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Los podólogos piden ser incluidos en la sanidad pública para prevenir dolencias

En la provincia de Ourense solo hay colegiados 46 de estos profesionales para los 300.000 habitantes

Celia Sieiro, enfermera y podóloga, es secretaria del Colegio de Podólogos de Galicia. | // FDV

Actualmente el Colegio de Podólogos de Galicia (COPOGA) tiene registrados a 515 profesionales en todo el territorio. Pero en la provincia de Ourense tan solo hay 46 –para algo más de 307.000 habitantes, según el último dato del Instituto Nacional de Estadística, de 2019–.

Celia Sieiro –enfermera y podóloga– es la tesorera de la entidad, trabaja en el centro de salud por las mañanas y en su propia clínica en O Carballiño por las tardes. Es precisamente por esta dualidad en su formación que conoce de primera mano las dificultades que habrá que sortear para que el Sergas incluya el cuidado de los pies en la atención pública. Pero es también por tener las dos titulaciones que comprende lo necesario de la especialización.

“Tendría sentido que trabajásemos en conjunto con médicos de cardiovascular, endocrinos y enfermeros para que podamos dedicarnos al tratamiento del pie diabético con todos los recursos posibles a nuestro alcance”, señala la profesional sobre las posibilidades que están sobre la mesa. Según la primera revisión de las extremidades del paciente, se le haría un seguimiento anual o semestral, dependiendo de las necesidades que presente.

Hoy en día, la cartera de servicios comunes no reconoce el derecho al diagnóstico y tratamiento de las patologías de los pies por parte de los podólogos. De modo que la única alternativa –para aquellos ciudadanos con recursos suficientes– es la atención en el sector privado

Inclusión aún sin fecha

El Congreso de los Diputados respaldó el pasado mes de mayo –por unanimidad– una Proposición No de Ley (PNL) que insta al Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (CISNS) a analizar la incorporación de los servicios podológicos en Atención Primaria y especializada, así como el cuidado del pie geriátrico, del pie infantil y del pie diabético.

La intención y el compromiso por parte de los grandes grupos parlamentarios parece que existe. Pero a la lenta velocidad con la que se toman medidas en la sanidad en España, se suma ahora el desvío de recursos y la saturación de la administración que ha supuesto el coronavirus.

“De momento no sabemos nada más, de momento. Pero en los próximos meses deberíamos recibir una respuesta. Pero deberían incluirnos en la misma cantidad que a los dentistas, que se ubican en los centros de salud más grande. Creemos que a lo mejor nos sitúan en los hospitales o en los centros de especialidades”,

Las dificultades no son pocas, puesto que restarían competencias que actualmente recaen en otros profesionales como los enfermeros –que se encargan, por ejemplo, de curar úlceras– o cirujanos –que operan lo que podría operar un podólogo con mayor conocimiento del pie–.

Diagnósticos para corregir

“Es necesario que nos sentemos a hablar y pongamos horizontes comunes entre los profesionales de diferentes ramas. Ahora mismo, a los niños se les hace una revisión de los pies en el pediatra a los seis años. Pero se hace en estático y en ningún momento observan el movimiento del pequeño andando. Nosotros creemos que lo óptimo sería que entre los 3 y los 4 años ya se empiece a estudiar cómo apoyan y caminan. Esto es fundamental para saber cómo se comporta el pie”, destaca Sieiro.

Que los podólogos estuviesen incorporados a la sanidad pública evitaría, entre otras cosas, diagnósticos equivocados o tardíos que ya no se puedan corregir en la adolescencia. “Cuando llegan con problemas a los 14 o 15 años son mucho más complicados de resolver Son pies ya de adulto y desarrollados”, lamenta.

Está previsto que en 2022 el COPOGA se reúna con la Sociedad de Pediatría de Galicia para establecer una serie de parámetros y consejos a tener en cuenta en las revisiones de los pequeños mientras los podólogos no formen parte de la cartera de servicios del sistema público de salud.

“Un sabañón mal tratado puede derivar en pérdida de sensibilidad o úlceras que requieran curas prolongadas”

De lo que más deben cuidar sus pies los ourensanos en invierno es del frío. “Aparecen muchos sabañones en esta época, sobre todo en la población mayor. Es algo común cuanto más va empeorando el sistema circulatorio”, sostiene. Aparte del malestar y la incomodidad que genera, un sabañón no tratado a tiempo puede provocar incluso pérdida de sensibilidad en la zona en la que se encuentra. “El hormigueo y la picazón inicial se pueden convertir en ausencia de percepción de estímulos o en una úlcera que requiera de curas prolongadas en el tiempo”, explica la profesional que trabaja en su propia clínica –Clínica Podológica Celia Sieiro– en la localidad de O Carballiño. Para evitarlos, recomienda lavar los pies en agua tibia y secarlos minuciosamente.

“Asegurarnos de que ya no tienen humedad es muy importante y no es algo en lo que la gente se detiene. Es imprescindible para evitar la aparición de hongos. Pero a la vez es bueno que los pies estén bien hidratados para que el sabañón no aparezca con tanta fuerza”, destaca la especialista. Cremas ricas en lanolina y glicerina sirven también para mitigar los síntomas de los sabañones. “Ayudan mucho si la persona tiene que estar trabajando a bajas temperaturas y en climas húmedos o si tiene problemas circulatorios”, afirma. Sobre este último punto, recomienda a los que tienen cambios corporales térmicos pronunciados que abriguen bien los pies y los muevan para entrar en calor. “Es muy peligroso para las personas mayores aproximarse demasiado a las cocinas de leña o estufas cuando sienten frío porque en ocasiones se producen quemaduras sin que se den cuenta”, lamenta.

Otro de los beneficios de que los podólogos estén integrados en la sanidad pública sería que se les derivaría a pacientes que, en la actualidad, pasan por varios profesionales –como dermatólogos– antes de llegar a ellos. “Se agilizarían los tiempos y los procesos”, remata.

“El pie de un bebé no debería calzarse hasta que dé sus primeros pasos”

Falta, entre la población en general, un buen conocimiento sobre el cuidado y las necesidades de los pies. Y entre los errores más comunes que se cometen está el de calzar a los niños pequeños demasiado pronto. “Hay zapatos muy bonitos que nos pueden parecer cómodos a priori para los bebés, pero el pie de un bebé no debería calzarse hasta que empiece a dar sus primeros pasos, con entre 10 y 12 meses”, advierte Sieiro. Hasta ese momento, basta con que no pasen frío y estén cubiertos con calcetines o patucos. “Cuando ya empiezan a sostenerse por sí mismos, lo recomendable son calzados muy blandos, con suelas lisas, que se doblen bien en la zona de los dedos y que los contrafuertes también sean blandos”, enumera la podóloga. También se apura mucho la sociedad en poner altura en los zapatos. “Si les metemos pronto alza trasera, los niños tienden a engarrar los dedos y a tensionar el pie”, finaliza la especialista.

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