero llamados por una vocación común, se forman en esta especie de “ONU” en miniatura, para ser sacerdotes.

La diferencia de este discreto seminario, de los otros ya conocidos de Ourense, el Menor y el Mayor, es que estos futuros sacerdotes del siglo XXI, llegados de rincones tan distintos del mundo comoTexas, República Dominicana, Londres, Roma, El Salvador, Venezuela y España, han recalado en Ourense por sorteo –así, como suena– y su destino final son las misiones.

El rector del Redemptoris Mater de Ourense, Héctor Bernárdez, nacido en Moaña, pero ordenado en Croacia, es la clave del curioso “modus operandi” de estos seminaristas viajeros, que han llegando hasta As Burgas para cursar sus estudios sacerdotales, guiados por una vocación común pero con unas familias cristianas, que les inculcaron la fe y en sus casos, con éxito.

“Todos eran de una comunidad de la iglesia que es el Camino Neocatecumenal, integrada por matrimonios, por jóvenes o mayores cristianos en todo el mundo. Cada año hay una convivencia internacional en Italia, donde se reúnen vocaciones de todo el mundo y por sorteo, se decide el país que les toque”, explica Héctor Bernárdez.

Así es como siendo Héctor un gallego de Moaña, se formó y fue ordenado sacerdote en la Catedral de Pula, en Croacia en 2013, “hasta que el obispo de Ourense me solicitó como rector de este Seminario Redemptoris Mater y me vine, explica.

Estos futuros sacerdotes del siglo XXI, llegados de rincones tan distintos del mundo como Texas, República Dominicana, Londres, Roma, El Salvador, Venezuela y España, y les tocó formarse en Ourense, por sorteo

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De hecho, el vicerrector de este silencioso seminario, es Pablo José Rubio, otro moañés ordenado en Croacia, y Manuel Barros, también de Moaña, es el director espiritual del centro. Los jóvenes cursan sus estudios de Teología en el Seminario Mayor y luego su vida es en esa rectoral de Beiro, donde conviven y comparten experiencias y una vida casi ascética en lo material pero que “pero que nos hace muy felices”, explica Benjamín Alexander, dominicano al que llaman “el decano” porque es ya diácono y en l junio será ordenado sacerdote.

Tres de lo seminaristas están ya en lo que llaman “misión” en otras ciudades, como Francesco Salvatori, natural de Roma, y que está cumpliendo esa etapa en Canarias; Francisco Martín, natural de Vigo, también está de misión en Cádiz, y a Simone Lala, que llegó desde Londres, uno de estos ocho internacionales del Redemptoris Mater de Ourense, le ha tocado pasar esa etapa de misión en León.

Siguen estos días en la casa, Benjamín, el dominicano, tercero de cuatro hermanos, de los cuales, tres eligieron el sacerdocio. También Diego Javier Guevara, de El Salvador, que está en 5º; César Omar Montoya, que llegó desde Venezuela y cursa 5º ; Gustavo García, de Málaga, en 5º también y Bryan Carrillo, natural de Texas, Estados Unidos, que estudia primer año de Seminario.

No les importa que otros jóvenes no les entiendan. “Al final, todos los jóvenes buscan la felicidad en sus vidas, pero lo que buscan realmente es a Dios. Yo no estuve en el mejor camino en algún momento, me veía en el vacío y encontré aquí la plenitud” asegura Diego, de El Salvador, y quinto hijo de una familia de 9 hermanos.

Sin teléfono móvil y sin dinero: “Si lo necesitan lo piden, pero vivimos de la providencia”.

Hay muchos mundos dentro de este mundo. El que viven los seminaristas del Redemptoris Mater que llegan de todo el planeta, empieza con la palabra “llamada” , y continúa por “convicción” y “austeridad”. De hecho “tienen hasta 8 y 10 años de formación; cuando uno persiste es que tiene claro su camino y su vocación”, señala el rector. “No tienen teléfono móvil (solo uno para todos) ni dinero; si en un momento lo necesitan se les da, nosotros vivimos de la providencia y además tratamos de educarlos; nos preocupa esa adicción de los jóvenes por esa dependencia, las tecnologías. Aquí se valoran otras cosas como el diálogo, el deporte”, añade. Coincidir o no con su vocación y su fe es lo de menos, lo que los hace distintos es la vocación y amor por lo que hacen: “Algunos de mis amigos de Santo Domingo, murieron, otros, están en la cárcel ; a mi el señor me cuidó” , asevera Benjamín.

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