Opinión

Absentismo y zumo natural

En la frutería vuelven a tener naranjas. Esas que nos cargan de vitaminas y energía. El desayuno europeo, y de buena parte de occidente, apuesta por tostadas, cereales, tazón de leche con cacao o café y, por supuesto, ese jugo natural que sabe a gloria. Sin embargo, el líquido naranja se está poniendo por las nubes en el mercado internacional de materias primas porque quienes lo lideran (Brasil 70% y México 11%) han tenido varias cosechas pésimas. España, como principal productor del continente, tampoco se salva. La explicación, que seguro nada tiene a ver con el cambio climático, son las sobrevenidas enfermedades de la planta y fuertes tormentas que destrozan campos, obligando a plantar de nuevo miles de naranjos. En el caso de aquí, la sequía incesante es quien desgracia los frutales, recolectando por ello, mucho menos de lo esperado. Como todavía no las podemos fabricar y el árbol este tarda sus añitos (más de cinco, como poco) en volver a dar fruto, resulta que el elemento básico escasea. Así, el precio se eleva si mantenemos una demanda constante. Economía básica, si hay poco, cuesta más. Aumenta el precio, consumimos menos.

"Más de un millón de curritos (exactamente 1,3) se ausentan de su puesto cada día y trescientos mil lo hacen sin dar explicaciones"

Sin un buen desayuno es complicado llegar al trabajo y rendir a tope. Eso lo sabe hasta el más inexperto de los directores de Recursos Humanos. Vale que los anglosajones empiezan su jornada con bacon, salchichas, huevos y algún brebaje parduzco, pero para qué engañarse, tanto colesterol acaba pasando factura. Además, un zumito recién exprimido marca la diferencia. Quizás por este motivo insignificante, el absentismo laboral esté aumentando de modo silencioso en España. Más de un millón de curritos (exactamente 1,3) se ausentan de su puesto cada día y trescientos mil lo hacen sin dar explicaciones. Como era de esperar la patronal echa chispas y los sindicatos se acuerdan de las naranjas muy caras, nóminas demasiado baratas y que así, desayunar decentemente –vivir– se vuelve complicado; también influirá lo de las condiciones laborales, la conciliación familiar o la salud mental de los trabajadores. Es más, esto puede ser solo la punta del iceberg. ¿Qué decir de la vivienda, la desigualdad, el medio ambiente o los servicios públicos? Todo necesita una revisión.

Hablando de revisar, llevamos unas cuantas semanas ojipláticos tras conocer los extraordinarios resultados de importantes compañías españolas. Sí, además de Puigdemont, también se informa (pero menos) de la marcha de la economía. Lástima ver que tras esos millonarios beneficios, los que salen del festín esquiven sin rubor las caras largas de empleados –o subcontratados de esas mismas firmas– con salarios flacuchos que enfrentan un coste de vida disparado. Es más, sabiendo del panorama, será que esos miles que agrandan el absentismo laboral injustificado revenden naranjas “en B”.