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Faro de Vigo

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Pedro de Silva.

El imparable ascenso de la semidemocracia

El gran proyecto de Occidente era extender la democracia a todo el mundo, y es verdad que lo intentó por diversos medios, bombas incluidas. Fracasado el intento, lo que ha ido surgiendo es un híbrido de democracia y dictadura en el que hay parlamento y votaciones que sirven solo para vestir el muñeco autoritario. El fraude electoral, la represión de la oposición, la persecución y amordazamiento de la prensa libre aprietan en un grado mayor o menor, según países, el sistema respiratorio de estas semidemocracias. La lista de países que se ha apuntado a este siniestro invento del siglo XXI es cada día más larga, y en casi todas las democracias verdaderas hay movimientos que de un modo u otro aspiran a reeditar la experiencia en el propio país. Se trata de una especie de fascismo blando al que hasta ahora no se ha dado carta de naturaleza: de hecho, todavía no tiene nombre.

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