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José Manuel Ponte

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José Manuel Ponte

Indignación y contrasentidos

Los sucesos de Cataluña indignan a mucha gente a este lado del Ebro. Sobre todo a algunos escritores cuya lectura frecuento. Los que somos mejores lectores que escritores sabemos por experiencia que la indignación ( la "santa indignación", que suele decirse) mejora mucho la prosa de los literatos, la hace más apetecible y en cierto sentido sirve de estímulo a la imaginación, que es su principal herramienta de trabajo.

Estos días, a propósito del contencioso catalán, he leído con mucho gusto dos artículos muy divertidos bajo la firma, respectivamente, de Julián Marías y de Antonio Muñoz Molina. El primero de ellos no deja títere con cabeza al aludir a los políticos que protagonizan la campaña electoral que concluye el domingo próximo.En su opinión, el PSOE de Sánchez es un partido "entontecido y fofo"cuya mayor hazaña desde la moción de censura a Rajoy en 2018 fue el traslado de una momia cuyo destino le trae al fresco a la mayoría de la población

Y no sale mejor librado el PP y su líder, Pablo Casado, un discípulo de Aznar que se hizo más derechista de lo que ya lo era Rajoy cosechando los peores resultados de su historia. Ni tampoco Albert Rivera, el hombre que le disputa la hegemonía de la derecha, al que le pronostica pasar a la historia como "uno de los políticos más tontos del siglo" junto con Artur Mas, un "bobo nocivo" al que culpa de haber nombrado como sucesor suyo a Carles Puigdemont, el cual a su vez nombró como sucesor a Quim Torra antes de fugarse. "Es decir, un bobo nocivo nombró a un bobo nocivo mayor, y este a otro bobo perjudicial aún mayor". (Una sucesión de absurdos comparable a los tiempos de los emperadores romanos más trastornados). Y no salen mejor retratados los dirigentes de Podemos y de Vox. El primero de los partidos está dirigido por una "pareja narcisista" como lo fueron en el pasado populista Juan Domingo Perón y Evita. Y el segundo es solo una "caricatura acartonada del franquismo" que solo puede interesar a nostálgicos y masoquistas.

Por lo que respecta al artículo de Muñoz Molina ("Puedes tenerlo todo"), hay que resaltar que la indignación viene matizada por el humorismo. Según el escritor andaluz, "el único sitio del mundo donde el edén virtual se ha cumplido,aparte de en los anuncios, es en Cataluña. Solo allí es posible disfrutar al mismo tiempo de una cosa y de su contraria, elegir algo y seguir teniendo algo más. Se puede presidir el Gobierno establecido y al mismo tiempo ponerse a la cabeza de una sublevación, todo eso cobrando un sueldo que es el doble del que cobra el presidente del Gobierno opresor". Acto seguido Muñoz Molina hace una relación de conductas que deberían ser incompatibles para mentalidades que no estén sujetas a alguna suerte de alucinación colectiva. Como por ejemplo, "repetir esa consigna escalofriante, 'las calles serán siempre nuestras' y al mismo tiempo considerarse víctima de unas 'fuerzas de ocupación' uniendo así la jactancia del que manda con la dignidad moral del ofendido".

La relación de contrasentidos es larga y con el paso del tiempo dará lugar a sesudos estudios sociológicos. Aunque el fenómeno no debería sorprendernos. En 1986, un estupendo escritor, Eduardo Mendoza, publicó un libro titulado La ciudad de los prodigios.

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