Es algo insólito que a estas alturas del siglo XXI el mundo esté pendiente de las decisiones de un dictador como Putin, que no solo se ha permitido por sus delirios imperialistas invadir un estado soberano como Ucrania, sino que tiene amenazado a medio mundo, si le plantan cara respondiendo a su agresión armamentista, no solo con un bloqueo económico y financiero, sino con el uso de las armas, en apoyo y ayuda del país invadido. Porque, ante una acción tan grave, de violación de derechos humanos como la vida y la libertad, no se comprende por qué no se toman medidas más severas contra el agresor, sin condiciones o líneas rojas, como que el país agredido tenga que formar parte de la OTAN. Dicho esto, y consciente del riesgo que un conflicto bélico abierto supondría para todos, pienso que, solamente las masivas movilizaciones ciudadanas, en contra de esta agresión, la heroica respuesta de los ucranianos en defensa de su patria, y la labor encomiable de los medios de comunicación, desvelando las atrocidades cometidas por los dirigentes rusos, puede hacer reconsiderar a Putin, y poner fin de una vez, a esta barbarie.