Opinión

El inesperado regreso de la censura

La vida de la palabra y más aún de la escrita es una historia de asedios. ¿Será hoy más largo ya el inventario de lo que no se puede decir que el de lo que todavía se puede? Mientras protestamos frente a la excesiva normativización en las formas de la escritura se cierra, sin falta de publicar normas, el cerco de lo correcto, un muro de silencio cada vez más grueso que va adelgazando nuestras posibilidades expresivas. La coletilla de advertencia, a la que con frecuencia se echa mano en privado, de que tal o cual cosa “ya sabemos que no se puede escribir, ni decir de ese modo delante de nadie” (o parecido) es un síntoma claro del cerco del que hablo, una censura que, como el polvo, llega a todas partes, estrecha los conductos de comunicación en plena sociedad de la comunicación y lleva hasta a reescribir libros (alguno de los así censurados estará hoy en expositores del Día del Libro).