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¿Es la Unión Europea la antesala del ingreso en la OTAN?

¿Puede ser la Unión Europea, en el caso de Ucrania, Georgia y los Balcanes occidentales, la antesala del ingreso de esos países en la Alianza Atlántica, como desea Estados Unidos?

Tal es al menos la sospecha del conocido sociólogo alemán Wolfgang Streeck, para quien la respuesta de Occidente, bajo el liderazgo de EE UU, a la invasión rusa de Ucrania disipa las esperanzas en una estrategia propiamente europea que pudo haber un día en París y otras capitales europeas (1).

La llamada “guerra de Putin” ha asestado un golpe mortal al sueño francés de un imperio liberal y una fuerza global de la UE estratégicamente soberana, capaz de rivalizar con una China en ascenso y unos Estados Unidos, por el contrario, en evidente declive.

La subordinación europea a Washington reproduce el viejo modelo de la Guerra Fría con una Europa bajo hegemonía de Washington y convertida así en cabeza de puente transatlántica.

En la estrategia diseñada en la capital estadounidense para plantarle cara y desangrar a la Rusia de Vladimir Putin, la Unión Europea asume el papel de “auxiliar civil” de la OTAN.

Al mismo tiempo, su subordinación a un resurgido “Occidente”, su militarización, ha salvado al mismo tiempo a la UE de las fuerzas centrífugas que la amenazaban, aunque sin llegar a destruirlas.

EE UU, escribe Streeck, llevaba tiempo pensando en la Unión Europea como una especie de sala de espera y escuela de preparación para la OTAN en la que los países más próximos a Rusia y los de los Balcanes Occidentales esperarían su turno.

Hasta ahora, Bruselas ha insistido siempre en la necesidad de que los países cumplan sus reglas de admisión al club europeo, lo que incluye largas negociaciones para adaptar a las mismas las economías y las instituciones nacionales.

"La subordinación europea a Washington reproduce el viejo modelo de la Guerra Fría"

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Francia, por ejemplo, habla tan solo de ofrecer a Ucrania cuando acabe la guerra su integración en una “comunidad política europea” ampliada, pero no en la UE estrictamente hablando.

Para Washington, sin embargo, el reparto de las cargas entre los socios a ambos lados del Atlántico significa que los europeos deben responsabilizarse de la carga económica que representará la reconstrucción del país ilegalmente invadido y la acogida y reasentamiento de los refugiados.

La admisión acelerada en la Unión Europea tanto de Ucrania como de Georgia y otros países del antiguo imperio soviético sería una especie de compensación provisional antes de su eventual ingreso en la Alianza Atlántica como quiere Washington.

Y en el caso concreto de Ucrania, debería garantizarle los enormes fondos necesarios para la reconstrucción del país tras el desastre de la guerra: la experiencia dice que una vez acabado el conflicto, EE UU se retirará, y tocará a los europeos cargar con todos los gastos.

Ante las nuevas necesidades económicas que implicará para los países de la UE su eventual ampliación a más países de la Europa del Este, pasarán a un segundo plano, según teme Streeck, la insistencia de Bruselas en que Polonia y Hungría cumplan los requisitos del Estado de derecho establecidos en la UE.

La voluntad de esos países del antiguo Pacto de Varsovia de acoger en su territorio tropas, aviones y misiles y su disposición a luchar con quienes “están en el lado bueno de la historia” tendrán preferencia sobre cualquier otra cosa.

Y Europa, subordinada a la OTAN, quedará a merced de los caprichos de la política interior estadounidense, una superpotencia en claro declive que se prepara para un conflicto global con China.

Nadie parece plantearse, comenta Streeck, qué ocurrirá con la actual Alianza Atlántica si dentro de dos años es otra vez Donald Trump quien gana las próximas elecciones en Estados Unidos: no parece que sea cosa que interese.

El sociólogo alemán tilda de “sorprendente” el hecho de que los países europeos hayan dejado, sin que mediara un solo debate, la gestión de la crisis ucraniana a un país como EE UU que tiene “un récord reciente de incompetencia irresponsabilidad”.

(1) En un largo artículo sobre las dificultades pasadas y presentes de la UE publicado en el portal italiano “Sinistrarete”

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