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CRISIS SANITARIA GLOBAL

Las bodas de oro de Aixiña que apagó la pandemia

La asociación esbozó un programa con eventos para reivindicar la discapacidad que el virus minimizó a una exposición fotográfica

Profesionales de Aixiña y usuarios en la exposición fotográfica en las instalaciones de la entidad.   | // FDV

Profesionales de Aixiña y usuarios en la exposición fotográfica en las instalaciones de la entidad. | // FDV

La pandemia no se reduce a aciagos datos epidemiológicos que aumentan o descienden, que narran la muerte de aquellos que levantaron un país después de las guerras, ni tampoco a una crisis económica que agudiza la recesión de sectores productivos que agonizan con cada decreto autonómico o con cada mes que pasa. La crisis sanitaria también es mental y social, ya que el virus privó y arrebata a todos la oportunidad de sumar experiencias únicas a lo largo de todo un año. Anécdotas perdidas, experiencias extraviadas y celebraciones mermadas.

“Todos somos especiales a nuestra manera”

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Aixiña tenía esbozado un programa de eventos para celebrar sus bodas de oro. Una cita única, especial e ineludible de cualquier matrimonio, pero más todavía de una asociación que defiende y cuida la diversidad de la sociedad. Porque decir que todos somos iguales es evidente, pero defender ese principio es una dedicación perenne, comprometida y en ocasiones compleja. Decía Stephen Hawking que “todos somos especiales a nuestra manera”.

Desde la dirección del centro, señalan que “lo teníamos todo preparado, pero llegó la pandemia a principios de año y se nos vino todo abajo. Pensamos que sería poco tiempo, pero después del verano ya vimos que no podíamos celebrar los 50 años que cumplimos como queríamos y entonces ya decidimos mantener solamente la exposición”.

Usuarios de Aixiña de Ourense antes de iniciar una andaina solidaria en 2019. //IÑAKI OSORIO

"Lo que iba a ser un gran año con una gran celebración, se pasó con los trabajadores encerrados con los usuarios"

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En la agenda de la integración, en un año tan destacado para ellos, tenían previsto la grabación con usuarios de Aixiña, una reunión en el centro de todos los que pasaron por las instalaciones, una presentación institucional con un gran acto inaugural y una exposición en las calles de la ciudad. Todo eso, marcaba el inicio de sus bodas de oro, un 2020 inigualable que fue atípico. “Era un gran año para nosotros, un evento importante para la Asociación, porque lo que se pretendía era unir a todas las personas que crecimos en esta gran familia y con la que queríamos recoger nuestra historia a través de imágenes y testimonios que transmitieran el espíritu de la entidad a las siguientes generaciones. Pero el virus vino y se llevó todo por delante. Lo que iba a ser un gran año con una gran celebración, se pasó con los trabajadores encerrados con los usuarios y estos con grandes medidas de prevención y protección para protegerse del virus. Hasta se perdió el contacto directo que teníamos con ellos, como besos o abrazos”, señalan desde la dirección.

Dentro de Aixiña, son días de alegría. Aunque las bodas de oro fueron en 2020, la exposición de la historia de la asociación protege el sentimiento de una celebración mayor “para cuando se pueda”. La entidad se germinó con la dedicación delicada del sacerdote Domingo Freire tras la creación de una franquicia de una entidad llamada “Auxilia” y se independizó con la perseverancia y la innovación de Recaredo Paz con la ayuda de las administraciones.

La historia para recordarla es necesaria escribirla, pero también contarla. El papel es el sustento de la cronología de los hechos, pero la transmisión de la memoria de una asociación que luchó por la integración, la diversidad y la normalización de un grupo de personas que eran desatendidas por las administraciones y la sociedad, es una encomienda fundamental.

Profesionales de Aixiña y usuarios en una fotografía grupal durante la pandemia. //I.O.

Deporte, empleo y virus

Los últimos años de la Asociación están encaminados a una política y filosofía afianzada en la ciudad y con pilares fundamentales, como los talleres de empleo, la búsqueda de la accesibilidad real, el deporte adaptado, servicios específicos para usuarios y una pandemia que llegó para quedarse y que todavía permanece en su retina.

“Querríamos que las vacunas llegase a todas las personas de grupos vulnerables estén o no en una residencia"

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“Cada ola que viene se hace más difícil y los riesgos para grupos tan vulnerables como el nuestro aumentan”, comentan desde la dirección. En las tres que ha habido, remaron todos juntos, perdiendo detalles cariñosos por el camino, pero con la vacuna ya administrada ven la luz al final del túnel, aunque admiten que “querríamos que las vacunas llegase a todas las personas de grupos vulnerables estén o no en una residencia, puesto que la vida continúa para todos”.

Su petición responde a que la vacunación solamente llegó a una pequeña parte de la entidad, pero todavía faltan los centros de día, el centro especial de empleo y las personas usuarias ambulatorias. 

Extrañan las excursiones, el deporte colectivo, los abrazos terapéuticos y las competiciones de asociaciones. Desde la dirección dicen que “fue un año complicado por las incertidumbres y los miedos que supuso la llegada del virus y también por cuestiones de salud y socialización. No sabemos cuándo podremos recuperar el día a día que teníamos antes, pero esperamos que sea lo más pronto posible. Recuperar el contacto directo, como los abrazos que después de un años se echan de menos”.

Aixiña mantiene viva su esencia tras 50 años con la misma ilusión que atesoraba Domingo Freire o Recaredo Paz. Cuando todo pase, queda pendiente unas bodas de oro con una felicidad sin límites.

Recaredo Paz, alma máter de Aixiña, en los juegos paralímpicos de Barcelona. //FdV

Recaredo Paz, alma máter de Aixiña, en los juegos paralímpicos de Barcelona. //FdV

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