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Ceferino de Blas.

Cuando ganan los malos

¿Debe publicarse una noticia a sabiendas de que perjudica a un candidato en campaña y beneficia a su rival que es más perverso? La historia es verídica y relevante para la opinión pública, pero en cuanto se conozca hará que la suerte cambie de bando. En estas circunstancias ¿cuál es la decisión a adoptar?

En el mundo de las redes, y nada digamos de las fake news, lo que equivale a decir en el magma del antiperiodismo, las cuestiones de tipo ético no se plantean, pero sí en el periodismo serio. La ética y la deontología profesional no solo forman parte de la formación periodística, están para aplicarse.

Veamos un ejemplo práctico.

Una periodista publica una noticia del pasado sobre la candidata a la presidencia de una república exyugoslava, que llevaba clara ventaja en las encuestas sobre el otro candidato, y surte el efecto de que cambia la tendencia y pierde las elecciones.

La periodista, la más respetada del último diario independiente que queda en el país, era consciente de que si sacaba esa información influiría decisivamente en el resultado electoral, y haría perder a la candidata que las encuestas daban como ganadora.

Aún así decide hacerlo. Acude a verla para comunicarle que va a desvelar que hace años maltrató a su madre, que más tarde moriría, y le pregunta si desea aclarar algo o aportar algún argumento que lo justificase.

La candidata no lo desmintió, y se limitó a pedir que retrasase su salida a después del domingo, cuando se hubieran celebrado las votaciones. Era la forma de no facilitar la victoria al otro candidato, un ultranacionalista corrupto, criminal y sin escrúpulos.

Pero la misión del profesional era desvelar ese secreto, que contenía un expediente policial que había sido ocultado durante años, aunque su filtración tenía la clara intención de perjudicarla y beneficiar a su adversario.

Entre el dilema ético y profesional de publicar una noticia que los lectores tenían derecho a conocer, que perjudicaba a la candidata menos maligna y ayudaba al más perverso, la periodista optó por la opción profesional: dar a conocer la información.

El drama se consuma cuando, a pocas horas de cerrarse las urnas, y estando en un pañuelo el resultado, se descubre un suceso que de publicarlo la web podría revertir el resultado, y hacer ganadora a la candidata.

Por una casualidad la periodista se entera de que el jefe de campaña del candidato se había suicidado, y el aspirante a presidente había ocultado el suicidio, manteniendo el cadáver oculto en la propia casa del suicida.

Y entra en juego otro elemento de la profesión: el respeto al rigor. Por pruritos profesionales, al desconocer cuántos días llevaba muerto y desechar la hipótesis de que el candidato ocultaba el suicidio de su ayudante, el redactor jefe impidió que saliera la noticia en la web del periódico, mientras se celebraban las votaciones.

Y ganó el peor de los candidatos posibles, un auténtico miserable, que en su discurso victorioso proclamó todo lo contrario de lo que practicaba y exaltó todas las virtudes que vulneraba.

El país es Croacia, y la trama de este episodio aparece en una espléndida serie de televisión, que sorprendentemente no ha sido publicitada como merece. Se llama "The Paper", y se desarrolla en la hermosa y portuaria ciudad de Rijeka.

El autor del guion es un periodista con muchos años de oficio (Ivíca Dikic), y versa sobre el último periódico independiente y de prestigio del país, de nombre "Novine" ('El Periódico'), en el que los protagonistas son periodistas, políticos, la Iglesia, empresarios, la policía y los jueces.

Con excepciones en todos los estamentos, predominan los corruptos, en una Croacia todavía lacerada por una guerra que cumple treinta años y aún no ha restañado las heridas.

El guionista traza un panorama en el que son periodistas los únicos dispuestos a defender la verdad y la honradez, por más que se frustren cuando no consiguen publicar noticias que perturben el statu quo.

Aunque deja un cabo suelto. En ningún momento se plantea la incoherencia que supone llevar la profesionalidad a extremos de publicar una noticia filtrada con el único objetivo de producir un daño irreparable.

Es una lástima que esta serie de dos temporadas y 23 capítulos no haya sido traducida del croata, pero es tan intensa que merece la pena verla aunque sea con subtítulos. Engancha, y hace pensar.

El guionista quiso que ganaran los malos, mientras a los periodistas éticos -también los hay corruptos-, los sume en el desaliento y el escepticismo.

Quizá haya querido significar que ganan los malos cuando pierde el periodismo.

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