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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

Los servicios

A estas alturas, y ratificado lo visto, extraña sobremanera la resistencia de algunos referentes de la política gallega –y no solo de la banda izquierda: por la derecha también los hay– a reconocer que este Reino ha tenido suerte en el reparto posterior a la desaparición, aquí, de las cajas de ahorro. Del mismo modo que, con franqueza, se insista en calificar a la entidad sucesora, Abanca, como una empresa “venezolana”, olvidando su matriz galaica. Pero, sobre todo, los servicios que está prestando a la gran mayoría de sus clientes, muchos de ellos “cajeros de toda la vida”, y cuya permanencia resulta significativa.

Parece procedente, en este punto, un matiz. La opinión –personal, como siempre– que se expone no responde a otro criterio que el de la convicción en que, más allá del precio que pagó la entonces nueva firma, lo que Galicia consiguió fue mayor. Entre otras ventajas la permanencia de una proporción notable de puestos de trabajo, el mantenimiento de una atención prioritaria a necesidades de país y, de paso, un crecimiento sensato del tamaño, aquello por cierto que los detractores tanto identificaron con una fusión imposible en aquella circunstancia.

Ocurre que, además de esas, que no agotan el catálogo de ventajas, destacan otras –siempre desde una opinión particular, pero argumentada con datos medibles– el compromiso con el esqueleto socioeconómico gallego. Y su ampliación innovadora con el proyecto de universidad –y el megacampus de Vigo, tal como publicó este periódico– y la importante operación financiera que parece haber permitido la continuidad de algo que, como Pescanova, ha sido y es también una seña de identidad cuya pérdida habría supuesto un daño profundo para este Reino.

Eso aparte, existe una línea estratégica en la expansión de Abanca potencialmente espléndida para los intereses gallegos: su fuerte apuesta por el mercado lusitano. Si las relaciones comerciales entre Galicia y Portugal avanzan y la Xunta apuesta por captar inversiones “mirándose en el espejo” vecino, como anunció el señor Feijóo, el proceso de crecimiento allí –que podría incorporar, según acaba de publicar este periódico, el Novo Banco– es una gran baza para trabajar también en pro de objetivos comunes. Y a la ocasión la pintan calva, dice el refrán.

No serán fáciles esas tareas. Con respecto a la financiación de empresas y proyectos, por las circunstancias de dificultad general derivada del COVID-19. En cuanto a la universidad, es evidente que las críticas de algunos y la miopía de otros con respecto a todo lo que carezca del cartel de “público” plantea problemas; algunos, por cierto, ya denunciados sin timidez por la dirección bancaria. Pero ni la endogamia ni la falta de visión hacia lo que tiene un horizonte más largo deben constituir un impedimento, y menos todavía un fracaso para quienes pretenden innovar, y es la hora de aportar esos servicios a este país.

¿Eh...?

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