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Sobre la teoría particular de la relatividad del olivo de Marcelo Macías

Parece ser que, después de tantos años de su frívola plantación, hay quien puede llegar a preguntarse por qué el olivo de Marcelo Macías se muere y, sin embargo, se ha echado en falta todo este tiempo a efectivos compuestos de grandes ingenieros, masters de la opinión pública y los típicos pluriopinadores en general, que no se hayan extrañado de que haya durado tanto tiempo.

Todos sabemos quién lo plantó y todos sabemos quién levantó, casi al mismo tiempo, eso que en su día en Auria TV, Rafael Cachafeiro y yo, dimos en llamar el Jardín NO Botánico de Montealegre, todo emana del mismo patrimonio genético que heredamos de aquel Plan E que hacía llover el Maná que alimentaba al pueblo hebreo, no en sus 40 años de éxodo por el desierto, sino en los 4 de legislatura que duró el dispendio.

Una de las máximas en neurología pedagógica es que el aprendizaje por propio descubrimiento no se olvida jamás, por ello, planteo a los "técnicos" "competentes", a los políticos responsables y a los desdichados ciudadanos que lo costean todo sin rechistar (porque no pueden) la siguiente cuestión: ¿Alguien imagina a un armario de dos puertas llamado Lebron James (jugador de la NBA con 2'06 metros de altura y 113 kg de peso) manteniéndose al día con las 400 calorías de un Donuts o, incluso, con las 500 de uno de chocolate? Pues eso mismo, una o dos toneladas de biomasa que se han formado naturalmente a lo largo de varios cientos de años, no pueden sobrevivir con un máximo de 10 ó 20 kg de superficie fotosintética (hojas), sólo porque se le ocurre a uno o a varios viveristas sin escrúpulos, igual que cuando algunos veterinarios le recortaban las orejas a un perro para darle más fiereza siguiendo el criterio del propietario que pagaba la cirugía.

No conozco el dato equivalente en plan de estudios para transferir a la ESO, que es del último que tengo noticias, pero nosotros en 7º de EGB ya sabíamos que las plantas crecían porque la energía solar captada por los cloroplastos del haz y el envés del limbo foliar procesaba de forma inexplicable (todavía hoy en la carrera espacial) la savia con sales minerales que ascendía y descendía por el floema y el xilema, gracias a la presión de la raíz, mientras por medio de estos complejísimos procesos, la gestión de los gases eliminaba por los estomas mucho más oxígeno que el dióxido de carbono residual, formando carbohidratos, la molécula orgánica más abundante sobre la tierra. Simplemente por eso existe la vida, también la inteligente.

Quítele usted las raíces y tendrá un bonsái, riega que te riega, el cual, lógicamente, tendrá que cuidar más que a la Gioconda en El Louvre, pero quítele usted las hojas y, por consiguiente, tendrá un cadáver. Una planta es un ser y Le Corbusier un arquitecto.

(*) Director del Centro para la Reproducción de Especies Amenazadas, C.R.E.A. Félix Rodríguez de la Fuente de Ourense

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