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¡Aguantemos una marea!

Trece días confinados en nuestros pisos y casas; nos parecen una eternidad, las circunstancias lo requieren, debemos quedarnos en casa.

Seguro que nuestros pescadores piensan que las cosas en la vida son relativas; trece, quince, o incluso veinticinco días, esos periodos de aislamiento que se nos antojan interminables, son "mareas cortas" para nuestros gransoleros y trocitos de los 3 ó 4 meses que duran las de los congeladores de gran altura, unos y otros, sumados a la esforzada pesca de bajura, suministrando siempre la proteína más sana, fresca y salvaje que ofrece la mar.

¡Qué poco se suele valorar ese trabajo! Quizás ahora, desde esta nueva experiencia de semanas en nuestras viviendas, apreciemos mejor el sacrificio y esfuerzo de nuestros pescadores, de los primeros en dar un paso al frente para mantener el abastecimiento en momentos cruciales; quizás las administraciones y gobiernos comprendan mejor lo que implica esta actividad, y unos y otros, cada vez que compremos pescado, o cuando ahora el tiempo en casa nos pese, recordemos a todos nuestros pescadores, sus días, semanas y meses en los barcos para traernos el sano producto marino, ese maná que debería además alcanzar rango de alimento básico.

Ellos lo saben, desde las costas de nuestras Rías, desde el Gran Sol, desde mares lejanas, desde todos los océanos, nos envían mensajes reconfortantes, "sed un pouco mariñeiros" nos aconsejan, recordándonos que como ellos en sus pesqueros, tengamos paciencia y nos quedemos en nuestras casas, porque solo así, ¡al final la singladura tendrá éxito y también nuestra marea será buena!

*Gerente adjunto de ARVI

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