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Francisco García.

Billete de vuelta

Francisco García

Hasta la "kitchen"

Al PP se le ha colado por las cañerías de Génova podredumbre de las cloacas del Estado y le ha llegado el detrito hasta la cocina, hasta la "Kitchen", que es como llaman los finos de La Moraleja al habitáculo donde sus sirvientas les cocinan salmón con verduras orientales en el horno teppanyaki.

Casado, campeón inesperado del combate en el barro entre Sáenz de Santamaría y Cospedal, es todavía púgil de peso medio con el mentón de cristal al que le llueven guantazos por todos los flancos: crochet de izquierda de Sánchez y gancho de derecha de Abascal. Pero duelen más los golpes al bajo vientre que proceden del propio rincón, que son los que llevan herradura en el guante. Algunos dentro de su partido quieren al presidente de los populares contra las cuerdas. Y están dispuestos a acercarle la toalla para que se baje del ring, y que el combate por el título lo dispute un fajador con más peso. Tal que Feijóo.

El comisario Villarejo, de cuyas botas quedan pisadas delatoras en todos los fangos, no se ha distinguido por su originalidad a la hora de idear motes para sus espiados de tantos sumarios abiertos desde Gürtel. Cada alias es una oda a lo cutre y a la mugre. Que Rajoy sea "El Barbas" resulta tan obvio como que Iglesias pase por "El Coletas". También le podían haber llamado "Manguitos", por esa pinta de estricto oficinista sin una arruga en el traje; o "El Tetera", teniendo en cuenta que por el riego sanguíneo del gallego solo corre tila. Todos los apodos policiales tienen un sentido, aunque algunos suenan a chiste. El empresario marido de Dolores de Cospedal, también en el ajo, es "Polla de Hierro". Mejor no preguntar por el origen de ese apelativo, entre el cine porno y el Pressing Catch.

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