29 de marzo de 2020
29.03.2020
Faro de Vigo
Nuestro mundo es el mundo

E Confinados y sin liderazgo

Ante la crisis más grave, no hay líderes internacionales como Kennedy, Willy Brandt, Gorbachov u Obama

29.03.2020 | 03:48

En la portada del "Economist", el semanario británico que vende más en el mundo que en su país, se ve el globo terráqueo rodeado solo por una cinta de papel con una palabra: "closed". Sí, estamos confinados ante una gran hecatombe. Pero lo peor es que no hay liderazgo.

En 1960 John F. Kennedy, presidente de la primera potencia económica y militar, propuso a los americanos -y al mundo- una "nueva frontera". Luego, en Europa Willy Brand y Helmut Schmidt trazaron las líneas de una pragmática socialdemocracia que combinaba estado y mercado. Y en el campo conservador hubo figuras como el general De Gaulle -el nacionalista francés que pactó la independencia de Argelia- y Margaret Thatcher, una ultraliberal de fuerte personalidad. Y en América Henry Kissinger, con su "realpolitik" que sacó a China del aislamiento, y Ronald Reagan ("el Estado es el problema, no la solución") dejaron su huella.

Más tarde Gorbachov consintió y levantó acta del fin de las dictaduras comunistas. Y Helmut Kohl y Mitterrand pactaron el euro y la unificación de Alemania. Obama no fue sólo el primer presidente de color, sino que superó la crisis del 2008. Y en Europa el pacto tácito entre la pragmática Merkel y Mario Draghi funcionó. El BCE salvó el proyecto europeo al sobreponerse a la ortodoxia del Bundesbank.

El problema es que hoy -en un momento crucial- no tenemos líderes con fuerza que inspiren confianza. Xi Peng es el jefe de un país con grandes éxitos económicos pero sometido a la dictadura de un partido que encarcela a los disidentes y prohíbe los sindicatos.

Y Donald Trump, el sucesor de Obama, ha decidido romper con la política americana posterior a 1945 y cree que el unilateralismo -el "America First"- lo es todo. El resto del mundo debe someterse a los caprichos de sus tuits o j? Quien hace poco juraba que el coronavirus era un invento de sus enemigos y que tiene culpa de que los Estados Unidos sean hoy el país con más infectados, no es líder de nada. No sabemos si Joe Biden, si le derrota, lo será.

Pero Trump intuye que su personalismo nacionalista será arrollado en las presidenciales de noviembre si el paro es entonces la gran maldición. Por eso -quién te ha visto y quién te ve- ha pactado un programa keynesiano de nada menos que dos billones de dólares -el mayor de la historia americana-, con los demócratas. El programa ya ha sido votado por unanimidad por el Senado y prevé ayudas a las empresas, a los hospitales, a las familias y a los nuevos parados que ya alcanzan el récord de 3,3 millones en una sola semana. Un directivo de la Reserva Federal calcula que el paro -3,5% en febrero- puede subir al 30%.

Y el presidente de la Reserva Federal ha prometido "dinero ilimitado" para comprar todo lo que haga falta y evitar el colapso. Los mercados, cautelosos, han tomado nota. El reaccionario Trump está, en la práctica, tragando la idea de Mario Draghi: "El déficit y la deuda aumentarán, pero la alternativa -la destrucción de la capacidad productiva y por tanto de la base fiscal- sería mucho más dañina y haría aumentar la deuda todavía más".

América, sin líder, ha reaccionado. ¿Y Europa? Los recelos nacionalistas han impedido crear un estado federal. Europa ni tiene presidente, ni parlamento soberano ni es un Estado. El presidente del Consejo Europeo y la presidenta de la Comisión tienen voluntad, pero no disponen de los mecanismos de un estado.

Boris Johnson se ha ido. Macron está maniatado por las protestas. Italia está prisionera de sus fracasos y Pedro Sánchez cuenta por socialdemócrata, pero España es solo la cuarta economía de la UE.

Europa no es un estado. Por eso no puede reaccionar como Estados Unidos. Los egoísmos nacionales mandan. Pero la autoflagelación y el echar la culpa a los otros (a los países austeros o a los pedigüeños del sur) son estériles. La calculadora Merkel, aunque de retirada, todavía está viva. Y también está el BCE, la única institución supranacional con poder de la UE. Y el BCE de Christine Lagarde, con sus nuevos 750.000 millones para comprar deuda de los estados con problemas, ya ha dicho que actuará como en el 2012 y ha logrado en pocos días rebajar los intereses que paga Italia. Los ortodoxos tampoco logran imponerse.

No soñemos con libros de caballerías. Hoy por hoy y a corto no habrá plan Marshall. Europa no es una federación y los países ricos (egoístas) no quieren unir su deuda a la de los menos ricos. Merkel puede tejer un apaño y Lagarde comprar deuda italiana y española. Es lo que hay. Dos mujeres. Como en la gran película italiana de Sofía Loren.

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