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Faro de Vigo

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Carmen Martínez-Fortún

Garzón y los privilegios

Aunque no es esta época prenavideña tiempo de penitencia, lo ignora el ministro Garzón, que castiga a los españoles sensatos con la evidencia de que ejerce un cargo pagado con sus impuestos y que en estos tiempos de penurias cobra una pasta por esparcir a diestro y siniestro las memeces que en cada momento se le ocurren. Y menos mal que no es él quien va a reunirse con Francisco, como Díaz, pues le creo muy capaz de comentar con el pontífice la falta de derechos de los juguetes o los privilegios del español.

Este ministro sectario de Consumo, que, muy ocupado en inventar recetas de tofu, no ha movido un dedo por abaratar el consumo de luz y que tanto daño ha hecho al turismo o al sector agrario, ahora se descuelga apoyando la política lingüística discriminatoria, amenazante y, sobre todo, contraria no solo a la ley sino a los derechos humanos más elementales, de la Generalitat catalana, que escandaliza a toda persona sensible, conculcando cada día los derechos de los menores, ya sean enfermos de cáncer ya sean hispanohablantes.

Dice Garzón, y esta vez con razón, que el español no está en riesgo. Desde luego que la potencia y la fuerza de nuestra lengua no peligra en el mundo por mucho que les molara a unos cuantos descerebrados. La lengua de Cervantes no necesita el apoyo de ningún ministrillo colocado a dedazo para que Sánchez se mantenga en el poder pagando el peaje que le exige la parte podemita de la coalición. Lo que peligra es el buen sentido, el común, la justicia, la ética, los buenos sentimientos, la igualdad, la equidad y la ley, cuando se contemporiza con el hecho, para Garzón menos grave, de que un niño de cinco años y su familia sean señalados, amenazados con apedrear su casa, discriminados y agredidos a diario de palabra por el poder fáctico catalán, situado a diario al límite de la ley.

El portavoz del PSOE se ha mostrado escandalizado, y el Gobierno ha ofrecido su ayuda… ¡su ayuda!... para que el Govern deje de actuar en contra de los derechos más elementales. Y esto, amigo lector, está pasando ahora mismo en España.

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