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Faro de Vigo

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Matías Vallés.

Cordón sanitario a dos voces

Escasean las oportunidades en que un partido político predica comportamientos que está dispuesto a aplicarse. Sin embargo, cuando el PSOE le señala al PP que en ningún caso debería pactar con Vox, los socialistas darán ejemplo a sus rivales cumpliendo a rajatabla la negativa a aliarse con la ultraderecha moderada. A efectos de este comentario, se omitirán las votaciones para evitar que Juan Carlos I sea investigado por el Congreso, un punto en el que coinciden todas las formaciones políticas hasta aquí citadas. Aunque el comportamiento ético de la izquierda parece inapelable, la derecha civilizada topará con el problema de que si se niega a apoyar o a apoyarse en los ultras, el cordón sanitario le obligará a pronunciarse siempre a favor de los socialistas.

“El acceso de la ultraderecha moderada al poder marca el principio de su desgaste”

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La situación matemática del Congreso contribuirá a resolver el intríngulis. De los 350 diputados totales, Vox pastorea a una nutrida cifra de 52. Si se los elimina de la ecuación, quedan 298 parlamentarios útiles. Dado que PSOE y Podemos suman 155 escaños, adquieren de rebote una mayoría absoluta que no han dictado las urnas. El cordón sanitario debe reinterpretarse a dos voces o voxes, el ala izquierda del espectro tiene que sacrificar algo para equilibrar el rechazo que exige al PP. Debe imponerse la desdichada doctrina Casero, para anular a la ultraderecha moderada. Sin exigir apoyos explícitos, los diputados progresistas más fumadores han de someterse a su vicio durante las votaciones, para que dar la espalda a los extremistas no pervierta el mandato electoral.

En cuanto se recuerda que el cordón sanitario funciona en doble sentido, suele perder su interés para quienes lo exigen, por algo Chirac culpaba siempre a Mitterrand del auge de Le Pen. En el caso más inmediato de Castilla y León, la pregunta no es si los votantes del PP se sienten traicionados por el pacto de su partido con Vox, sino si les ha pillado siquiera por sorpresa. Sin olvidar que el voto pujante y racial no solo proviene de los caladeros populares. La única buena noticia es que el acceso de la ultraderecha moderada al poder marca el principio de su desgaste.

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