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Cuando el domicilio está en el colegio

18 religiosos integran la comunidad de los Salesianos en Ourense, la más numerosa de los grupos de vida consagrada entre cuyas labores está la educación

Integrantes de la comunidad salesiana de Ourense, en el patio del colegio y en sus dependencias. // IÑAKI OSORIO

Cuando parte del tejado se desplomó sobre el desván del edificio en el que tienen sus viviendas los integrantes de la comunidad de los Salesianos de Ourense, el 2 de febrero de este año, los religiosos se disponían a comer en el cuarto anexo a una sala de estar situada bajo el lugar del derrumbe. Fue un susto estruendoso que “se tomó con bastante serenidad dentro de lo que cabe”, recuerda el director del colegio, Lupicinio Peña, de 61 años. “Hubo suerte”, reconoce Antonio García, de 77, el director de la obra salesiana en Ourense.

Una reforma reparó el área dañada y, en estos meses, la comunidad ha aprovechado para trasladar la capilla a una dependencia más separada de la zona educativa. Porque en Salesianos no solo se dan clases a más de 1.100 alumnos de los niveles de Infantil a Bachillerato, sino que conviven varias actividades: la escolar, la parroquial –la iglesia de María Auxiliadora–, la juvenil y cultural –a través de la asociación Amencer– y también la deportiva, con las instalaciones del CD Bosco.

La comunidad religiosa, que tiene sus dependencias en el ala residencial, está formada por dieciocho integrantes, catorce sacerdotes y cuatro coadjutores. Es el grupo de vida consagrada más numeroso de la diócesis de Ourense entre aquellos que tienen la enseñanza entre sus tareas.

Integrantes de la comunidad religiosa de los salesianos en Ourense. // IÑAKI OSORIO

El despertador suena a las 6.30 horas de la mañana para los integrantes de la comunidad más activos. Los mayores o con algún tipo de limitación se levantan a las 8. “Tenemos una hora de oración, entre meditación, laudes y demás. Por la mañana y por la tarde hay celebración. No somos los típicos monjes, sino religiosos de vida activa. Aunque la mayoría estén en edad de jubilación, hay actividades como capellanías o atención a la parroquia”. El último acto comunitario del grupo salesiano de Ourense es a las 21 horas. Esa es su rutina.

Tres de los integrantes ejercen en la parroquia de María Auxiliadora y cuatro prestan una labor docente. No todos imparten Religión, sino también las materias que se adaptan a sus estudios. Uno de ellos es Pablo Álvarez, de 44 años, titulado en Magisterio, el más joven de la comunidad.

Es profesor en Primaria, tutor de 3º (alumnos de 8 años), y coordinador de pastoral de la sección de Infantil y Primaria. Residir en un ala del edificio de los Salesianos y dar clase sin salir del complejo “facilita poder estar cerca del aula y próximo a diferentes ambientes: el colegio, la comunidad, el centro juvenil...”, destaca.

Salesianos de Ourense tiene la intención de servir como residencia de los religiosos con necesidades de apoyo. “Estamos aglutinando aquí a salesianos mayores, aunque no estén totalmente enfermos o dependientes, pero que necesitan un espacio común de atención”, explica Antonio García.

“Mi generación es la más numerosas de los salesianos activos. Después hay un salto y un proceso de reajuste. Las edades van subiendo y hace que sea necesaria una atención particularizada. De ahí la idoneidad de tener una residencia, que acoge a los salesianos ya mayores que requieren atención y apoyo”.

Varios religiosos salesianos, en la sala de estar en cuyo piso superior se produjo el desplome de febrero. // IÑAKI OSORIO

La comunidad ha promovido reformas y tiene en mente otras, como la instalación de un nuevo ascensor y escalera, la creación de espacios compartidos, y la contratación de una persona para tareas de asistencia a domicilio.

La falta de relevo generacional y las escasas vocaciones “afectan, totalmente”, admite el director. “El año pasado cerramos en Allariz [donde Salesianos tenía otra comunidad, con seis integrantes en 2016] para reducir la presencia, ya que el número de vocaciones ha disminuido, y en el espacio de muy poco tiempo, con las defunciones y demás, vamos a quedar cada vez menos. Hay una política de concentración en comunidades urbanas que permitan la estancia y la actividad. No solo sucede aquí, sino que en otras partes de España también”.

A sus 93 años, Constantino Cid es el religioso de más edad en la comunidad salesiana de Ourense. Fue profesor en varios centros a lo largo de su vida activa. “Primero estuve en Vigo, después en Santander, más tarde en la Universidad Laboral en Zamora, después en Vilagarcía de Arousa, otros diez años en Vigo, en la caja de ahorros, y en Ourense a partir de 1983. A continuación pasé 16 años en Allariz, y ahora vuelvo a estar aquí”, relata.

“Creo que esta comunidad es la más numerosa en Galicia de la obra salesiana”, indica Lupicinio Peña, que forma parte del grupo eclesiástico de la ciudad de As Burgas desde 2009. “Cada uno nos ocupamos de diferentes actividades, en función de lo que cada uno pueda hacer; unos en el colegio, otros en la parroquia, otros en deportes, otros sin ningún asunto específico, pero ayudando”.

La nueva capilla de la zona residencial de los religiosos salesianos de Ourense. // IÑAKI OSORIO

Según datos facilitados por la diócesis de Ourense, el grupo salesiano es el más numeroso de todos los de vida consagrada que se dedican a la labor educativa, entre otras funciones. En 2016, los Maristas tenían 5 religiosos, pero en la actualidad ya no.

En el mismo periodo, las Franciscanas pasaron de ser 12 monjas en 2016 a 9 en 2020. En Carmelitas son 7 religiosas, 10 en Verín de las Hermanas Amor de Dios. En el Colegio Santo Ángel ya no hay comunidad residente, que en 2017 era de 7 integrantes.

Hay 9 religiosas en el Divino Maestro, 6 en el colegio Josefinas y 7 en La Purísima (hace años eran 11).

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