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El legado eterno de la Fundición Malingre

La historiadora Ana Malingre completa en una tesis doctoral de 1.027 páginas la historia de su tatarabuelo, un belga que trajo a Ourense la revolución industrial

Ana Malingre en O Posío, junto al busto de su tarabuelo Valentín Lamas Carvajal, fundido en la fábrica que fundó en el siglo XIX su también tatarabuelo, Manuel Malingre Parmantier. | // IÑAKI OSORIO

Cuando Ana Malingre posa junto a la estatua de Valentín Lamas Carvajal en el Posío visita a sus dos tatarabuelos. Uno es el ilustre, esculpido por Manuel Pascual en 1949, y el otro es el industrial, fundador de la fábrica en la que se fundió el busto. De Lamas Carvajal existen amplias biografías y extensa documentación en la que indagar sobre cualquier aspecto de su vida y obra, pero sobre Manuel Malingre Parmantier, un belga que llegó a Ourense en 1864 y montó una fundición, poco o nada se sabía. Al menos hasta que su tataranieta, ya en pleno siglo XXI, empezó a buscar respuestas.

Ella es historiadora y ejerce como técnica de cultura en la Diputación de Ourense, al frente de la sección de Archivo y Publicaciones. También es doctoranda del programa de Protección del Patrimonio Cultural de la Universidad de Vigo, y el próximo 29 de marzo está citada para exponer su tesis en la Facultad de Historia del campus de Ourense.

El estudio, titulado “La Fundición Malingre: historia y aportaciones al patrimonio artístico y etnográfico ourensano”, está dirigido por Jesús de Juana López y Francisco Xabier Louzao Martínez y se ha materializado en un documento de 1.027 páginas en el que la historiadora responde a la pregunta que desde hacía años rondaba su cabeza, pero que nadie en su familia pudo responder. ¿Qué hacía un belga en 1864 en Ourense?

“Del tatarabuelo Lamas Carvajal se hablaba mucho porque era el culto que escribió libros, pero de Manuel Malingre Parmantier poco. Mi abuelo murió cuando yo tenía 5 años y a mi padre nunca se le ocurrió preguntar. Se sabía que vino a montar una fábrica y poco más, pero a mí eso no me llegaba, yo quería saber por qué”, relata.

Todo el conocimiento que la investigadora ha trasladado a su tesis doctoral tiene soporte documental. Esto ha supuesto un arduo trabajo de indagación que partió casi de cero, pero con el que no solo ha llegado a construir un árbol genealógico de los Malingre que llega hasta 1666 en Bélgica, sino que recoge una parte muy relevante de la historia de Ourense. “De esto me di cuenta con la tesis, comprendí lo importante que fue la Fundición Malingre y cómo evolucionó al mismo tiempo que lo hacía la ciudad”, explica.

Nuevas técnicas en el trabajo del hierro

El proyecto que puso en marcha Parmantier en 1864 fue innovador en Galicia porque en sus hornos se implantaron nuevas técnicas en el trabajo del hierro que facilitaron la producción en serie y la utilización de este material en la ornamentación de edificios, el embellecimiento de parques y jardines, la mecanización del campo y otros oficios. En Malingre se fundieron bustos de Lamas Carvajal, Vicente Risco, Prado Lameiro o Curros Enríquez, y de sus hornos salieron balaustres, balcones, pies de bancos, tapas de registros, bocas de riego... y las populares cocinas de hierro que calentaron tantos hogares gallegos. Un catálogo enorme de piezas, muchas de las cuales siguen hoy a la vista. “Caminar por Ourense es ver la fundición. Se podría diseñar una ruta turística para enseñar Ourense a través del hierro”, apunta la investigadora.

“Caminar por Ourense es ver la fundición. Se podría diseñar una ruta turística para enseñar Ourense a través del hierro”

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La fábrica, que durante su historia tuvo tres emplazamientos (Reza, Parque San Lázaro y O Couto) se cerró en 1979, con la tercera generación, y no quedó nada. “Se destruyó todo”, lamenta Malingre, que por este motivo tuvo que montar toda su investigación prácticamente de la nada.

Descendiente de maestros fundidores

“Fue como buscar una aguja en un pajar”, pero con su empeño estableció contactos en los lugares más inesperados y llegó a conseguir el acta de nacimiento de su tatarabuelo, que vio la luz en Charleroy (Bélgica), en 1834. La llegada a España se produjo a mediados del siglo XIX y el motivo del viaje tiene que ver con el oficio de su padre, a quien el general Antonio Elorza contrató como maestro fundidor de altos hornos en la Fábrica de Armas de Trubia. Todo esto, dice la historiadora, “entronca con la revolución industrial y para comprenderlo es necesario estudiar este fenómeno en Europa, cómo surge en Gran Bretaña y los avances que entran por Bélgica, Francia y llegan a España. Para mí, que soy de arte medieval, era un tema muy distante, pero ahora me encanta”.

En plena industrialización, el hijo del maestro fundidor, ya establecido en Gijón, puso el foco en Ourense. “Vino porque se estaban construyendo la carretera y el ferrocarril y eso, como ocurrió ahora con el AVE, abría nuevas posibilidades. Así que pide un crédito y se establece aquí porque cree que va a ser una ciudad con futuro”. Su apuesta funcionó, apunta la investigadora, que afirma que la Fundición Malingre situó a Ourense “en la vanguardia industrial en ese momento, cuando era una ciudad que no tenía industria”. De hecho, el censo apenas llegaba a los 11.000 habitantes, y la fábrica llegó a emplear a más de un centenar. O Couto, dice, creció con la fundición.

“Situó Ourense en la vanguardia industrial del momento, cuando era una ciudad que no tenía industria”

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La investigadora confiesa que se matriculó en el doctorado animada por Jesús de Juana, pero también con el objetivo de documentar la historia de la Fundición Malingre y con ella, la de su propia familia. “Ha sido duro y llegué a preguntarme qué necesidad tenía yo de hacer esto. Empecé para dejarles a mis hijos esta historia, que creo que es importante para ellos, pero también para Ourense. Así que mi objetivo ya está cumplido”, afirma.

Todos los Malingre de las guías telefónicas

Con todo lo que fue descubriendo y el viaje que ella misma realizó a Bélgica siguiendo los pasos de su tatarabuelo pensó incluso en escribir una novela. “Es una historia de película, lo que yo tengo es el guion para una serie de Netflix”, dice.

La historia, en realidad, es la suya. La de una investigadora que construyó una tesis doctoral de mil páginas partiendo de una guía de teléfonos. “Empecé buscando Malingre de primer y segundo apellido en las guías de teléfono de todas las provincias de España y fui tirando del hilo. Contacté con un montón de gente, todos descendientes de los abuelos de mi tatarabuelo”, relata. De ese matrimonio belga, dos hijos llegaron a España en el XIX como maestros fundidores. Uno era el padre de Manuel y el otro su tío, y a través de la guía telefónica encontró a todos sus descendientes.

"Contacté con un montón de gente, todos descendientes de los abuelos de mi tatarabuelo"

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“Creé un perfil en Facebook en el que solo acepté a descendientes de la familia y por ahí encontré a mucha gente. Algunos me decían que tenían un tatarabuelo que se llamaba igual y me preguntaban quién era yo. Fui muy feliz haciendo esto y uní a mi familia”, destaca. A través de estos contactos construyó la historia familiar y pudo ampliar el catálogo de piezas de la Fundición Malingre. “La gente siempre guarda cosas en sus casas y todas las familias tenían algo. Unos folletos de cocinas, otros de barandillas, uno un catálogo de prensas de vino… Y también piezas, un pote, un cenicero, hasta alguna factura. Y así me hice con un pequeño archivo, incluso de cartas y postales que guardaban parientes”.

Toda esta investigación, relata, “discurrió como un presente-pasado. Se ve cómo evoluciona el siglo XXI a la vez que yo fui descubriendo el XIX. Todos los contactos que hice, las cartas manuscritas que tengo guardadas, el perfil en Facebook, grupos de redes sociales en los que conocí a mucha gente que me dio piezas e información que fue muy importante para poder profundizar”, destaca.

Y así buceó por todos los archivos de la provincia y la prensa digitalizada para completar sobre el papel de una tesis doctoral una historia que ya estaba escrita en hierro.

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