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José María de Loma.

Un icono que ríe

Ha hay más redes sociales que ventanas. Abre una, niño. Twitter cumple 15 años y hay gente que no cumple ni una hora sin mirar Tiktok. Con tanta oferta y lío no falta quien usa Linkedin para ligar o cree que Clubhouse es un bar de mala nota. El algoritmo desganado de Facebook te muestra con insistencia la vida de los veinte mismos, que podrían cambiar ya de barbacoa y de gafas. Si cambian de cónyuge lo anuncian en un blog. Telegram, no que me enamoro. Yo también soy una red social. A veces incluso soy una red a secas. Y con ella trato de pescar un modo de vida. Soy una red social que emite una columna. Una red social o asocial que emite un saludo de buenos días, emociones, enfados, alegrías e interacciones. Me gusta. Parafraseando a Maquiavelo: hay quien olvida antes la muerte de su padre que una ofensa en una red social. Que vaya usted a saber el concepto de ofensa. No ha de ser explícita, puede ser no haber puesto me gusta a algo.

–Oiga, se le va a usted el artículo y no nombra a Instagram.

Las redes sociales están llenas de teóricos de las redes sociales. Bueno, y de fotos de pies. La primavera ha llegado y el cambio de hora está cercano. Se cotizan los atardeceres melancólicos. Cada red es un estado de ánimo. Puede ser un error abrir el Twitter en un momento de placidez y no conviene entrar en Instagram deprimido. Ni enfadado en Facebook, donde la mayor actividad de no pocos es entrenarse a fondo para no poner me gusta a nada. Ahí, ahí, con disciplina. No como voyeur complacido o paseante goloso. Más bien como silencioso castigador. Me gusta cuando callas, porque estás como en Facebook. El móvil es aquel lago de Narciso, por eso nos hacemos selfis. Las redes sociales nacen, crecen, se desarrollan y no sabemos si morirán algún día. Más bien moriremos nosotros mientras ellas engordan a base de usuarios, información y datos.

Diría un marxista: el dato es nuestro trabajo, nuestra plusvalía, que entregamos gratis a las empresas tecnológicas. La vida se ha complicado: de siempre, lo molesto era un vecino ruidoso o noctívago. Ahora además de soportarlo hay que aguantar igualmente a un troll. Lo interesante sería poder bloquear y no ver más al vecino y oír al troll solamente de noche. Claro que también estaría bien retuitear a una vecina que te guste. Es una y está casada. Pues vas y la retuiteas y ya hay dos. El siguiente paso sería ir a presentarse, pero lo hemos complicado: la intentaríamos agregar de amiga en una red. No somos nadie. A veces si acaso un icono en la inmensidad. Penoso pero riendo.

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