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Matías Vallés.

Al Azar

Matías Vallés

Expertos comprometidos

Junto a Sánchez o Casado aparecen en pantalla las siglas de sus partidos respectivos. Es una muestra de respeto al espectador, una matización del discurso no solo con visos de propaganda. Esta misma precisión superflua se produce cuando Zidane o Koeman disertan tras el partido. El escudo adjunto del club no indica que mientan, solo que están actuando. Frente a estas precisiones casi innecesarias, el ejército de expertos médicos que ha copado las pantallas no efectúa ninguna precisión sobre sus vínculos.

Los ilustres científicos que nos adoctrinan y regañan sobre la COVID ganarían crédito, si especificaran que “asistí a un congreso a todo tren de Pfizer, Moderna, Johnson o Sanofi, y he realizado trabajos para otros laboratorios”. Especificar estos mínimos conflictos de intereses ahorraría vergüenzas como el comportamiento informativo sobre la vacuna de AstraZeneca. Las indecisiones políticas al respecto han sido menos dañinas que el entusiasmo de algunos expertos, demasiado comprometidos en su defensa. Exigían con criterios científicos su ampliación a toda la población, el día antes de que fuera retirada preventivamente.

No es extraño que se hayan olvidado de reclamar la abolición de las patentes de vacunas, en coincidencia con los intereses de los laboratorios

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Las vacunas contra el coronavirus son un negocio cienmilmillonario. Sin embargo, sus valedores con pedigrí pretenden que se expresan sobre ellas desde el altar de la Ciencia, sin adherencias partidistas, sin contactos previos a desvelar sobre los beneficiarios de tamaña fortuna. Se les asigna una pureza virginal, debido a que la corrupción sería impensable en el área de la salud. Excepto en Alemania, donde dos destacados congresistas se forraron por intermediar la compra de material médico. No es extraño que tantos expertos se hayan olvidado de reclamar la abolición de las patentes de vacunas, en una casual coincidencia con los intereses de los laboratorios. Se alegará que la ciencia no debe contaminarse de política, pero si aceptamos aquí como árbitro a Orwell, “todos los asuntos son asuntos políticos”.

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