Opinión | IN MEMORIAM

Periodista, cronista, coleccionista de momentos y de amistades
Si supiera, le haría una elegía
El diseñador gallego José Castro ha muerto a los 52 años

Imagen de archivo de José Castro. Abril 2022. Marta G. Brea / Marta G. Brea
Si supiera, le haría una elegía porque la singularidad de su vida bien merecería, ahora que la ha perdido, una memoria poética en su honra. Morir a los 52 cuando tenía por delante tanto –y tantas cosas ya demostradas- es como una maldición, un hado fatal, una trágica pérdida.
Supe de José Castro antes de conocerle y el abrazo que nos dimos por vez primera fue el comienzo de mi silenciosa admiración por su talento y su talante. Lo conocí realmente hace mucho en una fiesta en la casa de María Moreira, cuando venido de Londres empezó a colaborar con las colecciones de la diseñadora viguesa. Creo recordar que al acabar sus estudios en el Amor de Dios de Vigo hizo amagos para seguir una tradición familiar desde la cocina, pero algo pasaría por la que derivó esa intuición especial hacia la moda. Moreira fue quien, encantada con esa colaboración suya con la que tuvo su bautismo de fuego, lo recomendó a colegas catalanes y comenzó allí una fructífera experiencia , un currículo estelar que está en los papeles.
Vino a dar luz con ese look especial suyo a la presentación en Vigo de mi libro sobre la historia de la moda en Galicia, y también dio la cara por lo mismo en la que se hizo en Ourense, donde quedé sorprendido por su saber de la vida indumentaria. Recuerdo que en una terraza de primavera en Samil con él, Pilar Rey y María Moreira, me habló y me enseñó con ilusión vehemente los dibujos y fotografías del proyecto que le embargaba ahora la cabeza, pendiente de la Xunta de Galicia. No era moda, sino escultura que más bien parecía un ensueño para espacios institucionales: la silleira, una gran silla en forma de concha de vieira. Quedó, por su marcha, en el aire.
No importaba para qué espacio, daba la impresión de que en todo podía volcar su imaginación, su pasión, su mente ilusionante, su capacidad de entrega, su afán perfeccionista. Amoroso, bromista, cordial, presto a la ayuda. Se nos fue, maldita sea.
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