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Santiago Lago Peñas.

La buena información cuesta dinero

Los medios de comunicación y, en particular, los periódicos llevan años en una fase de crisis y tránsito. La digitalización ha alterado la forma en la que la gente se informa. Por un lado, el papel pierde terreno respecto a otros formatos; lo que de paso ha arrastrado a multitud de kioscos al cierre. Por otro, los lectores cambian sus preferencias. Se reduce su disposición al pago, se escapa de diarios online que exijan un desembolso, se acepta como fuente de información lo que se publica en redes sociales y aumenta el pirateo de periódicos. Todo esto no es nuevo, pero la pandemia lo ha exagerado hasta el extremo.

Huimos del papel, aunque no exista un riesgo significativo de contagio, accedemos a copias perfectas (e ilegales) de los principales diarios españoles y extranjeros en formato pdf, nos enganchamos a redes sociales que no dejan de vomitar bulos e informaciones no contrastadas y filtradas por periodistas profesionales. En paralelo, los ingresos por publicidad se hunden en el confinamiento, las suscripciones de bares y cafeterías pierden sentido? pero pedimos más que nunca estar bien informados de lo que pasa en nuestra ciudad, comunidad autónoma, España y el mundo.

Todo lo anterior forma un cóctel explosivo que deviene en ERTE y ajustes de personal en radios y periódicos, lo que inevitablemente acaba teniendo efectos negativos sobre la calidad de la información.

Basta ya. Una sociedad necesita medios de comunicación serios y solventes, con los recursos necesarios para hacer periodismo de calidad, para tener espacios en los que opinar y debatir desde la razón, que garanticen el pluralismo y la vigilancia de lo que pasa en el espacio común. Ese ecosistema de medios de calidad es algo que debemos de garantizar, desde la esfera privada e individual y desde la colectiva.

En lo individual, rechazando de plano el pirateo de diarios y asumiendo que las cuotas que exigen hoy la mayoría de los diarios por acceder a la información son la quinta parte de lo que pagábamos ayer por el diario en papel. Tenemos que reservar una parte del presupuesto para acceder a una información que es tan importante o más que gastarse dinero en ropa bonita o ir a tomar unas cañas.

En lo colectivo, reforzando la financiación pública de los medios de comunicación que hacen información de calidad respetando códigos éticos y deontológicos del periodismo. Porque son un bien público que hoy no estamos financiando como deberíamos. Se imaginan ustedes que mañana no saliese ningún periódico y desapareciesen los informativos en las radios. Inquietante, ¿verdad? Pues a eso me refiero. Por supuesto, esa financiación debe ser transparente y repartirse en función de parámetros objetivos y ciertos, para evitar la tentación de control de los medios por parte de los Gobiernos y garantizar el necesario pluralismo político.

Los medios de comunicación necesitan más recursos públicos, no menos.

*Director de GEN (Universidad de Vigo)

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